Nvidia, AMD e Intel caen pese al récord de TSMC: la IA ya no lo es todo

TSMC firma un trimestre histórico con 46.710 millones de dólares de ingresos, pero los fabricantes de chips bajan en bolsa: los tipos altos y el petróleo pesan más que la buena demanda.
La escena es rara y muy explicativa de cómo está el mercado ahora mismo. Taiwan Semiconductor Manufacturing (TSMC), el mayor fabricante de chips por encargo del mundo, acaba de presentar un trimestre de récord… y sus principales clientes, Nvidia, AMD e Intel, han cotizado en negativo en la sesión previa a la apertura. Nvidia bajaba alrededor de un 0,8%, AMD un 1,7% e Intel más de un 2%, según recoge Invezz. Cuando una compañía tan determinante presenta cifras históricas y sus vecinas de sector caen, la conclusión es sencilla: que haya mucha demanda de chips ya no basta por sí sola para que la acción suba.
Los números de TSMC son de los que hacen ruido. Ingresó 1,49 billones de dólares taiwaneses, el equivalente a unos 46.710 millones de dólares, un 50% más que en el mismo trimestre del año anterior y por encima de los 1,46 billones que esperaban los analistas. Solo en septiembre facturó 511.860 millones de dólares taiwaneses, con un crecimiento del 54,6%. Además, superó el techo de su propia previsión, que iba de 44.600 a 45.800 millones de dólares. Como TSMC fabrica los chips que diseñan Nvidia, AMD y otros grandes nombres, sus ventas funcionan como termómetro directo de la demanda de inteligencia artificial de última generación. Y el termómetro dice que el ciclo sigue caliente.
Entonces, ¿por qué caen? Por la valoración. El analista Matt Bryson, de Wedbush, señala que la distancia entre las perspectivas de crecimiento de Nvidia y el precio que se paga por ella es cada vez «más difícil de ignorar». Dicho en cristiano: Nvidia cotiza a menos de 20 veces los beneficios que se esperan para el próximo año, mientras que el consenso anticipa un crecimiento de esos beneficios de en torno al 70%. Es decir, el mercado espera que la compañía siga disparándose y aun así la paga por debajo de lo que suele pagar por otras tecnológicas, algo que llama la atención tras haber rondado una valoración de 6 billones de dólares. El debate ya no es si el negocio va bien, sino si el precio que se paga por él deja margen para sorpresas negativas.
A esto se suma un cambio de fondo en el sector: la fiesta deja de depender solo de las tarjetas gráficas. Los analistas empiezan a hablar de la «IA agéntica», programas que trabajan solos en segundo plano y que, a diferencia de un chatbot al uso, están continuamente procesando información, preparando datos, controlando seguridad y coordinando tareas. El analista de Citi, Atif Malik, cree que eso puede multiplicar la necesidad de capacidad de cálculo respecto a los chatbots tradicionales, y por eso el banco elevó su precio objetivo para AMD de 575 a 800 dólares, con la vista puesta en un mercado de procesadores (CPU) que podría acercarse a los 300.000 millones de dólares en 2030. Clientes como Meta, con más cargas de trabajo de este tipo, serían parte del motor. Nvidia sigue mandando en los aceleradores de IA, pero este tipo de uso también dispara la demanda de procesadores, memoria y equipos de red, donde tienen hueco AMD e Intel.
En el caso de Intel, el analista de Mizuho Vijay Rakesh estima que la IA agéntica podría representar cerca del 30% de las CPU vendidas para servidores en 2030, y elevó su precio objetivo de 92 a 114 dólares, aunque mantiene una recomendación neutral: más demanda de procesadores «levanta todos los barcos», y eso beneficia a Intel incluso si AMD le sigue comiendo cuota. El problema, insisten desde el mercado, es lo que cuesta financiar todo esto. El rendimiento del bono estadounidense a 10 años seguía por encima del 5,3% el jueves y el barril de Brent superaba los 104 dólares por las tensiones geopolíticas. Con los tipos altos, un inversor puede ganar más sin asumir riesgo en bolsa, y eso reduce el valor que se asigna hoy a los beneficios que una empresa promete conseguir dentro de varios años. De ahí el choque: mejores fundamentales, pero un dinero cada vez más caro.
El análisis de Salseo
- El mercado ha cambiado el criterio de premio: antes bastaba con vender más chips, ahora manda el precio del dinero. Con el bono a 10 años por encima del 5,3%, cada beneficio futuro vale menos hoy, y eso explica que TSMC bata su propia previsión un 50% arriba y sus clientes caigan igual. Es una señal de que los buenos resultados ya están descontados y hace falta algo más para mover el precio.
- La IA agéntica ensancha el negocio más allá de las tarjetas gráficas de Nvidia. Si los agentes que trabajan solos consumen muchísima más capacidad de cálculo, se dispara también la demanda de procesadores, memoria y redes, donde AMD e Intel sí compiten. La señal concreta a vigilar: cuánto crece el mercado de CPU para servidores y qué dicen clientes como Meta sobre sus despliegues.
- El punto frágil es la valoración de Nvidia: cotiza a menos de 20 veces el beneficio esperado del próximo año mientras el consenso espera crecimientos del 70%. Esa combinación deja poco margen de error: si el crecimiento se queda algo corto, aunque siga siendo enorme, el ajuste puede ser rápido porque el precio ya exigía casi perfección.
- Conviene no olvidar la lectura contraria: que TSMC supere su rango de previsión y crezca un 50% demuestra que el ciclo no se está agotando, y hay casas de análisis (Citi, Mizuho) que están subiendo precios objetivo, no bajándolos. La duda real no es si existe demanda de IA, sino cuánto tarda esa demanda en llegar a los beneficios y cuánto está dispuesto el inversor a pagar por adelantado.