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Muse convence donde el metaverso falló: Meta quiere su próxima plataforma

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Muse convence donde el metaverso falló: Meta quiere su próxima plataforma

Meta sale de su evento Connect con una sensación muy distinta a la del metaverso: un asistente de IA que la gente ya usa para tareas reales y unas gafas de realidad virtual que, por primera vez, parecen útiles. El reto ahora es convertirlo en una plataforma de verdad.

En el marco de su evento Meta Connect, celebrado esta semana, Meta ha vuelto a poner sobre la mesa su doble apuesta por la inteligencia artificial y la realidad virtual. Según el relato de Pranav Dixit, periodista de Business Insider que estuvo presente y compartió sus impresiones, la mayor sorpresa no fue un anuncio grandilocuente, sino lo bien que funcionan las nuevas gafas de realidad virtual (VR) que la compañía prepara: no llegarán hasta la primavera de 2027, costarán alrededor de 1.300 dólares y pesan unos 100 gramos, así que de momento no son un producto para el gran público.

Tras media hora de uso, cuenta, se pueden ver películas en 3D, jugar a Beat Saber o emparejar las gafas con un portátil para tener tres monitores virtuales gigantes flotando delante de los ojos. A los pocos minutos el usuario deja de pensar en el aparato y simplemente lo usa. Su conclusión fue que Meta ha recorrido un camino enorme con este producto y que es lo que, en su opinión, Apple debería haber lanzado en lugar de sus Vision Pro.

El otro protagonista es Muse, el asistente de inteligencia artificial de Meta. Este periodista lo utiliza ya para tareas bastante complejas: reservar un libro en la biblioteca, enviar un ebook a su Kindle o resolver pequeños recados que, de otro modo, obligarían a saltar de una aplicación a otra. Su sensación es que se parece menos a un chatbot y más a un asistente personal. Meta lo está integrando en todas sus gafas y firmando acuerdos para que pueda reservar vuelos, pedir la compra o comprar productos, con una hoja de ruta que se despliega en tiempo real. La función que lleva Muse a las gafas todavía no está disponible: la compañía dice que llegará en las próximas semanas y aún no se sabe cómo se comportará en el mundo real.

La diferencia de fondo con el metaverso es que aquel concepto nunca quedó claro del todo: ¿era un mundo virtual gigante en el que se supone que íbamos a convivir? Para probarlo había que comprar un casco caro y ponérselo en la cara. Muse es lo contrario: un producto que existe hoy, vive en el móvil y hace cosas. Sobre todo, resuelve un problema que la gente ya tiene (esos pequeños recados digitales que nadie quiere hacer), mientras que el metaverso pedía cambiar de hábitos. Muse se adapta a los hábitos que ya existen y simplemente los hace más fáciles.

¿Puede convertirse Muse en una plataforma de primer nivel, como iOS o Google Search, con una base enorme de usuarios y desarrolladores? Hay potencial, pero es muy pronto para decirlo. Meta juega con una ventaja difícil de replicar: la distribución, porque ya tiene a miles de millones de personas usando WhatsApp, Instagram, Facebook y Messenger cada día, y está metiendo Muse en todos esos productos y en sus gafas. Ahora bien, construir un buen producto de IA no es lo mismo que construir el próximo iPhone: esas plataformas lo son porque millones de desarrolladores, empresas y consumidores montaron su vida alrededor durante años. La prueba de fuego será si Muse se convierte en algo que se usa decenas de veces al día sin pensarlo. Y quedan dos dudas sobre la mesa: el riesgo de plataforma (Muse vive todavía en iOS y Android, y si Apple o Google consideran que los agentes de IA son una amenaza competitiva, pueden cambiar las reglas de la App Store o del sistema operativo) y el ritmo real de adopción.

El análisis de Salseo

  • La diferencia con el metaverso no es tecnológica, es de hábito: el metaverso pedía comprar un casco y cambiar de comportamiento, mientras Muse se cuela en recados que ya haces (reservar, enviar un archivo, pedir la compra). Por eso su adopción es mucho más plausible, y por eso la métrica que de verdad importa no es cuánta gente lo prueba, sino cuántas veces al día se usa sin pensar.
  • El gran activo de Meta aquí es la distribución: WhatsApp, Instagram, Facebook y Messenger le dan miles de millones de usuarios a los que colocar Muse sin gastar en captarlos uno a uno. Pero eso no convierte a Muse en plataforma: iOS y Google Search lo son porque millones de desarrolladores y negocios construyeron encima durante años, y eso es lo que aún no existe.
  • El techo de Muse tiene nombre: iOS y Android. Hoy vive en plataformas ajenas, y si Apple o Google ven los agentes de IA como una amenaza, pueden cambiar las reglas de la tienda de aplicaciones o del sistema a mitad de partida. Ahí está la clave de por qué las gafas importan tanto para Meta: son su vía para tener hardware y sistema propios donde nadie le modifique las reglas.
  • Ojo con el calendario: las gafas no llegan hasta 2027 y a unos 1.300 dólares no son producto de masas, así que a corto plazo no mueven las cuentas. La señal útil es más próxima y más pequeña: ver si la llegada de Muse a las gafas en las próximas semanas funciona en el mundo real y si los acuerdos para reservar vuelos o pedir la compra convierten al asistente en algo cotidiano o se quedan en simple demostración.
  • El paralelismo con el metaverso también advierte de lo contrario: Meta ya demostró que puede generar mucho ruido con un producto que nadie acaba usando. Que Muse sea útil hoy no garantiza que genere dinero mañana; el negocio llegará cuando capte transacciones (vuelos, compras, reservas) y no solo conversaciones.

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