Multa récord a Uber: 966 millones por suspender conductores con algoritmos

La DPA de Países Bajos sanciona a Uber con 825 millones de euros por desactivar cuentas de conductores mediante sistemas automáticos sin informarles adecuadamente. La empresa anuncia que recurrirá la decisión.
La autoridad neerlandesa de protección de datos (AP) ha impuesto a Uber una multa de 825 millones de euros (unos 966 millones de dólares) por vulnerar el Reglamento General de Protección de Datos (GDPR) de la Unión Europea. Según la decisión del 17 de agosto, revisada por Reuters, la compañía desactivó cuentas de conductores mediante sistemas automatizados entre 2020 y 2022 sin informarles de forma adecuada. Se trata de la segunda multa más alta dictada bajo el GDPR, solo por detrás de los 1.200 millones de euros que Irlanda impuso a Meta en 2023 por transferir ilegalmente datos de usuarios europeos a Estados Unidos, una sanción que también está recurrida.
El caso se originó por una queja en Francia y acabó en Países Bajos porque la sede europea de Uber está en Ámsterdam. La AP determinó que la empresa suspendió temporalmente a conductores sospechosos de fraude, por ejemplo cuando sus sistemas concluían que habían dado rodeos innecesarios para inflar las tarifas o que habían aceptado viajes sin intención de completarlos. También hubo suspensiones permanentes de conductores con valoraciones bajas. El problema, según el regulador, es que estas decisiones se tomaban de forma automática sin dar a los conductores información suficiente ni una vía real para impugnarlas.
El GDPR prohíbe que una decisión con un impacto significativo en la vida de las personas se tome únicamente por un algoritmo. Exige que haya una revisión humana con sentido y un mecanismo para recurrir. La AP considera que Uber violó el derecho de los conductores a no ser objeto de decisiones automatizadas con consecuencias importantes y también su derecho a ser informados. Por eso, dice el documento, el asunto es lo bastante grave como para justificar una multa de este tamaño.
Uber no se lo toma callado. La compañía asegura que 'discrepa fuertemente' de la decisión y del importe, que considera desproporcionado, y anuncia que recurrirá. Defiende que se toma en serio los derechos de los conductores y que sus políticas actuales incluyen revisiones humanas y oportunidades para disputar las suspensiones. Además, sostiene que ya no toma decisiones de desactivación permanente únicamente a través de sistemas automatizados. La resolución, no obstante, deja en el aire cuánto tendrá que pagar finalmente y qué cambios exigirá el regulador en sus procesos.
Esta multa es un aviso para todo el sector de las plataformas digitales. La Unión Europea lleva años endureciendo la vigilancia sobre cómo las empresas usan los algoritmos para gestionar a trabajadores y usuarios. Si la sanción a Uber se confirma, sentará un precedente que afectará a otras compañías de reparto y movilidad que dependen de la automatización para tomar decisiones sobre sus conductores o repartidores. Para el inversor, el impacto inmediato es limitado: Uber tiene caja para pagar, pero el riesgo regulatorio en Europa sigue siendo una losa sobre su modelo de negocio.
El análisis de Salseo
- La multa no es un simple correctivo: es la segunda más alta de la historia del GDPR y ataca el corazón del modelo de Uber, que usa algoritmos para gestionar a millones de conductores. Si la sanción se mantiene tras el recurso, obligará a la empresa a rediseñar sus sistemas en Europa, con más supervisión humana y más transparencia, lo que encarece su operación.
- El regulador no dice que Uber no tenga humanos en el proceso; dice que el proceso en su conjunto no informaba ni daba opciones reales de recurso. Esa distinción es clave: tener a una persona que revisa no basta si el conductor no sabe por qué le han suspendido ni cómo defenderse.
- El recurso de Uber es el próximo evento a vigilar. Si gana, la multa puede reducirse o anularse; si pierde, el precedente se extiende a otras plataformas de reparto y movilidad que dependen de decisiones automatizadas sobre sus conductores o repartidores.
- Hay una lectura irónica: Uber lleva años invirtiendo en coches autónomos, pero este caso demuestra que el escrutinio regulatorio no se centra solo en la conducción autónoma, sino en cómo sus algoritmos actuales tratan a las personas. La automatización de decisiones laborales es un frente de riesgo tan importante como la tecnología de vehículos.