Alianzas

Moët Hennessy, Analog Devices y UC Davis usan IA para anticipar defectos del vino

·PositivoImpacto bajo
Moët Hennessy, Analog Devices y UC Davis usan IA para anticipar defectos del vino

Moët Hennessy, Analog Devices y la Universidad de California Davis se alían para aplicar sensores e inteligencia artificial a la detección temprana de defectos y riesgos de calidad en el vino, empezando por el temido aroma a champiñón fresco.

Moët Hennessy, la división de vinos y destilados del grupo LVMH, la compañía de semiconductores Analog Devices (ADI) y la Universidad de California en Davis (UC Davis) han anunciado una colaboración conjunta para llevar al mundo del vino una nueva generación de tecnología capaz de detectar e interpretar las llamadas "firmas químicas" que emiten las vides, el mosto y el vino. El anuncio se hizo público el 7 de octubre desde París y desde Wilmington (Massachusetts), sede de ADI, y busca mejorar la calidad del vino y apoyar la supervivencia a largo plazo de los viñedos.

La tecnología no parte de cero: nace de investigaciones tempranas en el Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT) y hoy ADI la sigue desarrollando para analizar firmas químicas en multitud de aplicaciones. Esas firmas son, en cristiano, los compuestos volátiles que los seres vivos emiten y que funcionan como una especie de "huella química". El primer gran logro de la colaboración ha sido anticipar el llamado Fresh Mushroom Aroma (FMA), un defecto aromático que recuerda al champiñón fresco y que es uno de los problemas de calidad más difíciles de gestionar en la industria. Los investigadores del centro Robert-Jean de Vogüé, de Moët Hennessy, han construido una biblioteca única de muestras y datos con la que entrenar algoritmos de aprendizaje automático para reconocer las señales químicas asociadas a ese riesgo.

Por primera vez, el sistema ha identificado muestras con alta probabilidad de desarrollar FMA en una fase muy temprana, bastante antes de que el defecto se detecte por los métodos tradicionales. La clave está en cómo funciona: en lugar de buscar únicamente condiciones predefinidas, la plataforma de sensores e inteligencia artificial de ADI analiza un amplio espectro de información química y aprende por sí misma qué señales son las importantes, revelando patrones que de otro modo pasarían desapercibidos. Eso abre la puerta a una gestión de la calidad mucho más proactiva, con intervenciones más tempranas. Más allá del FMA, las tres entidades ven aquí una plataforma escalable al análisis de sistemas vivos: ya se investiga la detección precoz de enfermedades de la vid, la evaluación de suelos y otros defectos, especialmente los ligados al cambio climático y a fenómenos como los incendios.

La idea declarada es apoyar, no sustituir, al criterio humano. La herramienta está pensada para dar a investigadores, viticultores y enólogos más información y contexto, preservando el oficio y la experiencia que siguen siendo el corazón de un vino excepcional. Manuel Reman, miembro del comité ejecutivo de Moët Hennessy y responsable de I+D, lo describe como "el comienzo de un nuevo capítulo" en el que se puede leer el "lenguaje químico" de la uva y el vino para anticipar riesgos antes de que sean visibles. Max Shulaker, responsable de ADI Health Solutions, la unidad de ADI centrada en soluciones con IA para la salud de las personas y del planeta, incide en lo mismo: la tecnología permite pasar de reaccionar ante los problemas a anticiparlos.

A nivel de negocio, la operación va más allá del vino. ADI ha dejado claro que su intención es poner esta plataforma tecnológica a disposición del mercado para futuras aplicaciones industriales, y Moët Hennessy y UC Davis exploran cómo compartir esas bibliotecas de referencia para beneficio de todo el sector del vino y la uva. Es, en resumen, un acuerdo internacional que une tecnología, inteligencia artificial y ciencias de la vida, con el vino como primer escaparate de algo que aspira a ser mucho más grande.

El análisis de Salseo

  • Para ADI esto no va de vender chips para viñedos: es la prueba pública de que su plataforma de sensores con IA sirve fuera del chip tradicional. ADI Health Solutions quiere extender ese análisis de firmas químicas a la salud y a la industria alimentaria, y el vino funciona como escaparate de prestigio (y con un socio con dinero) para demostrar que la tecnología es real.
  • El mecanismo es lo interesante y explica por qué es distinto a un simple test de laboratorio: en lugar de buscar una lista cerrada de compuestos, el sistema aprende de datos químicos complejos y decide qué señales importan. Eso lo hace reutilizable para cualquier proceso biológico que emita una huella medible: enfermedades de la vid, estado del suelo o daños por incendios, que es justo donde el cambio climático aprieta al sector.
  • Cuidado con el titular: es un acuerdo de I+D sin cifras económicas ni plazos de ingresos anunciados. A corto plazo no mueve las cuentas de ADI, y la señal a vigilar es otra: si ADI consigue licenciar la plataforma a terceros, como ha dicho que pretende, ahí estaría el negocio de verdad, más allá de las bodegas francesas.
  • La letra pequeña que el titular no cuenta: el activo valioso puede no ser el sensor, sino la biblioteca de muestras y datos que Moët Hennessy ha construido durante años para entrenar los algoritmos. Sin datos etiquetados de calidad, un competidor no replica esto aunque compre el hardware, y que las tres partes hablen de compartir esas librerías abre la duda de quién se queda con esa ventaja a largo plazo.

Empresas mencionadas

Fuente: PRNewsWire