Regulación

Karp (Palantir): los laboratorios de IA quieren ser nacionalizados para esquivar demandas

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Karp (Palantir): los laboratorios de IA quieren ser nacionalizados para esquivar demandas

El consejero delegado de Palantir sostiene en CNBC que los grandes laboratorios de IA piden reglas y tutela pública no por seguridad, sino para protegerse de las demandas que les caerían por los daños de sus modelos.

El consejero delegado de Palantir (PLTR), Alex Karp, aseguró este jueves en la cadena CNBC que los grandes laboratorios de inteligencia artificial están empujando entre bambalinas para que el Estado los nacionalice y así blindarse frente a las consecuencias legales de sus propios modelos. En una entrevista en el programa Squawk on the Street, Karp defendió que las peticiones de nuevas reglas gubernamentales en realidad esconden un objetivo muy distinto: evitar los tribunales.

"La visión que creo que tienen es que estos negocios tienen que ser nacionalizados, porque si no los nacionalizas, todos y cada uno de mis clientes van a demandar", explicó Karp para justificar por qué los laboratorios de frontera reclaman intervención pública. Su argumento es que el mejor freno contra un comportamiento negligente es que las compañías de IA respondan ante la justicia por los daños civiles y penales que causen sus sistemas. En otras palabras: que quien lanza un software cargue con las consecuencias antes de que los gobiernos asuman ese riesgo en su lugar.

Las palabras de Karp ponen el foco sobre Anthropic, que opera como sociedad de beneficio público (public benefit corporation), una figura legal que le permite compaginar una misión social con la remuneración a sus accionistas. Según la información publicada, la compañía acaba de levantar 65.000 millones de dólares en financiación privada con una valoración de 965.000 millones de dólares, y ya ha presentado de forma confidencial la documentación para salir a bolsa. La crítica llega además en plena guerra de bandos dentro del sector: el consejero delegado de Anthropic, Dario Amodei; el de OpenAI, Sam Altman, y el de SpaceX (SPCX), Elon Musk, respaldan la idea de frenar la construcción de IA de frontera. En el lado opuesto están el consejero delegado de Nvidia (NVDA), Jensen Huang, y el de Meta (META), Mark Zuckerberg, que rechazan esa desaceleración. Zuckerberg ha llegado a decir que los laboratorios que no se centren en la alineación de sus modelos se quedarán atrás.

El terreno político tampoco ayuda a poner orden. El presidente Donald Trump se ha mostrado contrario a nuevas reglas y repite que los temores sobre la seguridad en la IA están exagerados. Mientras, en Washington avanzan propuestas de supervisión mucho más estrictas: el senador Richard Blumenthal ha advertido de que Estados Unidos está cerca de perder el control de esta tecnología y pide pruebas obligatorias antes de que un laboratorio lance un nuevo software. En la Cámara de Representantes se ha planteado incluso un proyecto de ley que exija un interruptor de apagado para desconectar sistemas de IA descontrolados, aunque medidas parecidas aún se debaten en el Senado.

Para el inversor, el mensaje de Karp hay que leerlo en clave de negocio, no solo de opinión. Palantir vende software de datos y análisis a gobiernos y grandes empresas, un negocio que se mueve cómodo en entornos de incertidumbre y que tiene parte de su argumento comercial en el control, la trazabilidad y la auditoría de sistemas complejos. Es decir, si el riesgo legal recae sobre quien construye el modelo, Palantir puede colocarse como el proveedor que ayuda a vigilarlo sin asumir esa factura. Lo que no cambia por ahora es ninguna cifra de la compañía: esto es un debate regulatorio y reputacional, no un resultado trimestral.

El análisis de Salseo

  • Karp no habla como filósofo, habla como vendedor: Palantir vive de dar a gobiernos y empresas control y trazabilidad sobre datos y sistemas complejos. Si el riesgo legal cae sobre quien entrena el modelo, Palantir puede vender la capa de vigilancia y auditoría sin cargar con las demandas. Pedir responsabilidad para los laboratorios es, en el fondo, proteger su propio modelo de negocio.
  • El debate real no es 'regular o no regular', sino quién paga la factura cuando un modelo potente causa un daño. Si la respuesta es 'demandas', el sector se enfrenta a costes legales y de seguros crecientes y a primas de riesgo más altas; si es 'nacionalización', el contribuyente absorbe el riesgo y las reglas las escribe el Gobierno. Dos finales muy distintos para el accionista según cuál gane.
  • La estructura societaria de Anthropic es el caso a vigilar: es sociedad de beneficio público, acaba de presentar papeles confidenciales para cotizar y su salida al parqué será la primera prueba de mercado sobre cuánto descuento está dispuesto a pagar el inversor por una empresa de IA con misión social y riesgo judicial encima. Si cotiza, se convierte en la referencia comparable para todo el sector.
  • El frente político está partido en tres: Trump rechaza reglas nuevas, Blumenthal quiere pruebas obligatorias antes de publicar un modelo y la Cámara propone hasta un interruptor de apagado. Esa fragmentación alarga la incertidumbre, y una regla dura de seguridad acabaría cambiando los pliegos de compra de defensa y sector público, justo el terreno donde más pesa Palantir.

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Fuente: TipRanks