Meta presenta sus gafas de realidad virtual: más ligeras y baratas que las de Apple, pero con el mismo reto

Meta enseña en su conferencia Meta Connect unas gafas de realidad virtual de 100 gramos y 1.300 dólares que llegan en primavera, con su agente de IA Muse dentro. El objetivo de fondo: que dejemos de depender del iPhone.
Meta ha vuelto a la carga con la realidad virtual. En su conferencia anual para desarrolladores, Meta Connect, la compañía ha presentado una nueva versión de sus gafas de realidad virtual, que saldrán a la venta la próxima primavera. No es el mismo metaverso que Mark Zuckerberg vendía en 2021, pero la meta final sigue siendo parecida: sustituir el aparato que llevamos en el bolsillo. Las nuevas gafas pesan unos 100 gramos y costarán 1.300 dólares, muy por debajo de las Apple Vision Pro, que pesan 600 gramos y cuestan 3.700 dólares. El propio periodista de Business Insider Peter Kafka las probó y asegura que la diferencia con las de Apple se nota nada más ponérselas, aunque también admite que le costó encontrar motivos para usarlas a diario, igual que le pasó con las Vision Pro.
Las gafas no fueron lo único que se vio en el evento. Meta también actualizó sus polémicas gafas con inteligencia artificial y anunció acuerdos con Disney y otros socios para ampliar el contenido de entretenimiento disponible en sus nuevos dispositivos. Además, la compañía presentó Muse, su nuevo agente personal de IA, que va muy integrado en las gafas de realidad virtual y que también tiene su propio aparato del tamaño de la palma de la mano, llamado Charm, en el que el usuario puede hablar. Charm debería estar listo para las fiestas navideñas.
El movimiento tiene una lectura de fondo que va mucho más allá del hardware. Meta quiere que el usuario viva dentro de su propio mundo: gafas de realidad virtual, Muse, Instagram, Facebook y WhatsApp, todo sin salir de casa. Y no es la única. Que tantísima gente viva pegada a su iPhone es un fastidio enorme para las grandes tecnológicas, porque le da a Apple una ventaja brutal: hoy cualquier empresa que quiera llevar su producto de IA al gran público sigue dependiendo del teléfono de Apple para hacerlo. Es como ser el único puente de peaje sobre un río entre dos ciudades grandes: aunque la carretera sea mala y haya atascos, sigue siendo la única forma de llegar. La IA se percibe como la excusa perfecta para replantearlo todo y construir un camino propio: OpenAI fichó al mítico diseñador de Apple Jony Ive y anima a la gente a cambiar su forma de usar el móvil, y hay startups que venden "amigos" que se cuelgan del cuello. Meta, por su parte, vuelve al pozo de la realidad virtual después de haber enterrado ya 80.000 millones de dólares en ella.
El problema, como siempre, es convencer a la gente. Los usuarios atraen a los desarrolladores, que construyen las aplicaciones que enganchan a más usuarios; pero nadie viene si no hay cosas interesantes que hacer, y ningún desarrollador pierde el tiempo si no hay gente que vaya a usar sus apps. Es el clásico círculo vicioso, y ni siquiera Apple, la reina del hardware, supo resolverlo con las Vision Pro. A Meta le puede pasar lo mismo, y su propio analista invitado no ve muchos usos inmediatos para las gafas. Así que ese rectángulo en el que probablemente estés leyendo esto parece a salvo. Al menos, por ahora.
El análisis de Salseo
- Meta ataca justo por donde Apple tropezó: peso y precio. Pasar de 600 gramos y 3.700 dólares a 100 gramos y 1.300 lo quita de encima la barrera de entrada, pero no el problema de fondo del Vision Pro, que nunca fue el precio sino que nadie sabía para qué usarlo a diario. Abaratar un producto sin uso claro no crea el uso.
- El objetivo real no son las gafas, es romper el peaje de Apple. Mientras cualquier app o servicio de IA tenga que pasar por el iPhone, Apple se queda con una comisión y con el control de la relación con el cliente. Si Meta consigue que Muse, Instagram, Facebook y WhatsApp funcionen dentro de su propio ecosistema de hardware, deja de pagar ese peaje; es una jugada defensiva contra el poder de distribución de Apple, no un capricho tecnológico.
- La señal concreta que hay que vigilar es el número de desarrolladores que se suben al carro y el catálogo que traen los acuerdos con Disney y compañía. Si en los próximos meses no aparecen apps y contenidos que justifiquen ponerse las gafas, el lanzamiento de primavera se quedará en anécdota. Un evento, un dato: cuántas aplicaciones nuevas se anuncian para las gafas antes de que salgan a la venta.
- Ojo con el coste: Meta ya lleva 80.000 millones de dólares invertidos en realidad virtual y esta nueva apuesta se suma a esa factura, que sigue lastrando las cuentas de su división de Reality Labs. La publicidad es hoy lo que sostiene el negocio y que la realidad virtual despegue o no apenas cambia esa tesis a corto plazo; lo que sí puede moverla es cuánto más está dispuesta la compañía a seguir quemando dinero en un producto que aún no ha convencido a los usuarios.