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Lightbridge logra en Japón una patente clave para su combustible nuclear impreso en 3D

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Lightbridge logra en Japón una patente clave para su combustible nuclear impreso en 3D

Lightbridge recibe el visto bueno previo de la Oficina de Patentes japonesa para proteger su diseño de barra de combustible de varias capas, el ensamblaje que la aloja y el método de fabricación por impresión 3D. Japón es uno de los mayores mercados nucleares del mundo.

Lightbridge Corporation (Nasdaq: LTBR), compañía con sede en Reston (Virginia) centrada en tecnología de combustible nuclear avanzado, ha anunciado que la Oficina de Patentes de Japón (JPO) le ha enviado una «Notice of Allowance» —un aviso de concesión— para la solicitud de patente japonesa número 2024-513980, titulada «Elemento de combustible multizona». En cristiano: el organismo japonés comunica que tiene intención de conceder la patente, que es el paso inmediatamente anterior a que el título se emita de forma definitiva.

¿Qué es lo que quedaría protegido? Tres cosas a la vez. La primera, el propio diseño de la varilla o barra de combustible, formada por tres capas de materiales distintos y con espesores que van cambiando a lo largo de su longitud; esa geometría permite controlar cómo se comporta el combustible en cada punto del interior del reactor, mejorando el rendimiento y los márgenes de seguridad. La segunda, el ensamblaje completo en el que se colocan esas barras. Y la tercera, el método de fabricación por fabricación aditiva, es decir, por impresión 3D. «Japón opera una flota nuclear significativa y ha situado la energía nuclear en el centro de su política de seguridad energética y descarbonización, lo que lo convierte en un mercado importante para nosotros», ha señalado Seth Grae, presidente y consejero delegado de la compañía. Grae subraya que la cobertura triple importa comercialmente porque protege tanto el producto final —el combustible que una eléctrica cargaría de verdad en un reactor— como el proceso con el que se pretende fabricarlo.

El interés por Japón no es casual. Según datos de la Administración de Información Energética de Estados Unidos (EIA) que cita la compañía, el país tiene 32 reactores clasificados como operables, de los cuales 15 ya han recibido el visto bueno de la autoridad reguladora nuclear nacional y han vuelto a funcionar. Además, el plan energético japonés se marca como objetivo que la nuclear aporte alrededor del 20% de la electricidad en el año fiscal 2040, lo que exigiría tener hasta 30 reactores en marcha. Es decir, un parque grande, en proceso de reactivación y con necesidad de combustible durante décadas.

Lightbridge desarrolla Lightbridge Fuel, un combustible de nueva generación pensado para los reactores de agua ligera y de agua pesada presurizada que ya existen, y también para los nuevos reactores modulares pequeños (SMR). La firma mantiene dos acuerdos marco de largo plazo con Battelle Energy Alliance, el contratista que opera el Laboratorio Nacional de Idaho para el Departamento de Energía de Estados Unidos, y su programa GAIN (Gateway for Accelerated Innovation in Nuclear) la ha seleccionado en dos ocasiones para apoyar el desarrollo de su combustible. La compañía también figura en los índices Russell 2000, Russell 3000 y Solactive Global Uranium & Nuclear Components Total Return. Eso sí, conviene tener presente que se trata de una empresa en fase de desarrollo: su combustible aún no está comercializado y su propio aviso legal de «declaraciones prospectivas» admite riesgos como la capacidad de financiar sus operaciones futuras o la dependencia de socios estratégicos y de los laboratorios nacionales estadounidenses. La patente japonesa refuerza el paraguas de propiedad intelectual en un mercado relevante, pero no es todavía un contrato ni un ingreso.

El análisis de Salseo

  • Ojo con el matiz legal: un aviso de concesión no es una patente concedida. La oficina japonesa comunica su intención de otorgarla, pero el título se emite después y hay que ir pagando las tasas de mantenimiento año a año. Además, la protección es territorial: lo que vale en Japón no protege automáticamente en Europa o Estados Unidos, así que la compañía debe repetir este trámite país por país para cubrir los mercados nucleares relevantes.
  • La parte más valiosa de la patente no es el diseño de la varilla, sino que se proteja también el ensamblaje y el método de impresión 3D. Si solo cubriera el dibujo del combustible, un competidor podría intentar rodearlo cambiando la geometría; al blindar el proceso de fabricación, Lightbridge añade una barrera más difícil de sortear, porque quien quiera producir algo parecido tendría que hacerlo con otra técnica. Es una patente pensada para fabricar, no solo para impedir copias.
  • Japón es un premio real por el tamaño y el calendario de su parque nuclear: reactores que se van reactivando y un objetivo de que la nuclear suponga cerca del 20% de la electricidad en 2040. Pero una patente es el billete de entrada a la conversación, no una venta. Para que esto se traduzca en dinero haría falta que una eléctrica japonesa apueste por el combustible de Lightbridge, y eso solo llega después de años de pruebas de irradiación y de aprobaciones regulatorias. La señal concreta que hay que vigilar son los hitos de ensayo con el Laboratorio Nacional de Idaho y cualquier acuerdo con una utility.
  • La lectura contraria: este tipo de titulares apenas mueven la cotización, porque no cambian la cuenta de resultados de una empresa que todavía no vende nada. El riesgo de fondo no es la competencia de patentes, sino la caja: sostener años de investigación y desarrollo antes de ingresar un euro, con rivales trabajando además en combustibles tolerantes a accidentes. Cada patente suma en el largo plazo, pero no resuelve el problema de financiación de la compañía.

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