IonQ o Rigetti: un inversor elige una acción cuántica y huye de la otra

Un análisis enfrenta a dos pesos pesados de la computación cuántica: apuesta por IonQ por su plataforma completa y crecimiento, mientras recomienda vender Rigetti por retrasos, baja facturación y una valoración excesiva.
La computación cuántica sigue siendo una de esas tecnologías que prometen cambiarlo todo, pero que todavía están en pañales. Para los inversores, esto significa montaña rusa: las acciones de empresas como IonQ y Rigetti Computing se mueven más por titulares y expectativas que por resultados concretos. Ambas han vivido subidas y bajadas brutales, a menudo provocadas por anuncios de grandes tecnológicas, nuevas rondas de financiación pública o cambios en el apetito por el riesgo. Con la adopción comercial aún en fase muy temprana y los beneficios serios a años vista, el mercado suele ir por delante de la realidad de los negocios.
En este contexto, la inversora Melissa Tucker ha puesto las cartas sobre la mesa: para ella, IonQ es una clara apuesta de compra, mientras que Rigetti merece una venta. Su análisis no es una mera corazonada, sino que se basa en métricas y en el momento operativo de cada compañía. Tucker reconoce que Rigetti tiene puntos fuertes, como el lanzamiento de su sistema de 108 cúbits —el más potente de su catálogo—, accesible a través de plataformas como Amazon Braket y Microsoft Azure Quantum, y una posición financiera saneada, con 569 millones de dólares en liquidez y cero deuda al cierre del último trimestre.
Sin embargo, la inversora ve más sombras que luces. Señala que el sistema 108Q ya ha sufrido retrasos, y que la tecnología de cúbits superconductores de Rigetti requiere enfriar los procesadores a temperaturas cercanas al cero absoluto, lo que complica y encarece el escalado. Además, aunque la caja es amplia, la empresa quemó 20 millones de dólares en el último trimestre y sus contratos más relevantes, como Novera y C-DAC, parecen más bien ingresos puntuales que recurrentes. Pero lo que realmente le preocupa es la valoración: con un ratio precio/ventas de 150 veces, Rigetti cotiza a un múltiplo que solo se justificaría con un crecimiento de ingresos y un éxito tecnológico que Tucker no ve cercano. Su conclusión es tajante: "Creo que la empresa perderá su valoración premium con el tiempo y cotizará más cerca de sus pares".
En el otro lado del ring, IonQ sale mucho mejor parada. Tucker destaca que la compañía no solo genera entusiasmo, sino que lo respalda con avances operativos reales. En el primer trimestre, IonQ facturó 64,7 millones de dólares, un 755% más que el año anterior, y vendió su primer sistema de sexta generación con 256 cúbits basado en chips. Para la inversora, IonQ tiene "una clara ventaja en la carrera por escalar", ya que es la única plataforma cuántica de pila completa que abarca cibernética, redes y detección. Su fortaleza financiera también es contundente: 3.100 millones de dólares en efectivo y sin deuda bancaria, lo que le da cuerda de sobra para seguir invirtiendo en I+D y adquisiciones. Con un ratio precio/ventas de 72 veces —por debajo de la media del sector—, Tucker ve margen para el optimismo y le asigna un consejo de compra.
El consenso de Wall Street es más benévolo con Rigetti de lo que es Tucker: los analistas le dan un consejo de 'compra moderada' y un precio objetivo medio de 30,71 dólares, lo que implicaría una subida del 86% desde los niveles actuales. Para IonQ, el respaldo es aún mayor, con un consejo de 'compra fuerte' y un precio objetivo de 69,31 dólares, un 62% de potencial alcista. Aun así, la advertencia de Tucker resuena: en un sector donde las valoraciones se disparan con el hype, distinguir entre promesas y realidades puede marcar la diferencia entre ganar y perder dinero.
El análisis de Salseo
- La clave del análisis no está en quién tiene más cúbits, sino en quién puede convertir la tecnología en ingresos recurrentes y escalables. IonQ ya muestra un crecimiento de ventas explosivo y una plataforma diversificada, mientras Rigetti depende de contratos puntuales y sufre retrasos en su producto estrella.
- La valoración es el gran punto ciego de Rigetti: cotizar a 150 veces ventas cuando aún quemas caja y no tienes un camino claro hacia la rentabilidad es un riesgo enorme. Si el mercado pierde la paciencia, la corrección puede ser dolorosa, incluso aunque la empresa tenga buena liquidez a corto plazo.
- El respaldo de Wall Street a Rigetti es más optimista que el de Tucker, lo que sugiere que el consenso aún confía en que la empresa supere sus problemas técnicos. Para el inversor particular, esto implica que la acción podría tener recorrido si se materializan avances, pero el margen de error es muy estrecho.
- Más allá de la rivalidad entre IonQ y Rigetti, esta noticia refleja una dinámica sectorial: el mercado está empezando a separar el grano de la paja en computación cuántica. Quien no demuestre avances concretos en ingresos y escalabilidad se quedará atrás, por mucho que la tecnología sea prometedora.