Meta prepara gafas sin cámara: la lección que Google aprendió con Glass

Meta trabaja en una versión sin cámara de sus gafas inteligentes, según un informe, para captar al público que rechaza ser grabado. Es la misma pared social con la que chocó Google hace más de una década.
Meta estaría desarrollando una variante sin cámara de sus gafas inteligentes con IA, según un informe publicado esta semana por The Information. La compañía no ha querido comentar esa información cuando ha sido contactada. La idea, según ese medio, no es abandonar las gafas con cámara, que seguirían vendiéndose, sino dar más opciones al cliente: un modelo más sencillo y, previsiblemente, menos polémico que el actual.
El precedente es inevitable: Google Glass. En 2012, el cofundador de Google Sergey Brin se lanzó en paracaídas con aquellas gafas puestas grabando un vídeo de calidad mediocre, y el producto fracasó poco después. Al público no le hizo gracia la idea de ser filmado, aunque los móviles con cámara llevaban años en los bolsillos de todo el mundo. De hecho, un antiguo compañero del autor del artículo fue agredido en un bar de San Francisco por llevarlas puestas. Meta lo ha hecho mucho mejor: sus Ray-Ban con IA se han vendido bien gracias a la inteligencia artificial, a un diseño más parecido a unas gafas normales y a funciones que la gente usa de verdad. Su anuncio emitido durante el Abierto de Estados Unidos, en el que una mujer graba un peloteo girando la cabeza mientras el resto del público lo hace con el móvil, fue un buen ejemplo de ese mensaje de "estar en el momento". Pero Meta sigue chocando con la misma incomodidad social que Google vivió hace más de diez años.
De ahí el interés de un modelo sin cámara. Tiene contrapartidas claras: se pierde la identificación visual de lo que tienes delante (malas noticias para los turistas) y se van por la borda funciones muy atractivas, como grabar sin usar el teléfono. A cambio, se esquiva buena parte de la controversia del mundo real. Es tentador decir que Meta debería haber empezado por ahí, pero conviene recordar que Amazon ya lo intentó con sus Echo Frames, unas gafas sin cámara conectadas a Alexa, antes de que saliera el primer modelo de Meta. El problema es que Alexa funcionaba regular en aquella época y casi nadie ha oído hablar de esas gafas: Meta es hoy el líder claro de la categoría, así que aquella apuesta temprana por la cámara, en buena medida, le ha salido bien.
Un diseño sin cámara conserva usos interesantes: escuchar música sin aislarte como hacen los auriculares, preguntar cosas a la IA sin sacar el móvil y, presumiblemente, unas gafas más estilizadas. Pero el artículo sostiene que arrastrarán igualmente la mochila reputacional de las gafas con cámara, y ese genio es mucho más difícil de devolver a la botella. Meta lo está intentando con campañas de comunicación y medidas creativas contra quienes usan las gafas para incomodar a otros, aunque los resultados de su ofensiva contra los vídeos grabados a escondidas no están siendo todo lo buenos que cabría esperar. Quitarse la etiqueta de "gafas de pervertido" no será fácil. En cualquier caso, lanzar un modelo sin cámara cinco años después de sus primeras gafas inteligentes es cubrirse las espaldas, algo coherente con una empresa que ya vende varias configuraciones de wearable con distintos niveles de tecnología dentro: por ejemplo, las Meta Ray-Ban Display, más caras, más voluminosas y con pantalla integrada.
Al final, la pregunta de fondo es si la gente llegará a sentirse cómoda en masa con una cámara en la cara. Es posible. Google se llevó un "no" rotundo hace doce años; Meta ha movido la aguja hasta un "quizá". Atender también al público que dice "no" tiene todo el sentido: las normas sociales cambian. A mucha gente le repelía la idea de meter a Jeff Bezos en su dormitorio con un altavoz siempre escuchando, y Amazon ha vendido más de 500 millones de dispositivos con Alexa. Hasta Apple, famosa por su defensa de la privacidad, está empezando a coquetear con funciones del Apple Watch que escuchan de forma continua.
El análisis de Salseo
- El freno de las gafas inteligentes no es tecnológico, sino social: la cámara genera rechazo aunque el móvil grabe igual. Un modelo sin cámara permite a Meta vender en sitios donde hoy es un veto (oficinas, colegios, transporte público o países con normas restrictivas) sin canibalizar el modelo con cámara, ampliando el mercado en lugar de repartirlo.
- Para Meta esto es una cobertura sobre un negocio que todavía pesa poco: sus ingresos siguen dependiendo de la publicidad, y las gafas son una apuesta de futuro, no el motor de las cuentas. Conviene no confundir titulares sobre un producto no confirmado con un impacto real en los resultados.
- La señal a vigilar no es el rumor, sino dos cosas concretas: si el lanzamiento se confirma con precio y fecha, y cómo evoluciona la regulación sobre grabación en espacios públicos y privados. Si las prohibiciones se multiplican, los modelos sin cámara pasan de ser un extra a ser la puerta de entrada a ciertos mercados.
- Ojo con la lectura contraria que apunta el propio artículo: sin cámara se pierden las funciones más llamativas (grabar, identificar objetos), así que puede quedarse en un producto de nicho como los Echo Frames de Amazon. Y aunque no grabe, heredará el estigma de la categoría, un problema de reputación que no se arregla solo con cambiar el hardware.