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La nueva guerra de la IA se libra con mascotas adorables: Meta abre fuego

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La nueva guerra de la IA se libra con mascotas adorables: Meta abre fuego

Meta, OpenAI, Anthropic y SpaceX compiten por hacer que sus agentes de inteligencia artificial den ternura, con avatares peludos, peluches y hasta un llavero con forma de Tamagotchi. El objetivo no es estético: quieren derribar el recelo del público hacia la IA.

La próxima gran batalla entre las tecnológicas no se va a decidir solo por quién tiene el modelo de inteligencia artificial más potente, sino por quién consigue que su asistente caiga simpático. Meta Platforms (META) se ha convertido en el ejemplo más visible de esta tendencia: el mes pasado presentó Muse, su agente de IA, acompañado de Jolly, un avatar peludo que el usuario puede personalizar y renombrar a su gusto y que aparece en la parte superior de la interfaz del chat con una animación de escritura mientras procesa las preguntas. La compañía anunció además Muse Charm, un llavero con forma de Tamagotchi que permitirá usar Muse sin necesidad de llevar el móvil encima.

No está sola en esta carrera. Los agentes Dots de OpenAI, lanzados también el mes pasado, dejan elegir entre personajes peludos como Todd, la rana, mascotas digitales o avatares diseñados por el propio usuario. Anthropic repartió esta semana peluches y pegatinas de «Clawd», un guiño al cangrejo pixelado que aparece en su herramienta Claude Code. SpaceX ofrece su Grok Bot con avatares redondeados de ojos cilíndricos, y la startup Manus AI —a la que Meta intentó comprar en su día— permite organizar un equipo de avatares de ojos grandes que incluso expresan emociones. «Queríamos que se sintiera amable y cercano a la vida cotidiana, más que como una herramienta seria», explicó un portavoz de Manus.

Detrás de tanto peluche hay un problema de imagen que las tecnológicas llevan tiempo intentando resolver. La percepción negativa de la IA frena su desarrollo: hay preocupación por el impacto en el empleo y rechazo vecinal a los grandes centros de datos. Andrew Steinwold, socio director de la gestora Sfermion, cree que un avatar personalizable como el de Muse es una forma eficaz de que la gente adopte el producto y se vincule con él, porque el usuario medio ve los chatbots tradicionales como un buscador con esteroides. La clave, dice, es que un compañero digital hace que la IA resulte más tragable y abre la puerta a que demuestre lo que realmente sabe hacer: pedir la compra o reservar una mesa. «Que de repente pueda hacer cosas por ti es una propuesta de valor totalmente distinta a solo responder preguntas», resume.

En China esa fórmula ya ha funcionado. Paulina McPadden, gestora de Baillie Gifford, compara el giro occidental hacia lo mono con el fenómeno viral de «criar una langosta» que arrasó en el país asiático este año: el agente OpenClaw se instaló entre escolares, jubilados y todo lo que hay en medio, con miles de personas acudiendo a eventos para aprender a usarlo y tratándolo como una mascota digital bautizada como «Lobster». La brecha de actitud es enorme: según el índice de IA de Stanford de 2025, el 84% de los encuestados chinos se mostraba entusiasmado con los productos y servicios basados en inteligencia artificial, frente a solo el 38% en Estados Unidos. «Los agentes de consumo parecen haber tardado algo más en despegar en Occidente», admite McPadden.

Que la ternura vende no es ninguna novedad: lo saben bien los fabricantes de juguetes, que viven de que niños y jóvenes coleccionen productos adorables, como demuestran los Squishmallows, los Labubu o los Jelly Cat. Y las tecnológicas llevan tiempo explotándolo: hay estudios que muestran que hacer que asistentes de voz como Alexa de Amazon parezcan más monos aumenta la probabilidad de que el consumidor compre y favorece que cree un vínculo con el aparato. Alexis Yim, profesora de marketing en la Universidad de Radford y coautora de un trabajo sobre este efecto, explica que una apariencia tierna activa las zonas del cerebro ligadas a la recompensa, y que cuando alguien se encariña con su agente es más propenso a seguir sus sugerencias, lo que se traduce en más gasto en los servicios y productos que ese agente recomienda. OpenAI ya ha introducido agentes patrocinados en ChatGPT y la startup Instinct se ha aliado con Shopify para facilitar encontrar y comprar productos. El propio Steinwold avisa de la otra cara: «Eso conlleva mucha responsabilidad». Cuanto más útiles y personalizados son los agentes, más capacidad tienen de influir en lo que hacemos, y la startup Pickle acaba de sumarse a la fiebre, así que la línea entre compañero entrañable y vendedor encubierto se va a estrechar.

El análisis de Salseo

  • Meta no está vendiendo un modelo, está construyendo un embudo: un agente al que el usuario se encariña es un agente cuyas recomendaciones sigue, y ahí es donde encajan los agentes patrocinados que OpenAI ya prueba en ChatGPT. La ternura es la puerta de entrada a que la IA te venda cosas, no un simple adorno de diseño.
  • El llavero Muse Charm es la pieza más arriesgada del paquete: saca la IA del móvil y la convierte en un objeto físico con forma de juguete. Si funciona, Meta se cuela en un negocio de gadgets que no es el suyo y gana presencia fuera de la pantalla; si no, se queda en una anécdota de márketing difícil de justificar ante el inversor.
  • La brecha con China explica la estrategia: allí OpenClaw se convirtió en la 'langosta' que instalaban niños y jubilados y el 84% ve la IA con entusiasmo, frente al 38% en Estados Unidos (Stanford 2025). El cuello de botella de las tecnológicas occidentales no es técnico sino de confianza, y por eso copian tácticas de consumo masivo en lugar de competir solo por potencia.
  • Vigilar el efecto boomerang: cuanto más 'amigo' es el agente, más personalizado está y más capacidad tiene de orientar las decisiones del usuario. Ese poder es justo lo que atrae el escrutinio de reguladores y de las familias, y probablemente acabe obligando a etiquetar con claridad cuándo hay publicidad detrás de una recomendación.

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Fuente: Market Watch