MDA Space abre en Quebec el centro de control de Chorus, su satélite 'made in Canada'
MDA Space presenta en St-Bruno-de-Montarville (Quebec) el centro desde el que pilotará Chorus, un sistema de satélites de observación de la Tierra que despegará en diciembre y estará operativo en 2027. Es su gran apuesta comercial sin dinero público.
MDA Space ha presentado en St-Bruno-de-Montarville, localidad del área metropolitana de Montreal (Quebec), un centro de control de última generación desde el que se dirigirá Chorus, su nuevo sistema de satélites de observación de la Tierra. La compañía prevé lanzarlo en diciembre a bordo de un cohete Falcon 9 de SpaceX y que esté plenamente operativo a lo largo de 2027. Desde la firma lo describen como una misión espacial íntegramente canadiense: "En cuanto los satélites se separan del cohete, ya está. A partir de ahí tomamos el control y todo ocurre aquí", resume Philippe Rolland, director principal de operaciones de satélites de observación terrestre de MDA Space.
La propuesta técnica de Chorus se apoya en dos ideas. La primera, obtener imágenes de alta resolución de la superficie terrestre sin que las condiciones meteorológicas arruinen la foto. La segunda, su amplitud de barrido: cada pasada cubre una franja de 700 kilómetros de ancho. Luigi Pozzebon, vicepresidente de sistemas de satélites de la empresa, lo explica con un ejemplo cotidiano: si buscas una embarcación de pesca ilegal y tu barrido solo alcanza unas decenas de kilómetros, puedes tardar muchísimo en localizarla; con una franja de 700 kilómetros, tienes muchas más papeletas de encontrar la aguja en el pajar. Esa mirada amplia también sirve para vigilar la erosión de la costa, controlar ríos y vías navegables o hacer un seguimiento de cambios ambientales que desde el suelo resultan difíciles de ver en conjunto, como apunta Minda Suchan, vicepresidenta de geointeligencia de MDA.
El detalle que más cambia las cosas para la compañía es cómo se ha pagado todo esto: Chorus se ha diseñado y construido sin fondos públicos, como un proyecto puramente comercial, y la empresa asegura que ya ha despertado el interés de una amplia variedad de clientes. Jean-Claude Piedboeuf, presidente en funciones de la Agencia Espacial Canadiense, lo enmarca en la trayectoria del país: MDA se apoya en décadas de inversión pública canadiense para dar ahora el salto a un servicio comercial. Entre los usos previstos están la vigilancia de la deforestación y la erosión costera, pero también la gestión de catástrofes naturales, con margen para mejorar la predicción de inundaciones.
No se trata de un salto al vacío. Canadá fue el tercer país del mundo, por detrás de Estados Unidos y Rusia, en entrar en la era espacial, con el lanzamiento del Alouette 1 en 1962. En 1995 llegó Radarsat-1, su primer satélite de observación de la Tierra, que aguantó 17 años en órbita, muy por encima de la misión prevista, y cimentó la reputación canadiense en tecnología radar. Después vinieron Radarsat-2, en 2007, y la constelación Radarsat. Chorus quiere ser el siguiente capítulo, pero con una diferencia de fondo: esta vez quien asume el riesgo y busca el beneficio es la empresa, no el contribuyente.
El análisis de Salseo
- Aquí lo relevante no es el centro de control en sí, sino el cambio de modelo: MDA pasa de cobrar por fabricar satélites para gobiernos y agencias a intentar vender un servicio recurrente de imágenes desde el espacio. Ingresos así dependen de cuántos clientes paguen cada año, no de adjudicaciones puntuales, y esa transición es la que hay que seguir.
- La franja de 700 kilómetros es una ventaja técnica que se traduce directamente en dinero: cubre mucho más terreno en cada pasada, así que hacen falta menos satélites y menos tiempo para localizar lo que busca el cliente. Menos coste por imagen significa mejor margen o precios más agresivos frente a rivales de la observación terrestre como Planet Labs o Iceye.
- El riesgo está concentrado en el calendario: todo cuelga de que el Falcon 9 despegue en diciembre y de que los satélites funcionen como se promete. Y como el proyecto no lleva dinero público, un retraso no se queda en un titular: empuja hacia delante el primer ingreso comercial y alarga la devolución de una inversión que sale entera del bolsillo de la compañía.
- Señal concreta a vigilar: los próximos resultados trimestrales, para ver si MDA empieza a desglosar contratos de Chorus en su cartera de pedidos y si aparecen clientes con nombre y apellidos. La otra prueba de fuego será la primera imagen pública: es la forma más rápida de comprobar que el sistema cumple lo que promete.