Regulación

Meta pacta 18.000 millones en EE.UU. y el mundo mira: ¿qué viene ahora?

·NeutralImpacto medio
Meta pacta 18.000 millones en EE.UU. y el mundo mira: ¿qué viene ahora?

Meta acepta pagar 18.000 millones de dólares a 29 estados de EE.UU. por el diseño adictivo de sus redes. Fuera de EE.UU., demandas y dudas sobre su algoritmo siguen sin respuesta.

Meta ha cerrado un acuerdo multimillonario con 29 estados de EE.UU. que la acusaban de crear productos adictivos que enganchaban a los menores. La compañía pagará 18.000 millones de dólares y, además, se compromete a cambiar algunas funciones de sus plataformas: pondrá límites de tiempo de uso para los menores y bloqueará el acceso durante la noche. La fiscal general de California aseguró que es una victoria que supondrá "un mundo de diferencia para los niños y sus familias". En las horas siguientes al anuncio, las acciones de Meta subieron.

Lo más curioso del acuerdo es que ambas partes lo celebran como un triunfo. Los estados logran, por fin, poner controles a un gigante tecnológico que el Congreso no consiguió regular. Meta, por su parte, se libra de un disgusto mucho mayor: los estados pedían 200.000 millones de dólares y la propia compañía había llegado a plantear en un escrito que el coste podría ser de hasta 1,4 billones. Tampoco Mark Zuckerberg tuvo que testificar, algo que parecía probable en los primeros días del juicio. Visto en frío, 18.000 millones es mucho dinero, pero para Meta es el precio de pasar página.

Fuera de Estados Unidos, sin embargo, el panorama es más complicado. Hay demandas pendientes en Kenia o Países Bajos que van a la raíz del problema: el algoritmo de Meta. Este sistema decide qué contenido ve cada usuario. Ha sido acusado de amplificar mensajes que pedían asesinar a un profesor de química en Etiopía, de promover contenido que incitó a la limpieza étnica de los rohinyás en Birmania o de influir en elecciones. La demanda de Abrham Meareg en Kenia, que denuncia que Facebook no retiró publicaciones que pedían la muerte de su padre, lleva casi cuatro años sin celebrarse. El acuerdo en EE.UU. no cambia esta ecuación.

El quid está en que el acuerdo apenas toca el algoritmo. Para los menores, Meta dejará de mostrarles feeds personalizados, una pequeña concesión. Pero para los adultos, en zonas de guerra o democracias frágiles, el algoritmo seguirá haciendo lo mismo: mantener a la gente enganchada el mayor tiempo posible para mostrarle anuncios. Un exempleado y denunciante, Arturo Béjar, comparó las medidas con "decir: puedes fumar todos los cigarrillos que quieras en dos horas al día. No hace que los cigarrillos sean más seguros".

¿Y qué pasa con el resto del mundo? El acuerdo puede servir de plantilla para otros gobiernos. Reino Unido y Australia ya han logrado por la vía regulatoria límites similares a los que Meta acepta ahora en EE.UU., y otros podrían pedir lo mismo, como un límite diario de dos horas para menores de 18 años. Pero la gran pregunta sigue ahí: ¿tienen los tribunales y gobiernos fuera de EE.UU. el poder para confrontar a una empresa que controla un espacio público digital para millones de personas? Las demandas en Kenia y Países Bajos serán la prueba de fuego.

El análisis de Salseo

  • El acuerdo quita un enorme peso legal de encima a Meta: el peor escenario era pagar hasta 1,4 billones de dólares y los estados pedían 200.000 millones. Pagar 18.000 millones y evitar que Zuckerberg testificara es, en comparación, barato. Por eso el mercado lo leyó como una buena noticia y la acción subió. El coste operativo será limitar el uso de los menores, pero el impacto en ingresos publicitarios probablemente sea manejable.
  • Lo más relevante para el futuro es que Meta ha aceptado limitar los feeds personalizados de los menores. Eso es un precedente: el algoritmo es el motor del negocio y cualquier restricción a ese motor en una jurisdicción tiende a extenderse. Ahora toca vigilar a otros reguladores —Reino Unido, Australia, la UE— que podrían copiar el límite de dos horas diarias para menores de 18 años o exigir cambios similares en el algoritmo. Si eso ocurre, el coste para Meta dejaría de ser un pago único y se convertiría en una restricción estructural.
  • El acuerdo apenas roza las acusaciones más graves: que el algoritmo de Meta amplificó llamamientos a la violencia y a la limpieza étnica en países como Birmania o Etiopía. Las demandas en Kenia y Países Bajos siguen vivas. Si alguna prospera y demuestra que el algoritmo causó daños reales, la exposición financiera podría ser mucho mayor que estos 18.000 millones, porque los daños se calcularían sobre el alcance global de la plataforma, no solo en EE.UU.
  • La lectura contraria: el acuerdo es un arma de doble filo. Por un lado, sienta un precedente legal de que las plataformas pueden regularse por su diseño. Por otro, permite a Meta pagar y seguir adelante sin admitir culpa, preservando su modelo de negocio. La próxima batalla será por el algoritmo en sí, no por el tiempo de pantalla, y ahí es donde está el verdadero dinero. Si las demandas globales logran mover esa pieza, el acuerdo estadounidense quedará en anécdota.

Empresas mencionadas

Fuente: The Guardian