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¿Te ha grabado hoy alguien con unas Meta Glasses? ¿Seguro?

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¿Te ha grabado hoy alguien con unas Meta Glasses? ¿Seguro?

Las gafas inteligentes de Meta se venden como rosquillas, pero cada vez hay más denuncias de grabaciones secretas tras desactivar el LED de aviso. El escándalo pone contra las cuerdas a la compañía de Zuckerberg.

¿Alguien con unas Meta Glasses te ha grabado hoy sin que te enteraras? La pregunta ya no es tan descabellada. El problema no son las gafas en sí, sino que el pequeño LED que avisa de que estás grabando se puede desactivar con un sencillo truco. Y hay todo un negocio (fácil de encontrar online) dedicado a ello. Un vendedor llamado Ghost Metas presume de haber modificado un centenar de gafas en apenas 15 o 20 minutos cada una, usando cinta de pintor, un taladro y un poco de resina. Resultado: la cámara graba, pero nadie lo sabe.

El éxito de estas modificaciones crece en paralelo al de las propias gafas. Meta vendió unos 7 millones de unidades solo en 2025, casi el triple que en 2023 y 2024 juntos. Celebridades como Chris Hemsworth o Teyana Taylor las promocionan, y Kylie Jenner ha sacado su propia línea con la compañía, las Starfire, por 399 dólares. Pero el uso real dista mucho del anuncio: hay hombres grabando a mujeres en la playa, en la calle o incluso dentro de sus casas sin permiso, y los vídeos acaban en redes sociales para humillar a las víctimas. También hay casos de vídeos racistas en establecimientos regentados por mujeres asiáticas.

Meta asegura que el LED está ahí para proteger la privacidad y que el sistema no graba si se tapa el sensor. Pero Ghost Metas demuestra que es fácil saltarse esa protección. El propio vendedor reconoce que la mayoría de sus clientes son hombres, aunque también dice que muchos padres quieren grabar a sus hijos sin que la lucecita les distraiga, y que hay repartidores que buscan protegerse ante denuncias falsas. Aun así, el riesgo de abuso es evidente, y ya hay una demanda colectiva contra Meta por sus promesas de privacidad. El abogado Ryan Clarkson, uno de los que lideran la demanda, lo resume así: estamos ante un salto en la erosión de nuestros derechos de privacidad, vendido como tecnología que va a enriquecer nuestras vidas.

Lo más inquietante es que, incluso con el LED funcionando, es muy difícil detectarlo desde lejos, y mucha gente ni siquiera sabe cómo funcionan estas gafas. Meta, que ha posicionado sus lentes como el futuro que sustituirá al móvil, presume de que graban la vida tal y como es, pero esa misma naturalidad es la que alimenta el miedo a ser espiado sin saberlo. La pregunta de si alguien te ha filmado hoy sin permiso deja de ser teoría para convertirse en una amenaza real.

El análisis de Salseo

  • El truco del LED roto deja en evidencia la principal garantía de privacidad de Meta y convierte una demanda colectiva en un riesgo legal mucho más serio de lo que parece: si se demuestra que la compañía sabía que el sistema era fácil de saltar, las indemnizaciones y las multas podrían ser millonarias.
  • Las cifras de ventas son el verdadero problema de fondo: con 7 millones de gafas vendidas solo en 2025, el abuso deja de ser un caso aislado y se convierte en un problema de escala. Cada par que se modifica es una bomba de imagen para Meta justo cuando quiere que las gafas sean el sustituto del móvil.
  • Ojo a la lectura contraria: la polémica también puede ser un acicate para que Meta endurezca el diseño (por ejemplo, haciendo imposible desactivar el aviso por software) y lo venda como una mejora de privacidad. Si la demanda acaba en un cambio de producto, la noticia podría incluso reforzar la confianza a largo plazo.
  • El verdadero termómetro a vigilar no es solo la demanda, sino si los consumidores empiezan a asociar Meta Glasses con espionaje. Si eso pasa, las ventas de las gafas (el gran éxito reciente de la compañía) podrían frenarse en seco, y ahí sí que hablaríamos de un impacto material en los ingresos.

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Fuente: The Guardian