Nvidia bate previsiones, pero un inversor estrella avisa: «va a rodar cuesta abajo»

Nvidia vuelve a superar expectativas con un crecimiento de ingresos del 106%, pero el coste de la memoria de alto rendimiento empieza a comerse sus márgenes y un inversor de cinco estrellas mantiene su recomendación de vender.
Nvidia ha vuelto a hacer lo de siempre: superar las expectativas. La compañía, valorada en unos 5 billones de dólares, presentó unos resultados que batieron las previsiones tanto en ingresos como en beneficio, con una facturación que creció un 106% respecto al mismo periodo del año anterior. Es decir, aceleró: en el trimestre previo el crecimiento había sido del 85%. Además, su margen bruto se mantuvo en el 75%, una cifra que muchas empresas del sector envidiarían.
Sin embargo, la propia dirección ha avisado de que el camino no será tan liso. El coste de la memoria de alto rendimiento (conocida como HBM), un componente clave para fabricar los chips que entrenan y ejecutan modelos de inteligencia artificial, va a presionar los beneficios en los próximos trimestres. La compañía ha guiado un margen del 74% para su tercer trimestre fiscal y de entre el 71% y el 72% para el cuarto. Dicho en cristiano: cada dólar que ingresa le está dejando algo menos de beneficio que antes, y la empresa ya lo reconoce públicamente.
Ese desgaste de márgenes es precisamente lo que tiene preocupado a un inversor conocido en la plataforma TipRanks con el seudónimo de The Techie, calificado con cinco estrellas y situado entre el 4% de mejores inversores que cubre la firma. Su diagnóstico es contundente: «Nvidia acaba de decirle al mercado que su propia estructura de costes está empeorando». Tampoco le convence la previsión de crecimiento de ingresos del 70% para el ejercicio 2028, que otros leen como una prueba de que la demanda sigue fuerte. Él lo interpreta como una señal de advertencia: cree que es la forma que tiene Nvidia de decir al mercado que no hay que temer la amenaza de los chips ASIC (procesadores personalizados que algunos grandes clientes diseñan por su cuenta para depender menos de Nvidia). A esto suma su recelo por la cantidad de financiación que la compañía da a otras empresas de su propio ecosistema: según los informes que cita, Nvidia acumulaba 99.000 millones de dólares en inversiones en capital a finales de julio. Su conclusión es que la compañía está financiando a una parte alarmante de sus propios clientes, y mantiene su recomendación de vender porque considera que la relación entre riesgo y posible recompensa no es favorable.
Wall Street, en cambio, ve el vaso bastante más lleno. Entre los analistas que siguen el valor hay 30 recomendaciones de compra y ninguna de mantener o vender, lo que arroja un consenso de compra fuerte. El precio objetivo medio a doce meses se sitúa en 324,30 dólares, lo que implicaría una subida cercana al 50% desde los niveles actuales. El propio inversor crítico reconoce que la valoración de Nvidia sale mejor parada que la del resto de las grandes tecnológicas, aunque eso no le basta para cambiar de opinión.
El debate, por tanto, no está en si Nvidia vende mucho o poco, sino en cuánto le cuesta venderlo y quién está pagando realmente esas compras. La noticia deja dos frentes abiertos: por un lado, si la compañía será capaz de trasladar el encarecimiento de la memoria a los precios de sus chips o si tendrá que asumirlo ella; por otro, si el dinero que invierte en su ecosistema se traduce en demanda real y sostenible o en un círculo que se estrecha cuando el ciclo de la inteligencia artificial se enfríe.
El análisis de Salseo
- El margen es la clave de esta historia, no los ingresos. Nvidia no fabrica la memoria HBM que necesitan sus chips: la compra a terceros, y su precio sube cuando todo el mundo quiere la misma. Ese encarecimiento traslada parte del pastel de la IA desde Nvidia hacia los fabricantes de memoria. La señal concreta a vigilar es si el margen del 74% previsto para el trimestre en curso se cumple o se queda corto: sería el primer aviso serio de que la empresa ha perdido poder de fijación de precios.
- La previsión de crecer un 70% en el ejercicio 2028 es un arma de doble filo. Cuando una compañía sale a decir explícitamente que la demanda seguirá siendo fuerte pese a los chips personalizados (ASIC) que diseñan algunos grandes clientes, está reconociendo que esa amenaza existe y preocupa. El dato a seguir no es lo que diga Nvidia, sino cuánto de la inversión de los grandes de la nube se desvía hacia silicio propio en lugar de acabar en sus bolsillos.
- Los 99.000 millones de dólares en inversiones de capital en otras empresas del sector son la parte menos comentada y quizá la más delicada. Parte de la demanda que Nvidia contabiliza como ingresos viene de compañías en las que ella misma ha puesto dinero. Eso refuerza el crecimiento a corto plazo, pero convierte cualquier enfriamiento del ciclo de la IA en un golpe doble: caen las ventas y pierde valor lo invertido. Merece la pena vigilar cómo evoluciona esa cartera y si esas participadas siguen comprando al mismo ritmo.
- El choque entre un inversor de cinco estrellas que vende y 30 analistas que compran sin una sola voz disidente no es ruido: es un desacuerdo sobre qué métrica manda. Los alcistas miran la demanda (impecable) y los escépticos miran la estructura de costes (deteriorándose). La próxima presentación de resultados y, sobre todo, el precio que consiga Nvidia para su próxima generación de chips decidirán quién tiene razón.