Nvidia apuesta por las 'startups' para sostener el tirón de su acción

Los planes de compra de chips de SpaceX apenas movieron a Nvidia en bolsa, pero la compañía tiene otra baza: una cola de jóvenes empresas de inteligencia artificial a las que respalda y que necesitan sus procesadores.
Nvidia vuelve a estar en el centro de la conversación, aunque esta vez no por un gran contrato sonado. Los planes de compra de chips de SpaceX, la compañía aeroespacial de Elon Musk que no cotiza en bolsa, no han servido para dar un empujón de verdad a la acción del fabricante de procesadores. La falta de reacción dice mucho: el mercado ya da por descontado que Nvidia va a vender muchísimo, así que hace falta algo más gordo que un anuncio de compra para moverla. Pero el titular de fondo es otro: hay una fila de compradores esperando turno, y muchos son start-ups que la propia Nvidia ayuda a financiar.
La estrategia consiste en invertir en jóvenes empresas de inteligencia artificial —las que levantan centros de datos, entrenan modelos o alquilan capacidad de cálculo— y lograr que, al crecer, se conviertan en clientes de sus chips. Es un círculo que se retroalimenta: Nvidia pone dinero, la start-up lo usa para montar su infraestructura y buena parte de esa inversión acaba volviendo a Nvidia en forma de pedidos de procesadores. Para el inversor, la clave es entender que el negocio de la compañía ya no depende solo de los gigantes tecnológicos de siempre, sino de todo un ecosistema de empresas emergentes que, si sobreviven y escalan, se convierten en nuevas fuentes de ingresos.
Ahí está la parte buena y la polémica. Que un fabricante invierta en quienes luego le compran es una forma de asegurarse demanda futura y de fidelizar a los desarrolladores, pero también ha alimentado el debate sobre cuánto de ese negocio es demanda real y cuánto está impulsado por el propio dinero de Nvidia. Si las start-ups dependen de rondas de financiación para pagar los chips, cualquier enfriamiento del apetito inversor o de la fiebre por la inteligencia artificial se notaría antes en estos clientes pequeños que en los grandes. Es el tipo de riesgo que no aparece en los titulares, pero que conviene tener en el radar.
De cara a los próximos meses, la señal a vigilar está en las cuentas trimestrales: cuánto crece el negocio de centros de datos, si aparecen compradores nuevos más allá de los nombres conocidos y si el valor de las participaciones de Nvidia en estas empresas crece al mismo ritmo que sus ventas. Si ambas cosas avanzan de la mano, la apuesta por las start-ups se leerá como una jugada maestra de diversificación de clientes. Si las ventas se disparan mientras esas participaciones se quedan rezagadas, la lectura cambia y el debate sobre la circularidad ganará peso. En cualquier caso, el mensaje para el inversor es claro: quien compre Nvidia no está comprando un cliente, está comprando todo un ecosistema que la propia compañía alimenta.
El análisis de Salseo
- Nvidia está intentando ampliar su base de clientes más allá de los grandes gigantes tecnológicos, y las start-ups en las que invierte son la vía para lograrlo: son compradores que hoy facturan poco pero que, si escalan, se convierten en demanda recurrente de chips.
- El riesgo de fondo es la circularidad: parte del dinero que Nvidia invierte en estas empresas vuelve a ella como pedidos, así que conviene vigilar si las ventas crecen por demanda independiente o porque la propia Nvidia está financiando a sus clientes.
- El hecho de que los planes de compra de SpaceX no movieran la acción es en sí mismo la noticia: el mercado ya descuenta un volumen de pedidos enorme, por lo que a partir de ahora hará falta algo excepcional para sorprender al alza.
- La señal concreta a seguir son los resultados trimestrales: si el negocio de centros de datos sigue creciendo y, a la vez, aparecen nuevos compradores procedentes de este ecosistema de start-ups, la apuesta quedará validada; si las start-ups se quedan sin financiación, el grifo se cerrará primero para ellas que para los grandes clientes.