Wall Street se divide sobre Muse, el agente de IA de Meta: ¿nueva fuente de ingresos?

El agente de IA Muse llega al puesto 3 de la App Store de EE.UU. en dos días y JPMorgan sube el precio objetivo de Meta a 820 dólares, pero Oppenheimer duda de que vaya a mover de verdad las cuentas de la compañía.
Meta ha puesto en el centro de la conversación a Muse, su nuevo agente de inteligencia artificial, un producto que no se limita a conversar: está diseñado para hacer tareas por el usuario, como comprar online, planificar viajes, comprar entradas, pedir cita, gestionar el calendario o enviar correos y mensajes. El interés inicial ha sido fuerte: según JPMorgan, Muse llegó a alcanzar el puesto número 3 de la lista de aplicaciones más descargadas de la App Store de Estados Unidos en sus dos primeros días de vida. Aun así, la acción de Meta cotizaba sin cambios en los 653 dólares, cediendo las ganancias que había llegado a acumular durante la sesión.
Ese tirón inicial ha servido para reforzar la tesis alcista sobre la estrategia de IA de la compañía. El analista de JPMorgan Doug Anmuth ha elevado su recomendación sobre Meta de Neutral a Sobreponderar y ha disparado su precio objetivo desde los 640 hasta los 820 dólares. Su argumento es que Meta todavía tiene un recorrido al alza importante porque está en las primeras fases de lanzamiento de sus modelos de frontera y de productos de IA más allá de la publicidad. Pero el éxito de descargas, por sí solo, no responde a la pregunta que de verdad importa a los inversores: cuánto dinero puede generar Muse.
Ahí es donde las opiniones se separan. JPMorgan ve varias vías para monetizarlo: aunque generar ingresos no es la prioridad inmediata, Meta podría acabar cobrando comisiones o un porcentaje por las transacciones que cierre el agente, además de vender suscripciones, y sumar el acceso a su API de modelos como otra pata del negocio. Eso daría a Meta exposición a una economía de la IA más amplia que su negocio publicitario tradicional. Oppenheimer, en cambio, se muestra mucho más frío: su analista Jason Helfstein mantiene una nota de "Perform" (rendimiento en línea con el mercado) y asegura que la firma no considera a Muse un "cambio de juego", sobre todo porque muchos usuarios ya están pagando por productos competidores como Gemini de Google o ChatGPT de OpenAI.
A la duda sobre el dinero se suma la de la confianza. Para actuar en nombre del usuario, un agente como Muse necesita acceso a cuentas y datos sensibles, y Oppenheimer señala precisamente la reticencia de los consumidores a compartir contraseñas y permisos amplios con Meta. Sin ese acceso, su utilidad para el comercio electrónico y otros servicios online se queda muy limitada. El historial de Meta en materia de privacidad añade otra capa al debate, y las pruebas prácticas que hizo The Verge también encendieron alertas sobre la cantidad de información personal a la que Muse puede llegar a acceder a través de los servicios propios de Meta y de terceros. El reto, por tanto, no es solo que el agente sepa hacer tareas, sino que el usuario se sienta cómodo dejándole hacerlas.
La película, en el fondo, es sencilla de resumir: Meta ha demostrado que puede atraer usuarios hacia su agente de IA en cuestión de días, pero todavía no ha demostrado que pueda cobrarles por ello. Si Muse convierte el uso en ingresos reales —vía comisiones, suscripciones o API—, la compañía tendría una historia de crecimiento nueva más allá de la publicidad. Si se queda en una app gratuita y muy usada pero poco rentable, el mercado volverá a valorar a Meta como lo que ha sido hasta ahora: una gran máquina de anuncios.
El análisis de Salseo
- Llegar al top 3 de la App Store es relativamente barato para una empresa con miles de millones de usuarios: mide curiosidad, no negocio. Lo que de verdad movería la tesis es ver ingresos que no vengan de la publicidad, y eso aún no existe: las comisiones por transacción, las suscripciones y el acceso a su API son hoy una promesa, no una cifra.
- El cuello de botella de Muse es la confianza, no la tecnología. Para comprar, reservar o gestionar el calendario, el agente necesita acceso a cuentas y contraseñas, y ahí Meta arrastra su historial en privacidad. Si el usuario no se atreve a darle las llaves, Muse se queda en un asistente simpático que no cierra operaciones.
- La competencia no es una app cualquiera: es Gemini y ChatGPT, productos por los que mucha gente ya paga. El riesgo real no es que Muse no funcione, sino que canibalice tiempo de uso dentro de las apps de Meta sin aportar caja nueva, dejando el escenario 'solo publicidad' intacto.
- Qué vigilar: los próximos resultados trimestrales de Meta, si anuncian por fin precios o plan de suscripción para Muse y si aparecen comisiones o datos de ingresos ligados al agente. Esa es la señal que separará la narrativa del negocio real.