Nvidia, ASML y el boom de los chips de IA: pico y pala o montaña rusa

Un debate en la televisión financiera estadounidense enfrenta dos formas de invertir en la inteligencia artificial: las máquinas que fabrican los chips o el fabricante estrella. La volatilidad del sector es el telón de fondo.
El boom de la inteligencia artificial sigue dando que hablar en los platós. En una conversación emitida por Schwab Network, los analistas John Freeman y Melissa Armo diseccionaron el llamado 'trade de la IA', ese conjunto de inversiones ligadas a los chips y a la infraestructura que sostiene la IA, y lo hicieron poniendo el acento en algo que cualquier inversor ha notado: es un sector que se mueve mucho, tanto para arriba como para abajo.
Freeman puso el foco en las empresas de equipos de fabricación de semiconductores, lo que en la jerga se conoce como 'semi-cap equipment'. Ahí situó nombres como ASML y Lam Research. Su argumento es el de la 'ley de Moore', la idea clásica de la industria según la cual el número de transistores de un chip se multiplica cada cierto tiempo, algo que solo se consigue si las máquinas que fabrican esos chips mejoran al mismo ritmo. Dicho en cristiano: si quieres exponerte a la IA pero no apostar todo a una sola carta, puedes mirar a quienes venden la maquinaria con la que se construyen los chips, en lugar de al que vende el chip final.
Armo, por su parte, se mostró con más miedo, con una postura de cautela ante lo que puede venir en este mercado. Ese contraste es, en realidad, el resumen del momento que vive el sector: por un lado, la IA es la gran historia de crecimiento de los últimos años y nadie quiere quedarse fuera; por otro, las valoraciones son exigentes y cualquier señal de que el gasto se frena provoca sacudidas violentas. En esa discusión, Nvidia aparece siempre como el epicentro, porque es la compañía que mejor ha capitalizado la fiebre por la IA y su cotización arrastra al resto de la cadena, para bien y para mal.
La clave para el inversor particular es entender que no es lo mismo exponerse al que fabrica el producto estrella que al que vende las herramientas para fabricarlo. Los fabricantes de maquinaria suelen tener una base de clientes más amplia, lo que reparte el riesgo, pero a cambio dependen de los planes de inversión de esos clientes, que se recortan rápido cuando llegan las dudas. Es decir, es un negocio estupendo en las buenas y muy cíclico en las malas.
Por eso la volatilidad de la que hablaban ambos analistas no es un simple ruido de mercado: es la pelea entre quienes creen que el gasto en IA se mantiene firme durante años y quienes piensan que se está adelantando demasiado. Para el ahorrador de a pie, la noticia deja una idea útil: cuando todo el mundo habla de una sola empresa ganadora, conviene mirar también a quienes están un escalón por detrás en la cadena, porque a veces el negocio más tranquilo no es el más famoso.
El análisis de Salseo
- El argumento de 'vender la pico y pala' tiene sentido lógico, pero no es gratis: los fabricantes de equipos viven de los planes de inversión (capex) de sus clientes, y ese gasto es lo primero que se recorta cuando el sector se asusta. Más diversificación, sí, pero también más cíclico que el fabricante estrella.
- La volatilidad que discuten ambos analistas refleja una pelea de fondo, no un simple nerviosismo: el mercado está intentando calcular si el gasto en IA se sostiene al ritmo actual o se está adelantando a la realidad. La señal concreta a vigilar es la evolución de los pedidos y de las previsiones de los propios fabricantes de equipos y del capex anunciado por los grandes clientes.
- Nvidia funciona como termómetro del sector, y eso corta en las dos direcciones: cuando sube arrastra a toda la cadena de proveedores, pero cuando cae no perdona ni a los fabricantes de maquinaria. Es decir, mirar a las máquinas no es una cobertura perfecta contra la volatilidad de la IA, solo un enfoque distinto.
- La lectura contraria al pesimismo: la ley de Moore se ha dado por muerta muchas veces y la industria ha acabado encontrando la forma de apretar más el silicio. Eso sostiene el argumento de Freeman a largo plazo, pero no garantiza que los ingresos se muevan al ritmo que descuentan las cotizaciones en el corto.