Intel se debate entre la fiebre de la IA y un mercado de PC que no arranca

Las acciones de Intel han caído un 25% desde máximos de junio, pero siguen brillando en 2026. La clave está en si la demanda de chips para inteligencia artificial compensa la debilidad del negocio tradicional de ordenadores.
Intel llega a su próxima cita con los resultados con las cartas sobre la mesa y los inversores divididos. Por un lado, la compañía se ha subido a la ola de la inteligencia artificial con una demanda que no da tregua, especialmente en centros de datos. Por otro, su negocio más clásico —los procesadores para ordenadores personales— sigue sin levantar cabeza, lastrado por un mercado que no termina de recuperar el pulso tras el bajón postpandemia.
La acción de Intel ha vivido un 2026 de fuertes contrastes. Aunque acumula una subida notable en lo que va de año, el último tramo ha sido más amargo: desde los máximos de junio, el valor se ha dejado un 25%. Este castigo refleja las dudas del mercado sobre si la euforia por la IA es suficiente para tapar los agujeros en otras divisiones, sobre todo cuando los rivales como Nvidia y AMD aprietan con fuerza en el mismo terreno.
El contexto no ayuda. Las ventas de PC a nivel mundial siguen siendo flojas, y los fabricantes arrastran excesos de inventario que tardan en digerirse. Intel depende en buena medida de este segmento, así que cualquier señal de debilidad aquí pesa en las cuentas. Mientras tanto, la división de centros de datos y soluciones de IA se ha convertido en el motor que tira del carro, pero aún está por ver si su crecimiento es suficiente para compensar el freno en el resto del negocio.
Los analistas estarán muy atentos a las previsiones que dé la compañía para los próximos trimestres. Cualquier pista sobre una recuperación del mercado de PC o sobre nuevos contratos importantes en IA podría mover la acción de forma significativa. También será clave ver cómo evolucionan los márgenes, ya que la apuesta por la inteligencia artificial exige inversiones millonarias que pueden presionar la rentabilidad a corto plazo.
En definitiva, Intel se enfrenta a un examen que va más allá de las cifras trimestrales. Lo que está en juego es la credibilidad de su estrategia para no quedarse atrás en la revolución de la IA sin descuidar su negocio tradicional. El mercado ya ha emitido un veredicto parcial con esa caída del 25%, pero la última palabra la tendrán los números y, sobre todo, las expectativas que la propia compañía dibuje para lo que queda de año.
El análisis de Salseo
- La caída del 25% desde junio no es una señal de pánico, sino un ajuste de expectativas: el mercado ya descuenta que el tirón de la IA no será suficiente para compensar la debilidad del PC a corto plazo, pero mantiene la confianza en la tendencia anual.
- El verdadero termómetro no serán los ingresos pasados, sino las previsiones: si Intel eleva sus guías gracias a la IA, la acción podría recuperarse rápido; si recorta por el lado del PC, el castigo podría prolongarse.
- Hay que vigilar de cerca la evolución de los márgenes: la inversión necesaria para competir en IA es brutal y puede erosionar la rentabilidad, lo que pondría más presión sobre un negocio de PC que ya no es el motor de crecimiento que fue.