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Meta lanza unas Ray-Ban sin cámara tras el apodo de las 'gafas de pervertido'

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Meta lanza unas Ray-Ban sin cámara tras el apodo de las 'gafas de pervertido'

Meta presenta unas gafas inteligentes sin cámara por 349 dólares y sigue vendiendo los modelos que graban, mientras crecen las quejas por el uso indebido de las anteriores.

Hace solo un año, las Ray-Ban con cámara de Meta parecían el siguiente gran paso de la informática personal después del móvil. Se habían vendido millones, los influencers las lucían para grabar vídeos de cocina, aperturas de paquetes o documentales de viaje, y la compañía parecía haber encontrado por fin un gadget de éxito más allá del teléfono. Un año después, la foto es muy distinta.

A medida que crecían las ventas de esas gafas de unos 300 dólares, empezaron a llegar historias incómodas. Hombres que se acercaban a molestar a mujeres en gimnasios, baños o vestuarios mientras las grababan sin que ellas lo supieran, usando las gafas como cámara oculta. El resultado: cada vez más tiendas y restaurantes colgaron carteles prohibiendo las Ray-Ban de Meta en sus locales, y el producto se ganó un apodo poco halagüeño: las 'gafas de pervertido'.

El miércoles, Mark Zuckerberg presentó las Ray-Ban Meta Audio, un nuevo modelo sin cámara que se vende por 349 dólares y que se centra en los micrófonos para hablar con el asistente de inteligencia artificial de Meta. En su intervención durante la conferencia de desarrolladores de la compañía en Menlo Park (California), el directivo vendió la ausencia de cámara —la característica estrella de las gafas anteriores— como una ventaja: sin cámara se abren nuevas posibilidades de diseño, pueden parecerse a cualquier otra gafa, ser más ligeras y finas y ofrecer la mejor batería de toda la familia. La lectura menos amable es que se trata de una retirada discreta de su gran apuesta.

Las nuevas gafas pueden hacer llamadas y reproducir música, igual que su predecesora con cámara, y Meta seguirá vendiendo las versiones que sí graban. La compañía también estrenó un modo privado para que los usuarios interactúen con su IA en un entorno seguro al que no puedan acceder empleados de Meta, pero no anunció ninguna salvaguarda nueva para evitar que alguien grabe a otras personas de forma inapropiada. Ese es, precisamente, el punto que sigue sin resolverse.

Para el inversor, la noticia toca una de las grandes apuestas de futuro de Meta: los dispositivos que llevamos encima y que sirven de puerta de entrada a su IA. Que el fabricante dé un paso atrás en la función más llamativa de su producto dice mucho de dónde está el verdadero problema: no en la tecnología, sino en cómo la usan (y la sufren) los demás.

El análisis de Salseo

  • Quitar la cámara es renunciar al gran diferenciador de las gafas, pero deja claro cuál es el negocio que Meta persigue: que hables con su asistente de IA durante todo el día. El valor no está en grabar, está en ser la interfaz por la que la IA te escucha y te responde, algo que le sirve para recopilar contexto y enganchar al usuario a su ecosistema.
  • El freno real no es regulatorio, es social y ya está aquí: carteles de prohibido en locales y un apodo que ridiculiza el producto. Eso afecta directamente a la adopción en un mercado como el estadounidense, donde las gafas se llevan a diario. Que Meta no anunciara nuevas protecciones contra grabaciones indebidas sugiere que prefiere no tocar el modelo con cámara, que seguirá vendiendo en paralelo.
  • El precio sube: 349 dólares por el modelo sin cámara frente a los 300 de las gafas que graban. La prueba de fuego es si el público paga más por menos funciones solo por hablar con la IA. Si las ventas de este modelo funcionan, Meta confirma que su futuro pasa por el asistente; si no, se queda con un producto a medias entre dos mundos.
  • La carrera de las gafas inteligentes ya no se juega en el hardware, sino en la calidad del asistente y en la confianza del usuario. Meta ha tenido que añadir un modo privado para que no se dude de qué hace con lo que capta su IA, y ahí competirá con otros gigantes tecnológicos que también quieren colocar su dispositivo en tu cara.

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Fuente: NYTimes