JP Morgan y Morgan Stanley se mantienen cautos con IonQ pese a disparar sus ingresos un 755%

Los dos grandes bancos de inversión ven riesgos en la valoración de IonQ y la lejanía de sus beneficios, a pesar del espectacular crecimiento de ventas y el reciente impulso bursátil.
Las acciones de IonQ (IONQ) han subido con fuerza esta semana, animadas por la noticia de que SkyWater Technology (SKYT), una fundición de chips estadounidense, recibió la aprobación de sus accionistas para su fusión con IonQ. El lunes, el valor se disparó un 15%, y el martes continuaba al alza. Pero no todo el mundo está celebrando: JP Morgan y Morgan Stanley han reiterado sus posturas cautas sobre el fabricante de ordenadores cuánticos.
La razón principal esgrimida por los analistas es la valoración. Aunque IonQ ha reportado un crecimiento de ingresos del 755% interanual en su último trimestre, la compañía sigue siendo profundamente deficitaria. Para los bancos de inversión, el precio actual de la acción descuenta un éxito comercial que aún está por demostrarse a gran escala. La computación cuántica es una tecnología prometedora, pero su adopción masiva y rentable podría estar a años vista.
El escepticismo de JP Morgan y Morgan Stanley contrasta con el entusiasmo de otros inversores, que ven en la fusión con SkyWater un movimiento estratégico para asegurar la fabricación de los chips cuánticos de IonQ en suelo estadounidense. Esto podría darle una ventaja competitiva frente a rivales que dependen de cadenas de suministro más frágiles. Además, gigantes como Google (GOOGL), Microsoft (MSFT) e IBM (IBM) también están invirtiendo fuerte en esta carrera tecnológica, lo que valida el potencial del sector.
Sin embargo, los analistas cautos señalan que IonQ todavía no ha demostrado que sus máquinas puedan resolver problemas prácticos mejor que los superordenadores clásicos, el llamado "quantum advantage". Hasta que eso ocurra, los ingresos podrían seguir siendo modestos y dependientes de contratos de investigación, no de ventas comerciales recurrentes. La fusión con SkyWater añade además riesgos de integración y dilución para los accionistas actuales.
En resumen, la noticia de la fusión ha dado un subidón a la cotización, pero los grandes bancos aconsejan no dejarse llevar por las cifras de crecimiento porcentual. Prefieren esperar a ver beneficios reales y un camino más claro hacia la rentabilidad antes de recomendar la compra. Mientras, el mercado sigue dividido entre los que apuestan por el futuro cuántico y los que temen otra burbuja tecnológica.
El análisis de Salseo
- El crecimiento del 755% en ingresos suena espectacular, pero hay que ponerlo en contexto: IonQ partía de una base muy pequeña y la mayor parte de sus ventas aún provienen de proyectos piloto y subvenciones, no de una demanda comercial estable. Por eso JP Morgan y Morgan Stanley no se inmutan.
- La fusión con SkyWater es un arma de doble filo: por un lado, asegura la producción de chips en EE.UU., algo clave en plena guerra tecnológica con China; por otro, integrar una fundición puede desviar el foco de IonQ de su negocio principal (el software y los sistemas cuánticos) y añadir costes fijos que lastren aún más la rentabilidad.
- La verdadera señal que vigilar no es el precio de la acción a corto plazo, sino si IonQ logra en los próximos trimestres contratos comerciales recurrentes con empresas que usen sus ordenadores para algo más que experimentos. Si eso no llega, el subidón actual podría desinflarse rápido.
- Hay una lectura alternativa: los grandes bancos pueden estar siendo demasiado conservadores. Si IonQ ejecuta bien la fusión y la tecnología cuántica da un salto práctico antes de lo esperado, los que hoy esperan se perderán gran parte del pastel. Pero, claro, eso es una apuesta de alto riesgo.