Meta usa sus centros de datos de IA para ahorrarse miles de millones en impuestos

La compañía defiende ante sus inversores que su apuesta por la IA es un éxito, pero ante la agencia tributaria de EE. UU. presenta esos mismos centros de datos como un gran experimento que podría fracasar. El objetivo: acogerse a un crédito fiscal pensado para la investigación.
Meta cuenta una historia muy distinta según quién sea el interlocutor. A sus inversores les dice que su apuesta por la inteligencia artificial es un éxito arrollador: «nuestras inversiones en IA están acelerando cada parte importante de nuestro negocio principal», ha llegado a afirmar Mark Zuckerberg. Pero cuando la compañía presenta sus impuestos ante el IRS, la agencia tributaria estadounidense, el relato cambia: según cuatro personas con conocimiento de las operaciones de la empresa, allí sostiene que sus centros de datos de IA son un experimento gigantesco que podría fracasar. El motivo de ese doble mensaje es fiscal: así puede acogerse a un crédito pensado para la investigación y la experimentación, una interpretación agresiva de la norma que le ha permitido reclamar miles de millones de dólares en ventajas fiscales ligadas a la expansión de sus centros de datos.
El mecanismo es el siguiente. A efectos fiscales, Meta clasifica sus enormes centros de datos, valorados en miles de millones, como «modelos piloto». El crédito en cuestión se creó en los años 80 para impulsar la innovación: permite a las empresas deducirse el material empleado, pero solo si se está probando dentro de un esfuerzo experimental, no si forma parte de la operación ordinaria del negocio. Meta defiende que los carísimos chips de IA que compra a compañías como Nvidia merecen ese descuento pagado con el dinero de los contribuyentes, precisamente porque forman parte del experimento.
El problema es que los propios contables de Meta saben que el terreno es resbaladizo. En revelaciones enterradas en documentos remitidos al regulador de los mercados, la tecnológica advierte de que esos miles de millones en ahorro fiscal podrían ser tumbados por el IRS, en buena parte por «incertidumbres con nuestros créditos fiscales de investigación». Andre Shevchuck, socio de la firma de asesoría BPM especializado en este tipo de crédito, describe como «bastante salvaje y traído por los pelos» el hecho de calificar los centros de datos de IA como experimentales.
Ahí está la contradicción que late en toda la noticia: la misma inversión que en la presentación de resultados se vende como una máquina de generar negocio se presenta ante Hacienda como una apuesta incierta que aún está en pruebas. Y el asunto no es menor, porque ese crédito es una de las palancas que ayudan a maquillar el enorme esfuerzo inversor de Meta en infraestructura de IA, un gasto que el mercado sigue con lupa. Si el IRS decide que la interpretación no se sostiene, no solo estarían en juego las ventajas futuras: también podría reclamar lo ya aplicado, con intereses y posibles sanciones, lo que convertiría una nota a pie de página en un pasivo bastante real.
El caso además tiene una lectura sectorial, porque Meta no es la única tecnológica que estira este tipo de incentivos para abaratar la factura de la IA. Una resolución en un sentido u otro marcaría el camino para el resto del sector y alimentaría el debate político sobre si tiene sentido subvencionar con créditos fiscales de los años 80 la carrera de los gigantes tecnológicos por la inteligencia artificial.
El análisis de Salseo
- El doble relato tiene un coste: la misma inversión que en la presentación de resultados se vende como un éxito se declara al fisco como un experimento incierto. Si el IRS lo tumba, no solo se pierde el ahorro futuro; podría reclamar lo ya aplicado con intereses y sanciones, convirtiendo una nota a pie de página en un pasivo contable real.
- La clave técnica juega en contra de Meta: el crédito está pensado para material usado en pruebas experimentales, no en la operación normal del negocio. Pero el modelo de Meta es precisamente operar esos centros de datos a escala industrial y sacarles rendimiento, lo que choca con el propio argumento comercial que la compañía usa ante los inversores.
- Señal concreta a vigilar: los cambios en las revelaciones de riesgo de Meta sobre 'incertidumbres' fiscales en sus informes trimestrales y cualquier movimiento del IRS o del Congreso sobre cómo se aplica este crédito a la IA. Un precedente claro arrastraría al resto de grandes tecnológicas.
- Matiz que el titular no cuenta: estirar interpretaciones fiscales es una práctica agresiva pero extendida, y el riesgo es contingente mientras no haya una resolución firme. La clave está en si el IRS persigue activamente el caso o lo deja en zona gris durante años.