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El CTO de Meta defiende sus gafas: unos pocos 'malos actores' no deben marcar el debate

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El CTO de Meta defiende sus gafas: unos pocos 'malos actores' no deben marcar el debate

Andrew Bosworth sale al paso de la polémica de privacidad de las gafas de Meta y asegura que la mayoría de usuarios las usa con normalidad. La compañía prepara una versión sin cámara para rebajar la presión social y regulatoria.

El director de tecnología de Meta, Andrew Bosworth, ha querido rebajar la polémica que rodea a las gafas inteligentes de la compañía. Durante una sesión de preguntas y respuestas en su cuenta personal de Instagram, el directivo respondió a una cuestión sobre privacidad y dejó claro que no acepta que el debate quede en manos de unos pocos: "No quiero que el discurso lo configure por completo este tipo de actor, relativamente minoritario", señaló. En su opinión, la mayoría de quienes usan las gafas lo hace de forma totalmente normal, igual que usarían la cámara del móvil, solo que resulta algo más cómodo, más manos libres y más inmediato.

Sobre las críticas por las grabaciones sin consentimiento, Bosworth recordó que las gafas incorporan medidas de privacidad, como una luz indicadora que se enciende al grabar y sistemas anti-manipulación que detienen la grabación si alguien tapa esa luz. Una actualización reciente del software cerró además un agujero que algunos usuarios habían descubierto: si empezabas a grabar, esperabas unos segundos y luego cubrías el piloto, la grabación continuaba. Con el cambio, quienes habían perforado o desactivado de forma permanente la luz se han encontrado, en la práctica, con un dispositivo inservible.

El directivo también se refirió a la ofensiva lanzada por la empresa contra el contenido de acoso grabado con sus gafas, como los vídeos de supuestos "pickup artists". "Si encontramos ese contenido, lo retiramos cuando es acosador. Y si creemos que es una persona que lo hace de forma sistemática, cerramos la cuenta", explicó. Sin embargo, el propio Business Insider analizó este verano cómo se estaba aplicando esa política de moderación en Instagram y comprobó que, aunque parte del contenido y de las cuentas se habían eliminado, la aplicación era desigual. Y las bromas pesadas a trabajadores de grandes superficies, que The Verge ha descrito recientemente como una auténtica "amenaza en el puesto de trabajo", siguen circulando.

El contexto no ayuda a Meta. En redes sociales se ha popularizado un apodo despectivo para las gafas, las "gafas de pervertido", y la contestación ha empezado a generar consecuencias tangibles: el Gobierno de Noruega está formando un grupo para estudiar una posible regulación de las gafas con cámara, la fiscalía francesa investiga un caso penal relacionado con acoso sexual y gafas inteligentes, y algunos negocios como discotecas y restaurantes han implantado políticas de "aquí no entran gafas de Meta" para proteger a sus clientes de ser grabados sin permiso. Todo ello pese a que el producto sigue siendo popular.

La empresa parece haber tomado nota de que la percepción pública, tenga o no razón sobre lo minoritario del problema, es real. Según publicó esta semana The Information, Meta planea lanzar una versión de las gafas sin cámara, centrada únicamente en audio y funciones de inteligencia artificial. El propio Bosworth dejó caer que habrá más novedades sobre sus gafas con IA muy pronto, justo antes de la conferencia Connect de la compañía, que arranca el 23 de septiembre. "Me siento bien con dónde estamos, pero no nos detenemos: vamos a seguir invirtiendo y tenemos más cosas que contar en Connect", zanjó.

El análisis de Salseo

  • El verdadero cuello de botella de las gafas no es la tecnología, sino la percepción social: la luz indicadora y los bloqueos anti-manipulación no están convenciendo, y cada vídeo viral de acoso reabre la crisis. La prueba de que Meta lo asume es que prepara una versión sin cámara, es decir, renuncia a parte del producto para quitarle argumentos a la crítica.
  • La versión sin cámara tiene doble filo: por un lado puede abrir puertas hoy cerradas (restaurantes, discotecas, oficinas que prohíben grabar) y rebajar el riesgo regulatorio en Europa; por otro, la cámara junto a la IA es justo lo que diferencia al producto de unos auriculares o de unas gafas normales. La clave a vigilar es qué funciones de IA sobreviven sin cámara y a qué precio sale.
  • La moderación desigual es el punto más frágil del relato de Bosworth: si Meta dice que son cuatro malos actores pero la retirada de contenido de acoso es irregular, cada caso que se le escape desmiente su propio argumento. Señal concreta que seguir: qué deciden Noruega y la fiscalía francesa, porque una norma europea específica para gafas con cámara sería un golpe mucho mayor que cualquier polémica en redes.
  • Ojo con el tamaño real del asunto: las gafas son hoy una parte pequeña del negocio de Meta, que sigue viviendo de la publicidad, así que el impacto en las cuentas a corto plazo es limitado aunque el ruido sea enorme. El catalizador inmediato es el Connect del 23 de septiembre: si allí hay producto nuevo y avances de IA, el foco se desplaza de la privacidad al hardware; si no lo hay, la polémica seguirá llenando titulares.

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