Regulación

Irlanda multa a Google con 403 millones por el uso de datos de ubicación

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Irlanda multa a Google con 403 millones por el uso de datos de ubicación

El regulador irlandés de protección de datos sanciona a Google con 403 millones de euros (unos 463 millones de dólares) tras una investigación sobre cómo trata la ubicación de sus usuarios. Para las cuentas de Alphabet la cifra es menor, pero refuerza el cerco regulatorio sobre su negocio publicitario.

El regulador de protección de datos de Irlanda ha multado a Google, la filial principal de Alphabet, con 403 millones de euros (unos 463 millones de dólares) después de una investigación sobre cómo la compañía procesa los datos de ubicación de sus usuarios. El organismo, la Comisión de Protección de Datos (DPC), dio a conocer la sanción mediante un comunicado, poniendo fin a una pesquisa que se había prolongado durante meses.

El detalle de quién multa importa más de lo que parece. Irlanda se ha convertido en el árbitro de referencia para las grandes tecnológicas en Europa porque muchas tienen su sede europea en Dublín, y el reglamento europeo de protección de datos (el famoso GDPR) permite que sea la autoridad del país donde está la sede la que lleve el caso principal. Es decir: lo que decide Irlanda vale, en la práctica, para todo el mercado comunitario. Eso concentra un poder enorme en un solo supervisor, algo que Bruselas y otras autoridades nacionales llevan tiempo mirando con recelo por considerarlo, en ocasiones, demasiado benévolo con las compañías.

El asunto de fondo es la ubicación, uno de los datos más sensibles y a la vez más rentables que maneja Google. Saber dónde está el usuario y por dónde se mueve permite mejorar mapas, recomendaciones y búsquedas, pero sobre todo alimenta la publicidad segmentada, el verdadero motor de ingresos de la compañía. Los reguladores europeos llevan años examinando con lupa si el consentimiento que se pide al usuario es realmente libre e informado, si la información que se da es lo bastante clara y si resulta demasiado complicado desactivar el rastreo. Esa es la frontera que se está discutiendo, más allá del importe concreto de la multa.

En lo financiero, el golpe es limitado: 403 millones de euros son una cantidad relevante en términos absolutos, pero muy pequeña frente al tamaño de Alphabet, cuyos ingresos trimestrales se cuentan por decenas de miles de millones. Para el inversor, por tanto, lo importante no es el pago en sí, sino lo que la resolución implica de cara al futuro: si obliga a Google a cambiar cómo pide el consentimiento o cómo usa la ubicación, y si la compañía decide recurrir la decisión, algo que retrasaría cualquier cambio obligatorio.

La noticia se suma a un clima de escrutinio creciente sobre las grandes plataformas digitales en Europa, donde las multas por privacidad, las nuevas normas de competencia y las reglas sobre inteligencia artificial se acumulan en la agenda de las mismas empresas. Para Google, el riesgo no es tanto el recibo como la posibilidad de que cada resolución vaya estrechando el margen de maniobra de su negocio publicitario.

El análisis de Salseo

  • En términos de caja, la multa es casi calderilla: 403 millones de euros apenas se notan en las cuentas de una compañía que factura decenas de miles de millones cada trimestre. El daño real es regulatorio, porque sienta precedente sobre cómo se puede usar la ubicación del usuario para segmentar publicidad.
  • La ubicación es una de las señales más valiosas para el negocio publicitario de Google. Si los reguladores aprietan en el consentimiento y en lo fácil que es desactivar el rastreo, la compañía tendrá que rediseñar productos y podría perder precisión —y por tanto valor— en sus anuncios.
  • Irlanda actúa como autoridad principal de Google en la Unión Europea por tener allí su sede europea, así que su decisión vale prácticamente para todo el mercado comunitario. Eso concentra el poder en un solo supervisor, algo que Bruselas y otras autoridades critican desde hace tiempo por considerarlo demasiado laxo.
  • Lo que hay que vigilar: si Google recurre la multa, lo que retrasaría el pago y cualquier cambio obligatorio, y si la resolución le exige modificar de verdad cómo pide el consentimiento. Ahí está la diferencia entre un mal día en titulares y un cambio real en su forma de ganar dinero.

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Fuente: Reuters