Nvidia financia la IA con su balance: ¿arma de doble filo?

Nvidia ya no es solo un fabricante de chips: se ha convertido en el gran banquero de la inteligencia artificial, con inversiones y garantías que podrían alcanzar los 200.000 millones de dólares. Pero ese papel tiene riesgos que los inversores empiezan a vigilar.
Nvidia ha dejado de ser únicamente una empresa de semiconductores para convertirse en uno de los grandes financiadores del boom de la inteligencia artificial. Sus participaciones en empresas públicas y privadas alcanzaron los 95.600 millones de dólares a finales de julio, frente a menos de 100 millones a comienzos de 2020, y la compañía asegura que sus inversiones totales rondan ya los 99.000 millones. Su cartera incluye nombres como Intel, CoreWeave, Coherent, Nokia, Synopsys y Nebius, entre otros.
Pero Nvidia no se limita a comprar acciones. Cada vez más, está prestando garantías y respaldos financieros a las empresas que construyen los centros de datos necesarios para ejecutar modelos de IA. Un ejemplo claro es su acuerdo para comprar hasta 500 megavatios de capacidad de centros de datos no utilizada a CoreWeave por 6.300 millones de dólares: si CoreWeave no logra alquilar esa capacidad a otros clientes, Nvidia se convierte en el cliente de último recurso. También ha apoyado la construcción de un campus de computación en Ohio donde se espera que OpenAI sea inquilino, con una garantía de hasta 105.000 millones de dólares para facilitar el alquiler, una cifra muy inferior a los 250.000 millones que se llegaron a barajar tras las dudas de los inversores. Además, Nvidia aportó 30.000 millones de dólares a la ronda de financiación récord que OpenAI completó en marzo.
Este papel de prestamista ha encendido las alarmas sobre el llamado «financiamiento circular»: Nvidia financia a empresas que luego usan ese capital para comprar sus propios chips, lo que podría hacer que la demanda parezca más fuerte de lo que realmente es. Los críticos comparan esta dinámica con las prácticas de financiación de la burbuja de las puntocom, aunque la economía subyacente del mercado de infraestructura de IA actual es muy diferente. El consejero delegado de Nvidia, Jensen Huang, rechaza esa lectura: «Creo que el único arrepentimiento que tengo es no haber invertido más y antes», dijo sobre las inversiones de la compañía en laboratorios de IA.
Morgan Stanley ha puesto el foco en los riesgos. El banco inició recientemente la cobertura de crédito de Nvidia con una visión neutral, y estima que la exposición crediticia total de la compañía podría alcanzar unos 200.000 millones de dólares a finales de 2028. Lo más llamativo es que unos 170.000 millones provendrían de garantías y respaldos que hoy están fuera del balance, pero que podrían convertirse en obligaciones financieras reales si las condiciones se deterioran. El banco ha bautizado esta estrategia como «balance sheet as a service» (el balance como servicio).
La pregunta incómoda para los inversores es qué ocurre si la oferta de infraestructura de IA crece más rápido que la demanda. Si los llamados «neoclouds» (empresas que alquilan capacidad de computación en la nube) no logran rentabilizar sus centros de datos, las garantías de Nvidia se activan y el coste para su caja puede ser enorme, justo cuando la demanda de sus chips podría estar debilitándose. Si, por el contrario, la demanda de cómputo sigue superando a la oferta, esas garantías nunca se ejecutan y Nvidia sale ganando. La estrategia es, literalmente, una espada de doble filo.
El análisis de Salseo
- Nvidia está actuando como un vendedor de opciones put sobre su propio mercado: si la IA no crece al ritmo esperado, tendrá que pagar la factura de las garantías que ha firmado. Eso significa que su riesgo no es solo una caída en ventas de chips, sino tener que rescatar a sus propios clientes.
- El punto clave a vigilar es la utilización de los neoclouds como CoreWeave: si la capacidad contratada se queda vacía, los respaldos de Nvidia se activan y su flujo de caja se resiente. Mientras los centros de datos estén llenos, las garantías son solo papel mojado.
- Los 170.000 millones en garantías fuera del balance son el gran caballo de Troya: no aparecen en la deuda tradicional, pero pueden convertirse en obligaciones reales y, de paso, hacer que los prestamistas exijan condiciones más duras a toda la cadena de suministro de infraestructura de IA, antes incluso de que caiga la demanda de GPUs.
- La lectura contraria: si la demanda de cómputo para IA sigue superando a la oferta, los precios de alquiler y el valor de los activos se mantienen, las garantías nunca se ejecutan y Nvidia demuestra que su estrategia es brillante. El verdadero ‘asesino de tesis’ sería ver una desaceleración real de la demanda.
- El hecho de que Morgan Stanley hable de ‘riesgo de crédito’ sobre Nvidia ya es una señal: el mercado empieza a tratar a la compañía no solo como un fabricante de chips, sino como una entidad financiera con exposición sistémica al ciclo de la IA.