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Intel: los resultados que pueden agrietar su sueño de resurrección con la IA

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Intel: los resultados que pueden agrietar su sueño de resurrección con la IA

Las próximas cuentas de Intel pondrán a prueba si su apuesta por la inteligencia artificial es sólida o esconde una fractura peligrosa. El mercado teme que el negocio tradicional siga lastrando la remontada.

Intel se juega mucho más que unos números trimestrales. La compañía lleva meses intentando convencer al mercado de que su giro hacia la inteligencia artificial es real y rentable, pero los inversores empiezan a mirar con lupa la letra pequeña. Este jueves, cuando presente resultados, todas las miradas estarán puestas en si el crecimiento de sus chips para IA compensa el agujero que deja su negocio más clásico.

El problema de fondo es que Intel llega tarde a la fiesta de la IA. Mientras NVIDIA se ha disparado vendiendo palas en la fiebre del oro de los centros de datos, Intel ha tenido que conformarse con recoger migajas. Su nueva línea de procesadores Gaudi, diseñada para competir en el entrenamiento de modelos de inteligencia artificial, aún no ha demostrado que pueda robar cuota de mercado significativa. Y mientras tanto, su división de fabricación de chips (Intel Foundry) sigue quemando caja a un ritmo que asusta.

Los analistas esperan que los ingresos totales ronden los 13.000 millones de dólares, prácticamente planos respecto al año pasado. Pero la clave no está en la cifra global, sino en cómo se reparte. Si el segmento de centros de datos y IA (DCAI) no muestra un crecimiento de doble dígito, el mercado podría castigar con dureza a la acción. Sobre todo porque los márgenes siguen bajo presión: fabricar chips punteros es caro, y los recortes de gastos anunciados el año pasado aún no se han traducido en beneficios visibles.

Además, hay un elefante en la sala: la competencia no se queda quieta. AMD también está arañando terreno en el mercado de servidores con sus procesadores EPYC, y los grandes clientes como Amazon o Google cada vez diseñan más sus propios chips a medida. Intel necesita demostrar que su tecnología de fabricación 18A, prevista para 2025, va en serio y que puede recuperar el liderazgo perdido frente a TSMC. Si el CEO Pat Gelsinger no da señales claras de que los hitos se están cumpliendo, la desconfianza puede dispararse.

En definitiva, estos resultados son una prueba de fuego. No se trata solo de si Intel gana o pierde dinero este trimestre, sino de si su estrategia a largo plazo tiene sentido. Los inversores quieren ver que la apuesta por la IA no es un espejismo y que la compañía puede financiar su transformación sin ahogarse en deudas. Cualquier grieta en esa narrativa podría abrir una brecha importante en la cotización.

El análisis de Salseo

  • La verdadera fractura no es la IA, sino la falta de rentabilidad del negocio de fabricación (Foundry). Aunque Intel venda más chips para inteligencia artificial, si su división de fundición sigue perdiendo miles de millones, el mercado dudará de que el modelo sea viable a largo plazo.
  • El crecimiento en centros de datos es imprescindible, pero el listón está muy alto. Para que la acción reaccione al alza, Intel no solo debe batir expectativas en ingresos por IA, sino también mostrar que esos contratos no son puntuales y que los márgenes mejoran trimestre a trimestre.
  • La competencia no es solo NVIDIA o AMD: los propios clientes de Intel (Amazon, Microsoft, Google) están diseñando sus chips. Esto reduce el pastel potencial para Intel y pone más presión sobre su capacidad de ejecución. Si la tecnología 18A se retrasa, el daño reputacional puede ser irreversible.
  • El mercado suele sobrerreaccionar a las narrativas de cambio de ciclo. Si los resultados son flojos pero el guidance (previsión) para el próximo trimestre es sólido, podríamos ver una caída inicial seguida de una recuperación rápida. Lo importante no es el ruido del día, sino si Gelsinger logra mantener la confianza en el plan a cinco años.

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Fuente: Invezz