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Mark Cuban augura el fracaso de los robots humanoides: Tesla y Nvidia siguen apostando

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Mark Cuban augura el fracaso de los robots humanoides: Tesla y Nvidia siguen apostando

El inversor multimillonario Mark Cuban cree que los robots con forma humana fracasarán en un plazo de cinco a diez años y avisa de que las tecnológicas que los desarrollan parten de una premisa equivocada.

Mark Cuban, inversor multimillonario y expresentador del programa Shark Tank, ha lanzado un aviso incómodo en plena fiebre por la robótica: sostiene que los robots con forma humana acabarán fracasando en un plazo de entre cinco y diez años. Su crítica apunta directamente a las compañías tecnológicas que están volcadas en construir máquinas con aspecto de persona, a las que reprocha apoyarse en una base equivocada a la hora de diseñar el futuro de la automatización.

La advertencia llega en un momento de euforia alrededor de la robótica. Tesla lleva tiempo trabajando en su propio robot humanoide y buena parte del mercado ve ahí una de las grandes oportunidades de la próxima década. En paralelo, Nvidia, que cotiza en bolsa, se ha convertido en uno de los principales proveedores de la infraestructura de inteligencia artificial que hace funcionar estos proyectos: sin sus chips y su software, poco de lo que se enseña en los vídeos de robots daría un paso. Es decir, Cuban no solo cuestiona una idea, sino una de las narrativas con las que el mercado justifica parte de su optimismo futuro.

El fondo del debate es el diseño. Copiar la anatomía humana suena atractivo, pero obliga a resolver problemas muy complicados: mantener el equilibrio al caminar, construir manos capaces de agarrar objetos sin romperlos, gestionar baterías que duren una jornada y hacerlo todo a un precio que alguien esté dispuesto a pagar. Por eso hay quien defiende que el futuro no está en robots clónicos de personas, sino en máquinas especializadas y mucho más simples que hagan una sola tarea muy bien. Si esa corriente se impone, el dinero invertido en la carrera humanoide podría tardar mucho más en dar frutos de lo que hoy se descuenta.

Para el inversor particular, la clave es no confundir una opinión con un resultado. Cuban es una voz con peso, pero su predicción no cambia las cuentas de ninguna empresa ni lo que factura hoy Nvidia. Lo que sí recuerda es que la robótica humana es, por ahora, una historia de largo plazo: se paga con años de optimismo por delante y se apoya en hitos que todavía están por llegar. La prueba de fuego no será el titular, sino ver si los robots empiezan a venderse de verdad y si eso acaba apareciendo en los números de las compañías que los fabrican y de las que les ponen los chips.

El análisis de Salseo

  • El aviso de Cuban ataca justo el punto débil de la tesis: el mercado está pagando por un futuro robótico que da por hecho que la forma humana es la ganadora, cuando podría no serlo. Si el valor acaba en brazos industriales o robots especializados, mucho de lo invertido en 'humanoides' se queda fuera del negocio real.
  • Para Nvidia el impacto es limitado: su negocio hoy vive de los centros de datos de inteligencia artificial, no de los robots. El riesgo no es que su cuenta de resultados se hunda, sino que se enfríe la parte de narrativa 'siguiente ola' que ayuda a sostener su valoración. Señal a vigilar: cuándo empieza a ser relevante y medible lo que ingresa por robótica, más allá de presentaciones y demostraciones.
  • Para Tesla el golpe sería mayor, porque el robot forma parte del relato que justifica su valoración por encima de lo que gana vendiendo coches. Si el humanoide se retrasa o se queda en experimento, toda la presión vuelve a recaer sobre el negocio automovilístico. El dato que importa no es la opinión de Cuban, sino los plazos concretos que ponga la compañía a su robot.
  • La lectura contraria también tiene sentido: estas predicciones suelen fallar en el cuándo más que en el qué. Un plazo de cinco a diez años es tan largo que casi cualquier escenario cabe dentro, y los grandes cambios tecnológicos casi siempre llegan más tarde y más despacio de lo prometido. La pregunta rentable no es si los humanoides fracasan, sino quién se lleva el dinero mientras lo intentan: el fabricante del robot, el de los chips o el del software.

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Fuente: TipRanks