Mercado

MDA Space ve el escudo antimisiles desde el espacio como una opción "realista"

·PositivoImpacto medio
MDA Space ve el escudo antimisiles desde el espacio como una opción "realista"

El consejero delegado de MDA Space defiende que los satélites ya pueden detectar, seguir e incluso interceptar misiles, y que la defensa antimisiles desde el espacio no tiene por qué costar más que otros sistemas avanzados. La amenaza de misiles hipersónicos de Rusia y China empuja esta idea al centro del debate en Washington.

La defensa antimisiles lanzada desde el espacio ha dejado de ser ciencia ficción para convertirse en una opción "realista". Así lo defendió el jueves Mike Greenley, consejero delegado de la canadiense MDA Space, en una entrevista en el programa "Squawk Box Europe" de CNBC. Según explicó, los satélites pueden jugar un papel cada vez más relevante a la hora de detectar, seguir la trayectoria y, llegado el caso, interceptar misiles que se dirigen hacia un territorio. Y lo más importante para el bolsillo de los contribuyentes: estos sistemas no tienen por qué ser más caros que otras tecnologías de defensa avanzadas.

El argumento de Greenley se apoya en la evolución del arsenal de las grandes potencias. Los misiles hipersónicos —aquellos capaces de volar a velocidades altísimas y con trayectorias difíciles de predecir— están ganando peso en Rusia y China, y eso obliga a replantearse cómo se vigila el cielo. "Desde una perspectiva norteamericana, monitorizar la amenaza que puede llegar por encima del planeta y poder seguirla e interceptarla es una parte realista de la vida", señaló el directivo. MDA Space cotiza en Toronto y se especializa en satélites de observación de la Tierra, radar y comunicaciones, aunque, como muchos de sus competidores, pone el foco en el doble uso de esa tecnología para aplicaciones militares en un contexto de guerra cada vez más tecnológica.

El contexto político acompaña. Estados Unidos confirmó recientemente por primera vez que tiene armas desplegadas en el espacio: el secretario de la Fuerza Aérea, Troy Meink, reconoció en septiembre la existencia de "armas de control espacial en órbita" capaces de proteger a las fuerzas estadounidenses, aunque sin detallar de qué tipo de armamento se trata. A esto se suma el plan del presidente Donald Trump de construir un sistema de interceptores balísticos valorado en 185.000 millones de dólares, bautizado como "Golden Dome" (Cúpula Dorada), y su intención de elevar el presupuesto de defensa de Estados Unidos hasta 1,5 billones de dólares en 2027.

Preguntado precisamente por si el componente espacial del Golden Dome puede resultar demasiado caro, Greenley respondió que existen "oportunidades muy eficientes en costes" para monitorizar y seguir amenazas entrantes. "Los interceptores situados en el espacio para eliminar algún tipo de misil o amenaza que entra en tu territorio no son más caros que cualquier otro entorno de sistemas de armas complejos o de vigilancia y protección", afirmó. No es el único que piensa así: Rafal Modrzewski, cofundador y consejero delegado de ICEYE, declaró a CNBC en agosto que el espacio está dejando de ser una capacidad que simplemente apoya las operaciones militares para convertirse en "un activo principal que determinará quién gana o pierde". La invasión de Ucrania, dijo, fue un momento decisivo para el sector.

En paralelo, los gobiernos de todo el mundo ven cada vez más esta tecnología como clave para su soberanía, sobre todo ante el dominio de la estadounidense SpaceX y su servicio de satélites Starlink. Greenley cree que la creciente demanda de gobiernos y empresas por reducir su dependencia de Starlink, junto con la ambición de muchos países de desarrollar sus propias redes soberanas de comunicaciones por satélite, podría impulsar el lanzamiento de numerosas redes competidoras en los próximos cinco a siete años.

El análisis de Salseo

  • MDA no vende el escudo, vende los ojos. La parte del negocio que puede facturar antes no es la intercepción —tecnológicamente lejana y políticamente delicada—, sino la capa de sensores que detecta y sigue misiles hipersónicos. Ahí MDA ya tiene productos de radar y observación, así que el relato del CEO es en realidad una forma de colocar su catálogo existente en el mayor presupuesto de defensa del mundo.
  • El verdadero debate es el precio, no la tecnología. Cuando le preguntan por el coste, Greenley responde que un interceptor espacial no es más caro que cualquier otro sistema complejo: es una respuesta directa al escepticismo presupuestario en Washington, donde un programa de 185.000 millones siempre acaba discutido en el Congreso. Si el Golden Dome se recorta, la capa de vigilancia y seguimiento es la que más probabilidades tiene de sobrevivir al tajo.
  • La señal concreta a vigilar son las adjudicaciones. Mientras llegan los contratos reales del programa Golden Dome y se concreta el presupuesto de 2027, el mercado puede quedarse en palabras. Conviene mirar si MDA convierte su experiencia civil en pedidos de defensa recurrentes y cómo evoluciona su cartera de proyectos en los resultados trimestrales, porque una entrevista en televisión no mueve la cuenta de resultados.
  • Ojo con la lectura contraria. Que un fabricante de satélites civiles se venda como proveedor de defensa conlleva riesgos: dependencia de un cliente principal como Estados Unidos, posible ruido reputacional y competencia feroz. Además, el negocio de las redes soberanas que sustituyan a Starlink es una promesa a cinco o siete años, un plazo que en este sector suele alargarse más de lo previsto.

Empresas mencionadas

Fuente: CNBC