Meta abandona el pacto de energía limpia RE100 mientras acelera su apuesta por el gas natural

Meta deja la iniciativa RE100 tras una década, justo cuando financia al menos una docena de plantas de gas para alimentar sus centros de datos de IA. ¿Qué significa 'energía limpia' para una empresa que quema combustibles fósiles a este ritmo?
Meta ha confirmado su salida de RE100, la iniciativa corporativa de energía renovable liderada por el Climate Group, tras diez años de membresía. La ruptura, que según un portavoz fue mutua, se produce en un momento en que la compañía ha financiado la construcción de al menos doce plantas de gas natural en el último año para abastecer sus centros de datos de inteligencia artificial.
Solo uno de estos proyectos, un complejo de diez plantas en Luisiana para su centro de datos Hyperion, generará 7,5 gigavatios, suficiente electricidad para abastecer a todo el estado de Dakota del Sur y más. La apuesta por los combustibles fósiles comenzó con una planta de 200 megavatios en Ohio y se ha acelerado rápidamente, lo que contrasta con el compromiso que Meta había expresado ante RE100 de operar completamente con electricidad renovable para 2020.
La salida coincide con una actualización de las directrices de RE100, que ahora exige informes más rigurosos sobre el progreso hacia los objetivos renovables. Aunque Meta insiste en que sigue comprometida a igualar el consumo eléctrico de sus centros de datos con energía 100% limpia y renovable, la realidad es que el gas natural, aunque menos contaminante que el carbón, emite cantidades significativas de óxidos de nitrógeno, partículas finas y monóxido de carbono, vinculados a enfermedades como asma, cáncer y demencia.
Para cuadrar sus promesas verdes con esta expansión fósil, Meta puede recurrir a la compra de certificados de atributos ambientales: invierte en un parque solar en Arizona y compensa así las emisiones de una planta de gas en Ohio, siempre que la producción anual de energía renovable iguale el consumo del centro de datos. Sin embargo, este método de compensación anual es cada vez más criticado, y empresas como Microsoft ya buscan igualar su uso de electricidad hora a hora, un enfoque más exigente que fomenta la inversión en baterías y renovables reales.
Meta no está sola en esta carrera por el gas —Google y Microsoft también han invertido en proyectos fósiles—, pero su apuesta es, con diferencia, la mayor. La retirada de un grupo industrial voluntario no suele ser noticia, pero el momento, en plena expansión de su infraestructura de gas, hace que el movimiento sea difícil de ignorar y plantea dudas sobre la credibilidad de sus compromisos climáticos.
El análisis de Salseo
- La salida de RE100 no es un simple trámite: refleja que Meta prefiere flexibilizar sus compromisos verdes antes que frenar su expansión en IA. Al dejar el grupo, evita el escrutinio público sobre unos objetivos renovables que, con 7,5 GW de gas en camino, eran imposibles de cumplir sin recurrir a compensaciones creativas.
- El verdadero dilema es la definición de 'energía limpia'. Meta sigue comprando certificados renovables, pero eso no reduce las emisiones locales de sus plantas de gas. Para el inversor, esto supone un riesgo reputacional y regulatorio creciente, sobre todo si la presión social o las normativas obligan a informes más estrictos o a internalizar costes ambientales.
- A corto plazo, la estrategia de gas puede dar a Meta una ventaja en velocidad de despliegue frente a rivales que apuestan por renovables con baterías, como Google en Minnesota. Pero si los costes de las energías limpias siguen bajando y la regulación se endurece, Meta podría quedarse con activos fósiles caros y mala prensa. Vigila los próximos informes de sostenibilidad y cualquier movimiento regulatorio sobre emisiones de centros de datos.