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Muse contra Gemini: dos formas opuestas de IA y el mercado prefiere a Google

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Muse contra Gemini: dos formas opuestas de IA y el mercado prefiere a Google

Meta quiere que su asistente Muse actúe como un trabajador digital que hace tareas por ti, mientras Google prefiere meter Gemini dentro de las herramientas que ya usas. En Wall Street, de momento, ganan los de Mountain View.

Meta y Google están construyendo dos visiones muy distintas de lo que debe ser un asistente de inteligencia artificial. Meta Platforms (META) desarrolla Muse como un ayudante personal capaz de hacer cosas reales por el usuario: reservar viajes, hacer compras o completar gestiones. Google (GOOGL), en cambio, ha optado por repartir Gemini por todas partes (Búsqueda, Gmail, Workspace, Chrome y Android) para que la IA aparezca dentro de las herramientas que la gente ya utiliza. La diferencia de fondo es clara: Meta quiere que Muse funcione como un trabajador digital personal, mientras que Google quiere que Gemini sea una capa invisible pegada a sus productos de siempre. Aun así, hoy por hoy Wall Street se queda con Google, porque le ve más recorrido a la acción.

Muse está diseñado para ejecutar tareas y seguir trabajando incluso después de que el usuario cierre la aplicación. Cuando llega a un paso que necesita autorización, vuelve a preguntar antes de actuar, recuerda la información personal que el usuario decide compartir y se conecta con un buen número de aplicaciones. Ese poder tiene un problema evidente: la privacidad. Por eso Meta ha añadido controles, como hacer que Muse funcione dentro de un entorno seguro e independiente con su propio navegador, guardar los datos de acceso por separado (puede entrar en cuentas sin ver la contraseña real), exigir aprobación para acciones sensibles y dejar un registro de todo lo que ha hecho. En el lado comercial, Meta puede repartirlo a través de WhatsApp y de la propia app de Muse, con planes de llevarlo más adelante a sus gafas de IA, y monetizarlo con Meta One: los planes de pago desbloquean más funciones de IA en Instagram, Facebook, WhatsApp y Meta AI. El problema es que Muse solo se lanzó en septiembre y todavía tiene que demostrar que la gente se fía de él para gastar dinero y dar acceso a sus cuentas. La presión es alta: Meta se dejó 31.080 millones de dólares en inversiones de capital en el segundo trimestre, lo que exige que sus productos de IA acaben generando ingresos de verdad.

Google parte de una base mucho mayor. La app de Gemini alcanzó los 950 millones de usuarios activos mensuales en el segundo trimestre y da potencia a las funciones de IA de muchos de sus productos principales. Su respuesta más parecida a Muse es Gemini Spark, un agente personal construido sobre Gemini 3.5 y la plataforma de agentes Antigravity de Google, capaz de gestionar tareas del correo, agendar citas y trabajar sobre los servicios de Google conectados; las últimas actualizaciones han añadido conexiones con Chrome y Google Photos. Pero Gemini no se limita a Spark: la Búsqueda incluye agentes que vigilan temas en segundo plano, Workspace lo integra en Docs, Sheets, Slides, Drive y Gmail, Gemini Enterprise permite a las empresas crear y controlar sus propios agentes y los desarrolladores pueden construir los suyos con la API de Gemini. Ese alcance es su gran ventaja: el usuario no tiene que adoptar una app nueva. Y alimenta un argumento interesante, el de que Google no necesita tener el mejor modelo del mercado, sino uno lo bastante bueno para que nadie se tome la molestia de cambiarse. La cara B es que tanta dispersión puede hacer que su oferta de IA parezca más complicada y menos reconocible para el gran público.

En cuanto a lo que piensa el mercado, el consenso de los analistas es de compra fuerte para las dos compañías. El precio objetivo medio de Meta está en 759,43 dólares, lo que implica un potencial de subida de alrededor del 12,3%, mientras que el de Google es de 427,08 dólares, con un recorrido estimado del 23,3%. Es decir, los expertos ven mérito en ambos proyectos, pero consideran que el castigo en la valoración de Google deja más margen. La clave de los próximos trimestres será ver si Meta consigue convertir Muse en confianza (y en suscripciones) y si Google es capaz de que su IA se sienta como un producto y no como una capa repartida por mil sitios.

El análisis de Salseo

  • La verdadera batalla no es de modelos, es de distribución. Google juega con ventaja porque no obliga a nadie a instalar nada: Gemini ya vive dentro de la Búsqueda, Gmail o Android, así que no hay fricción de cambio para el usuario. Meta, en cambio, necesita que la gente adopte Muse de forma activa, aunque tenga el atajo de WhatsApp para repartirlo.
  • El cuello de botella de Muse es la confianza, no la tecnología. Para hacer compras o entrar en cuentas, el usuario tiene que darle acceso a lo más sensible. Meta ha montado un entorno aislado, credenciales separadas y aprobaciones paso a paso, pero basta un solo caso sonado de privacidad para frenar la adopción y atraer la mirada de los reguladores. Ese es el riesgo real que no aparece en el titular.
  • El dato que más aprieta a Meta está en su cuenta de resultados: 31.080 millones de dólares de inversión en el segundo trimestre. Con ese nivel de gasto, Muse y Meta One no son un experimento, son la vía para justificar la factura. La señal a vigilar no es cuánta gente lo prueba, sino cuántos pagan por los planes de suscripción.
  • El matiz que se suele pasar por alto: la dispersión de Gemini es a la vez su fuerza y su debilidad. Al estar en todas partes no se percibe como un producto con marca, y ahí es donde un asistente con identidad propia como Muse o Spark puede robarle protagonismo. Si Google no consolida una cara visible para su IA, su ventaja de escala puede diluirse.

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Fuente: TipRanks