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Nvidia cae más del 2%: petróleo, tipos altos y el foco del DOJ

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Nvidia cae más del 2%: petróleo, tipos altos y el foco del DOJ

Las acciones de Nvidia bajan más del 2% y suman dos sesiones en rojo, presionadas por el petróleo por encima de los 100 dólares, unos intereses al alza y el escrutinio antimonopolio sobre su acuerdo con la startup Groq.

Nvidia volvió a ser noticia este jueves, y no por un buen motivo: sus acciones cayeron más del 2% y encadenaron así dos sesiones consecutivas en negativo. El movimiento no fue un caso aislado, sino que llegó en una jornada de debilidad general en Wall Street. El Dow Jones bajó 258 puntos (un 0,5%), el S&P 500 se dejó otro 0,5% y el Nasdaq Composite retrocedió un 0,4%. Dentro del sector de semiconductores, el castigo fue más duro en otros nombres: Intel se hundió alrededor de un 6% y Micron Technology perdió cerca de un 4%.

El telón de fondo es puramente macro y tiene dos protagonistas. El primero es el petróleo: los futuros del crudo West Texas Intermediate (WTI) para entrega en octubre superaron los 100 dólares por barril, mientras que el Brent de noviembre rebasó los 105, en pleno séptimo mes de guerra entre Estados Unidos e Irán. El segundo son los tipos de interés: ese encarecimiento de la energía empujó la rentabilidad del bono estadounidense a 10 años por encima del 4,9%, su nivel más alto desde noviembre de 2023. ¿Por qué le importa esto al inversor de a pie? Porque cuando el dinero «seguro» paga más, las empresas tecnológicas que prometen ganancias en el futuro lejano se vuelven menos atractivas: su valor depende de beneficios que aún no han llegado, y esos se descuentan con más fuerza. Nvidia es una de las acciones más sensibles a este movimiento, así que un repunte del petróleo y de la deuda se traduce casi automáticamente en ventas en el sector.

A ese cóctel se sumó un ingrediente propio: según Bloomberg, el Departamento de Justicia de Estados Unidos (DOJ, por sus siglas en inglés) está examinando si Nvidia estructuró su acuerdo con la startup de chips de IA Groq precisamente para esquivar el escrutinio antimonopolio. El pacto se anunció en diciembre: Nvidia se hizo con los derechos de la tecnología de Groq, y después el consejero delegado de Groq, Jonathan Ross, y su directora de operaciones, Sunny Madra, se incorporaron a Nvidia, mientras Groq continuaba como empresa independiente. Algunos legisladores describieron más tarde esa fórmula como una adquisición encubierta que limitaba la competencia. El DOJ mira con lupa este tipo de estructuras —quedarse con la tecnología y con el talento sin comprar formalmente la compañía, lo que evita el proceso habitual de revisión de fusiones— y ya ha puesto el foco en acuerdos similares de Amazon, Microsoft y Google (Alphabet). Groq, por su parte, no presentó su acuerdo de licencia con Nvidia a revisión antimonopolio. La investigación, adelantada antes por The New York Times, podría terminar sin ninguna acción sancionadora.

En paralelo, Nvidia sigue moviendo ficha para crecer más allá de los chips. La compañía y Palantir Technologies anunciaron el miércoles una nueva colaboración de inteligencia artificial centrada en lo que llaman «IA soberana» para cadenas de suministro críticas. El sistema arrancará dentro de la propia red de fabricación y logística de Nvidia y después se extenderá a otros sectores. Combina los modelos abiertos Nemotron de Nvidia con las plataformas Foundry y AIP de Palantir, y usa el sistema Ontology de esta última para detectar en tiempo real los cuellos de botella de la cadena de suministro. Las empresas que lo usen mantendrán el control de sus datos y no tendrán que pasarlos por un modelo comercial compartido, un detalle clave para clientes que no quieren exponer información sensible.

La foto completa deja una idea clara: la caída de hoy responde sobre todo a factores externos —petróleo, bonos y una investigación regulatoria que aún está en pañales— y no a un deterioro de la demanda de inteligencia artificial, que de momento sigue intacta. Que Nvidia caiga menos que Intel o Micron en la misma sesión también dice algo: el castigo es sectorial y no una sentencia contra la compañía. La pelota está ahora en el tejado del DOJ y en la evolución de los precios de la energía.

El análisis de Salseo

  • El DOJ no investiga una compra al uso, sino una fórmula cada vez más popular entre los gigantes tecnológicos: quedarse con la tecnología y con los directivos clave de una startup sin comprar la empresa, para esquivar la revisión de fusiones. Si el regulador acaba poniendo límites a este tipo de acuerdos, Nvidia (y también Amazon, Microsoft o Google) tendría un camino más caro y lento para absorber talento y tecnología de IA. La señal a vigilar: si el caso se cierra sin sanción, el riesgo que descuenta hoy el mercado se difumina; si escala a un remedio formal, el golpe sería serio para la visibilidad de ingresos de su plataforma de IA.
  • La caída de hoy es macro, no de negocio: petróleo por encima de los 100 dólares por la guerra entre EE. UU. e Irán y el bono a 10 años por encima del 4,9%, su máximo desde noviembre de 2023. Esto castiga sobre todo a las acciones de crecimiento porque su valor se basa en beneficios futuros que, con tipos más altos, valen menos hoy. Traducción práctica: la misma Nvidia puede subir o bajar un 3% sin que cambie nada en sus ventas de chips. El dato que marcaría un alivio claro es un retroceso del bono a 10 años por debajo del 4,5%.
  • Fíjate en la comparación dentro del sector: Intel cayó un 6% y Micron un 4%, bastante más que el 2% de Nvidia. Eso sugiere que no hay un problema específico de Nvidia, sino un ajuste general de las apuestas más caras de la IA. Cuando el líder del sector aguanta mejor que sus competidores en una jornada de pánico, suele ser señal de que el dinero no está abandonando la tesis, solo reduciendo riesgo.
  • El acuerdo con Palantir es la parte constructiva de la noticia y apunta al futuro: Nvidia intenta capturar valor también en el software, no solo vendiendo chips. La clave está en la «IA soberana» y en que los datos del cliente no pasan por un modelo comercial compartido, algo que abre la puerta a gobiernos y empresas con información sensible (logística, defensa, industria). Si este tipo de alianzas se convierten en ingresos recurrentes de software, Nvidia reduce su dependencia del ciclo de venta de hardware y gana un argumento frente a los inversores que temen que el pico de la IA ya haya pasado.

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Fuente: Invezz