Por qué el mercado ignoró el potencial de Intel en inteligencia artificial

Mientras todos miraban el fiasco de Gaudi, Intel resucitaba en silencio gracias a su viejo conocido: el procesador Xeon, pieza clave en la nueva ola de IA.
A mediados de 2025, Intel parecía un valor trampa condenado al museo de la tecnología. Sus ingresos de los últimos doce meses habían caído un 4% y el margen neto se desplomaba hasta un terrorífico -36%. Las opciones sobre la acción dormitaban y nadie esperaba que, en cuestión de semanas, el valor se disparase un 369%.
La atención de los inversores estaba puesta en Gaudi, el acelerador de IA con el que Intel pretendía plantar cara a los líderes del sector. Pero las noticias eran malas: a finales de 2024, la propia dirección admitió que la adopción iba más lenta de lo esperado y que no alcanzarían los objetivos de ingresos. A principios de 2025, la compañía canceló la siguiente generación del producto. Para quien solo mirara esa batalla, el panorama era desolador.
Sin embargo, bajo el ruido de Gaudi, otro mensaje cobraba fuerza en las conferencias con analistas. Los directivos empezaron a repetir que el futuro de la IA no estaba solo en entrenar modelos, sino en usarlos (lo que se conoce como inferencia). Y ahí, el procesador tradicional de servidor, el Xeon, era protagonista. Ya en octubre de 2024, el CEO destacó que Intel era "el cabecero preferido en los servidores de IA". Su sucesor, en enero de 2025, habló de una "oportunidad sustancial para la inferencia basada en CPU". La idea era clara: la nueva era de la IA iba a disparar la demanda de procesadores junto a las GPU.
La confirmación llegó con los resultados del primer trimestre fiscal de 2025, en abril. Las cuentas fueron mixtas, pero el detalle lo cambió todo: las ventas de Xeon superaron expectativas gracias a la demanda de los grandes centros de datos para equipar sus servidores de IA. El segmento DCAI, que agrupa esos chips, dio la primera señal contundente de que la vieja línea de producto se había vuelto imprescindible para la última moda tecnológica. El mercado, distraído con el fiasco de Gaudi, había pasado por alto la fortaleza silenciosa del negocio más tradicional de Intel.
El análisis de Salseo
- La gran lectura para el inversor es que el valor de Intel no dependía de ganar la carrera de los aceleradores de IA, sino de algo mucho más mundano: sus procesadores Xeon se han convertido en un complemento indispensable para las GPU en los servidores de IA. No es que Intel haya inventado algo nuevo, es que el mercado redescubrió su utilidad.
- El giro narrativo de la dirección fue clave: pasaron de hablar de entrenar modelos a destacar la inferencia, un terreno donde la CPU manda. Esto no es un detalle técnico, es un cambio de paradigma que beneficia directamente a la cuota de mercado histórica de Intel en centros de datos.
- La confirmación en los resultados de abril de 2025 fue el catalizador real. Hasta entonces, la tesis era solo un discurso; cuando las ventas de Xeon sorprendieron al alza por la demanda de los 'hyperscalers', el mercado descontó de golpe el potencial que había ignorado. El inversor debe vigilar ahora si esa tendencia se mantiene en los próximos trimestres o si fue un espejismo puntual.