Nvidia y la inflación: el camino de Wall Street sigue lleno de baches

Los últimos datos de inflación subyacente no acercan a la Fed a su meta del 2%, y las dudas sobre Nvidia se suman a la incertidumbre del mercado. Expertos como Kevin Gordon (Schwab) ven señales mixtas que mantienen a los inversores en vilo.
Wall Street arranca el mes con más preguntas que respuestas. Por un lado, la inflación no termina de dar tregua: el índice de precios del gasto en consumo personal (PCE subyacente, el favorito de la Reserva Federal) sigue lejos del objetivo del 2%. Por otro, Nvidia, la gran estrella de la inteligencia artificial, empieza a generar ciertos interrogantes entre los inversores. El resultado: un mercado que avanza a ciegas, sin un rumbo claro, y con la volatilidad como compañera de viaje.
Kevin Gordon, estratega de Charles Schwab, lo resume en pocas palabras: los últimos datos del PCE subyacente no apuntan a que la Fed vaya a alcanzar su meta del 2% a corto plazo, pero tampoco son una bomba que haga saltar por los aires las tendencias inflacionarias. Es decir, ni confirmación de que la inflación está vencida ni señal de que va a repuntar con fuerza. Este limbo es justo lo que menos le gusta al mercado, porque mantiene viva la incertidumbre sobre los próximos pasos de los tipos de interés: si el descenso de precios se estanca, la Fed tendrá excusa para mantenerlos altos durante más tiempo.
Y en ese escenario de tipos altos prolongados, las tecnológicas de alto crecimiento, como Nvidia, son las primeras en sufrir. Sus valoraciones, ya de por sí elevadas, se vuelven más difíciles de justificar cuando el dinero cuesta más. A esto se suman las dudas internas del sector: ¿hasta cuándo las grandes empresas seguirán invirtiendo miles de millones en infraestructura de IA? ¿Rentabilizará todo ese gasto? Los interrogantes sobre Nvidia no son solo sobre sus próximos resultados, sino sobre la sostenibilidad de todo el ecosistema que la rodea.
A la mezcla hay que añadir otros factores que agitan el cóctel: tensiones geopolíticas, datos macro que llegan contradictorios y un mercado que ya ha subido mucho en los últimos meses, con el S&P 500 cerca de máximos. Todo esto hace que los inversores anden con pies de plomo, recogiendo beneficios en los títulos más rezagados y evitando comprometerse con nuevas compras hasta ver un catalizador claro.
En este contexto, el inversor particular tiene dos opciones: dejarse llevar por el ruido o aprovechar la incertidumbre para revisar su cartera. Lo que está claro es que no hay un camino despejado. Los próximos datos de inflación, especialmente el PCE general y el de empleo, serán clave para saber si la Fed tiene margen para recortar tipos o si, por el contrario, tocará esperar. Mientras tanto, Nvidia seguirá siendo el foco de atención, no solo por sus cifras, sino por lo que su evolución dice sobre el apetito del mercado por la IA.
El análisis de Salseo
- La rigidez del PCE subyacente implica que la Fed no tiene prisa por bajar tipos. Para Nvidia y otras tecnológicas de crecimiento, unos tipos altos durante más tiempo significan un mayor coste de capital y, por tanto, valoraciones menos elásticas al alza. Cada dato de inflación que no caiga es un pequeño golpe a la tesis de la IA.
- El mercado está en modo 'esperar y ver': la falta de un shock inflacionario evita el pánico, pero la ausencia de una tendencia clara hacia el 2% impide que los inversores se suelten el pelo. Esto crea un rango de trading estrecho, donde las sorpresas (positivas o negativas) tendrán un impacto desproporcionado en los índices.
- Las dudas sobre Nvidia no son solo sobre sus próximos resultados, sino sobre el gasto en IA de los gigantes tecnológicos. Si los presupuestos de centros de datos se recortan, Nvidia lo notaría antes que nadie. Vigilar las guías de ingresos de los hiperescaladores (Microsoft, Amazon, Google) será más revelador que el propio informe trimestral de Nvidia.
- El dato está en línea con la narrativa de 'transitoriedad', pero el mercado ya había descontado recortes de tipos más agresivos. Cualquier dato de inflación que repunte por encima de lo esperado obligaría a recalcular las expectativas de recortes, y las tecnológicas de alta beta serían las más expuestas a una corrección.