Keel Infrastructure cierra su giro hacia la IA con 533 millones de liquidez

Keel Infrastructure presenta sus primeros resultados tras rebautizarse: la antigua minera de bitcoin ya es una desarrolladora de infraestructura para IA, con 533 millones de liquidez y tres emplazamientos en marcha. Los números del negocio heredado, eso sí, siguen cayendo.
Keel Infrastructure Corp. (NASDAQ/TSX: KEEL) ha publicado los resultados del primer trimestre de 2026, los primeros bajo su nuevo nombre y los que, según la compañía, cierran casi dos años de transformación. Keel se define ahora como una empresa norteamericana de infraestructura digital y energética: ha trasladado su sede a Estados Unidos, ha reconstruido su equipo desde cero, ha salido de sus negocios en Latinoamérica y ha centrado su cartera de proyectos en los mercados de computación de altas prestaciones (HPC) aplicada a la inteligencia artificial, es decir, los centros de datos que entrenan y hacen funcionar los modelos de IA. Según su consejero delegado, Ben Gagnon, el objetivo es avanzar en tres emplazamientos (Panther Creek, Sharon y Moses Lake) y firmar contratos de alquiler a lo largo de 2026.
El grueso del mensaje está en la caja. A 8 de mayo de 2026 la compañía declara una liquidez total de aproximadamente 533 millones de dólares, formada por unos 336 millones en efectivo sin restricciones y unos 197 millones en bitcoines libres de cargas (es decir, que puede vender cuando quiera). El director financiero, Jonathan Mir, asegura que ese colchón cubre la inversión necesaria para llevar Panther Creek, Sharon y Moses Lake hasta la firma de los contratos de alquiler, el arranque de las obras en Moses Lake y los gastos generales de la empresa hasta 2028. En paralelo, Keel sigue deshaciendo su posición en criptomonedas: vendió 269 bitcoines por 20 millones de dólares entre el 1 de enero y el 8 de mayo de 2026. En cuanto a los permisos, la compañía ha obtenido las aprobaciones urbanísticas y sigue tramitando licencias de desarrollo del suelo y medioambientales en los tres emplazamientos.
Los números del negocio que queda en pie, el que la empresa llama operaciones continuadas (su cartera norteamericana; los activos latinoamericanos ya figuran como vendidos o en venta tras cerrarse la venta del emplazamiento Paso Pe el 21 de abril de 2026), son bastante flojos. Los ingresos fueron de 37 millones de dólares, un 23% menos que un año antes. Los gastos generales y administrativos subieron a 27 millones frente a 18 millones, sobre todo por los servicios profesionales ligados al traslado de sede a Estados Unidos, la conversión a la normativa contable estadounidense y la venta de Paso Pe. El resultado operativo arrojó unas pérdidas de 98 millones, frente a 35 millones hace un año, y la pérdida de las operaciones continuadas llegó a 128 millones, o 0,21 dólares por acción, frente a 0,08 dólares por título un año antes. Dentro de ese deterioro hay partidas que no implican salida de caja: 28 millones de amortización, 41 millones de pérdida por la revalorización de sus activos digitales (frente a 23 millones en el primer trimestre de 2025) y 22 millones por la cancelación de la línea de crédito con Macquarie.
El dato quizá más incómodo es el llamado EBITDA ajustado, una medida aproximada de cuánto efectivo genera el negocio ordinario antes de intereses, impuestos y amortizaciones: fue negativo en 17 millones de dólares, un 45% de los ingresos, cuando un año antes era positivo en 7 millones (un 14% de los ingresos). La compañía lo atribuye principalmente al aumento de 15 millones en gastos de energía e infraestructura y a un empeoramiento de 7 millones en la venta de activos digitales. La foto completa es la de una empresa que está dejando de ganar dinero con lo viejo antes de empezar a ganarlo con lo nuevo: consume caja para urbanizar terrenos y tramitar permisos, y solo empezará a facturar de verdad cuando firme los contratos de alquiler de sus centros de datos.
Keel celebra este lunes 11 de mayo una conferencia con analistas a las 8:00 hora de la costa este de Estados Unidos para comentar estas cifras. El mercado, más que mirar atrás, estará pendiente de una señal muy concreta: si llegan o no los contratos de alquiler en Panther Creek, Sharon y Moses Lake durante 2026 y si arrancan las obras en Moses Lake. Mientras tanto, casi cuatro de cada diez dólares de su liquidez están en bitcoines, un activo que se mueve mucho, así que la solidez de su colchón también depende de en qué momento decida venderlo.
El análisis de Salseo
- La caída del 23% en ingresos y el EBITDA negativo importan menos de lo que parece: corresponden al negocio heredado que la empresa está apagando. La valoración de Keel va a depender de los contratos de alquiler de sus centros de datos, no de lo que facturaba la antigua minera de bitcoin. La señal a vigilar no son los ingresos, son las firmas de alquiler y el arranque de obras en Moses Lake en 2026.
- El punto débil del relato es la composición de la liquidez: 197 de los 533 millones están en bitcoines. En la práctica, el 'estamos totalmente financiados' depende de un activo volátil que la propia empresa está vendiendo (269 bitcoines por 20 millones en lo que va de año). Si el bitcoin se hunde, el colchón que cubre la inversión hasta 2028 se estrecha y podría obligarles a financiarse en peores condiciones.
- El giro al negocio HPC/IA convierte a Keel en una promotora: compra o prepara suelo, consigue permisos y urbaniza antes de cobrar un solo euro de alquiler. Eso significa que los próximos trimestres seguirán mostrando pérdidas y consumo de caja aunque la estrategia vaya bien. Lo que cambia la tesis de golpe es un inquilino ancla (un gran operador de centros de datos o un hiperescalador) que firme por capacidad; sin ese contrato, todo es promesa de terreno.
- Ojo con las partidas que ensucian las cuentas y que no se repetirán: 22 millones por cancelar la línea de crédito de Macquarie, parte de los gastos administrativos ligados al traslado de sede a Estados Unidos y el efecto contable de revalorizar sus bitcoines (41 millones de pérdida este trimestre frente a 23 millones hace un año). Son costes y vaivenes derivados de la transformación, no del día a día del negocio, así que conviene juzgar la evolución operativa separada de ellos y no llevarse una impresión peor de la real.