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Los inversores dieron a Zuckerberg y Meta por acabados; ahora vuelven a mirarla

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Los inversores dieron a Zuckerberg y Meta por acabados; ahora vuelven a mirarla

El analista Dan Ives, de Yorkville Ives, repasa en CNBC cómo Meta ha pasado de ser la acción castigada por el mercado a estar otra vez en el punto de mira, con la inteligencia artificial y su agente Muse como bandera.

Meta ha vuelto a ser una de esas historias que el mercado quiere escuchar. El analista Dan Ives, senior managing director de la firma Yorkville Ives, ha pasado por el programa 'The Exchange' de CNBC para subrayar precisamente eso: que los inversores llegaron a descontar a Mark Zuckerberg y a su compañía, como si el negocio estuviera agotado, y que ahora la miran de otra manera, con la acción disparada. En su intervención, Ives puso el foco en la inteligencia artificial y, en concreto, en Muse, el agente de IA de Meta al que se refirió como una de las piezas que sostienen este cambio de ánimo en el parqué.

Para entender el giro hay que mirar atrás. No hace tanto, Meta era el ejemplo de compañía a la que el mercado le había retirado la confianza: sus enormes inversiones en el metaverso se leían como un pozo sin fondo, un gasto que no se traducía en ingresos y que pesaba sobre la cotización. Aquella etapa dejó una idea instalada: la de un Zuckerberg empeñado en un proyecto que nadie más parecía querer pagar. Lo que ha cambiado no es tanto el volumen de gasto como la etiqueta que cuelga de él. El dinero sigue saliendo, pero ahora va a parar a la inteligencia artificial, y eso el mercado lo interpreta como inversión de futuro en lugar de capricho.

El detalle de Muse tampoco es menor. Los agentes de IA son un paso más allá de los asistentes que se limitan a responder preguntas: la idea es que sean capaces de ejecutar tareas, encadenar acciones y trabajar de forma más autónoma dentro de las aplicaciones. Para Meta, cuyo negocio principal sigue siendo la publicidad, eso importa por una razón muy terrenal: cuanto más tiempo pasa un usuario dentro de sus apps y más cosas resuelve ahí, más inventario publicitario hay que vender y mejor se puede cobrar por él. Es la vía por la que la IA deja de ser un titular bonito y se convierte, si funciona, en dinero contante y sonante.

Con todo, conviene separar el ruido del dato. La intervención de Ives es opinión de un analista muy escuchado, no un resultado ni una cifra nueva de la compañía, así que su capacidad de mover una tesis de inversión a largo plazo es limitada: mueve el ánimo del mercado, no los números. Y también deja una lectura incómoda: que una compañía pase de ser enterrada a ser aplaudida en cuestión de meses demuestra lo rápido que cambian las narrativas, para bien y para mal. Meta está cotizada y sigue siendo una de las grandes tecnológicas de referencia, así que lo que pase con su apuesta por la IA y con el gasto que la acompaña tendrá eco en todo el sector.

El análisis de Salseo

  • Lo que ha cambiado en Meta no es cuánto gasta, sino en qué se lo gasta. El mismo Zuckerberg que era señal de alarma cuando hablaba del metaverso ahora genera entusiasmo cuando habla de IA: el mercado no premia el gasto, premia creer que ese gasto acabará en ingresos.
  • Muse apunta a un cambio de fase en la IA: de asistentes que responden a agentes que hacen cosas. Para Meta, que vive de la publicidad, el negocio real está en que esos agentes retengan más tiempo al usuario dentro de sus aplicaciones, porque más tiempo se traduce en más anuncios colocados y mejor precio por ellos.
  • La señal concreta a vigilar no es lo que diga un analista en televisión, sino la próxima presentación de resultados: cuánto sube el gasto en infraestructura de IA y si la compañía empieza a dar pistas de cómo eso se convierte en ingresos. Si el gasto crece y los ingresos no acompañan, la paciencia del mercado se acorta rápido.
  • La lectura contraria es la de siempre en tecnología: que el mercado aplauda hoy lo que ayer castigaba demuestra lo frágil de estas narrativas. Un analista muy escuchado puede animar la cotización a corto plazo, pero no cambia los fundamentales de una compañía que sigue dependiendo, de momento, de la publicidad.

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