Meta convierte sus gafas inteligentes en la estrella absoluta de Meta Connect

Meta ha llenado su evento anual de gafas inteligentes: unas de solo audio sin cámara para esquivar las críticas por privacidad, otras pensadas como audífonos de 150 dólares y todas conectadas a Muse, su asistente de IA.
Meta Connect es la cita anual en la que la compañía de Mark Zuckerberg enseña sus últimos cacharros y sus novedades en inteligencia artificial. Este año, el protagonismo ha sido para las gafas inteligentes: empleados de la empresa y los influencers que pululan por el evento aparecieron con ellas puestas, y prácticamente todas las demostraciones preparadas giraban en torno a este producto. Zuckerberg lo ha repetido: para él, las gafas son el futuro, y la empresa trabaja a fondo para que esa idea se cumpla.
Uno de los productos más llamativos que se pudieron probar fueron las nuevas gafas de solo audio, todavía sin lanzar al mercado. Llegan poco después de que la compañía encajara las acusaciones de vender "gafas pervertidas", por la sospecha de que sus modelos con cámara pudieran usarse para vigilar a otros. Estas nuevas incorporan seis micrófonos pero ninguna cámara, y no tienen forma nativa de grabar lo que ocurre alrededor, lo que debería calmar bastante esas suspicacias. Además, son bastante más ligeras y cómodas que otras gafas inteligentes probadas hasta ahora, y permiten escuchar música sin auriculares y atender llamadas sin sacarse el móvil del bolsillo.
El otro gran eje es Muse, el sistema de agentes personales de Meta, capaz de hacer tareas en nombre del usuario. La integración, que aún no está disponible para el público, permite hablarle a las gafas y darle órdenes con la voz, y la empresa quiere además que cada usuario elija entre varios avatares digitales para representar a su agente. En la demostración, la experiencia resultó divertida y algo cómica: hay que ser muy directo al hablarle y no vale conversar a la vez con otra persona, porque el asistente se confunde y acaba pisando la conversación. Aun así, en el contexto adecuado se intuye su utilidad: pedirle que envíe correos o recite listas de tareas mientras uno está comprando, o preguntarle cualquier cosa y recibir una respuesta al estilo de un ChatGPT que llevas puesto. La prueba con una pregunta sobre la Segunda Guerra Mundial devolvió una respuesta breve y correcta históricamente.
También hubo espacio para un segundo modelo de solo audio: las nuevas gafas para personas con pérdida auditiva. Según un miembro del equipo de investigación de Meta, llevan unos cinco años en desarrollo, y su gran baza es el precio: mientras muchos audífonos pueden costar hasta 1.600 dólares, estas gafas se venderán por 150. El dato no es menor, porque se calcula que unos 50 millones de estadounidenses tienen algún grado de pérdida de audición. La prueba consistió en ponerse tapones para simular esa pérdida y comprobar cómo las gafas amplifican la voz de la persona con la que hablas, con la opción de pasar de un modo focalizado (centrado en quien tienes delante) a otro omnidireccional (que recoge el sonido de todo el entorno).
El resumen que deja esta edición de Connect es que Meta ha lanzado una red muy amplia para intentar triunfar donde otros han fracasado: gafas con estilo, funcionales y, sobre todo, útiles. Pero las gafas inteligentes siguen siendo un nicho que todavía no ha encontrado su sitio. Si este es el futuro, como parecían pensar todos los asistentes al evento, está por ver si el resto del mundo decide acompañarles.
El análisis de Salseo
- Las gafas de solo audio, sin cámara y sin forma de grabar, son la respuesta directa a la polémica de las "gafas pervertidas": Meta parte su catálogo en dos (modelos que captan imagen y modelos que solo escuchan y hablan). El objetivo es captar a quien rechazaba las gafas con cámara sin renunciar al asistente, lo que ampliaría su público más allá del aficionado tecnológico temprano.
- El negocio de verdad no son las gafas, sino Muse. La jugada es llevar el asistente de IA a un lugar al que el móvil no llega: tus orejas y tu voz, disponibles todo el día. Que en la demo el agente se confundiera y hablara por encima de la gente demuestra que aún no domina el contexto de una conversación real, y eso es justo lo que hay que resolver antes de venderlo como algo cotidiano.
- Las gafas pensadas como audífonos son la pieza con el caso de uso más claro y el precio más rompedor: 150 dólares frente a los hasta 1.600 de los audífonos tradicionales, en un mercado con unos 50 millones de estadounidenses afectados por pérdida auditiva. La cara B es que es un terreno más regulado, con competidores asentados, y vender hardware tan barato deja poco margen: el dinero tendría que llegar después por la vía de los servicios.
- La letra pequeña: seguimos ante un nicho que no ha encontrado su sitio comercial. La señal concreta que debe vigilar el inversor es si Meta pone fechas y precios de salida y, sobre todo, si empieza a dar cifras de unidades vendidas o de ingresos de esta línea, porque hoy es una apuesta de futuro sin números públicos que la respalden. Habrá que ver también si algún rival mueve ficha en el mismo terreno.