Nvidia se enfría tras la revisión de ingresos de OpenAI: la fiebre de la IA, a examen

OpenAI reconoce unos ingresos anualizados de 50.000 millones de dólares, por debajo de los 68.000 que dio hace un mes, y las acciones ligadas a la IA lo notan: Nvidia cae otro 1% tras perder un 3% en la sesión anterior.
Las acciones de Nvidia, el fabricante de chips que se ha convertido en el gran termómetro de la fiebre por la inteligencia artificial, bajaron alrededor de un 1% el 9 de octubre. El movimiento llega después de una caída del 3% en la sesión anterior y tiene un detonante concreto: OpenAI, la empresa creadora de ChatGPT, ha actualizado sus cifras de negocio a la baja. La startup comunicó a sus inversores que a finales de septiembre tenía unos 50.000 millones de dólares de ingresos anualizados, muy por debajo de los 68.000 millones que ella misma había dado a conocer el mes anterior.
Ese concepto de «ingresos anualizados» merece una explicación: no es lo que ha facturado en un año, sino lo que facturaría si mantuviera durante doce meses el ritmo de ventas del último periodo medido. Sirve como foto rápida de la velocidad de crecimiento. El problema, según OpenAI, es de comparabilidad: la cifra de 68.000 millones incluía los ingresos brutos de sus socios, es decir, dinero que pasa por su contabilidad pero no es suyo al cien por cien, y con ese criterio se podía comparar más directamente con su gran rival, Anthropic. Junto al dato de 50.000 millones, la compañía presumió de un crecimiento del 77% en su actividad total durante el tercer trimestre y del 107% en su negocio para empresas. Aun así, la sensación que ha quedado entre analistas e inversores es que el negocio crece menos de lo que se esperaba. Nvidia es un convidado de piedra de lujo en este asunto: OpenAI es uno de sus mayores clientes de chips.
El susto no se ha limitado a Nvidia. También cayeron otras compañías que viven del despliegue de la IA, como Oracle y CoreWeave, cuando el mercado digirió los nuevos datos de ventas de OpenAI. El temor de fondo es que todo el castillo de la IA —que en los últimos dos años ha tirado fuerte del mercado— esté construido sobre unas expectativas demasiado optimistas. Y el contexto añade presión: OpenAI prepara una salida a bolsa prevista para 2027, llamada a ser una de las mayores de la historia de Wall Street, con una valoración que podría superar el billón de dólares. La empresa ya ha descartado debutar este año. De cara a ese estreno, empiezan a surgir dudas sobre sus cuentas y su trayectoria de crecimiento, en un momento en el que pierde cuota frente a Anthropic y compite por los usuarios de chatbots no solo con startups, sino con gigantes tecnológicos ya asentados como Meta Platforms y la matriz de Google, Alphabet.
En cuanto a Nvidia, el consenso de los 31 analistas que siguen el valor sigue siendo claramente favorable, según los datos recopilados por TipRanks. Pero la película que importa es otra: si los grandes compradores de chips no crecen tan rápido como se pensaba, el ritmo de pedidos futuros también puede resentirse, y eso es exactamente lo que el mercado ha empezado a poner en precio con estas caídas suaves pero persistentes.
El análisis de Salseo
- La clave no es el número en sí, sino el cambio de criterio contable. Los 68.000 millones incluían ingresos brutos de socios, así que la cifra «real» de OpenAI siempre estuvo algo inflada por esa forma de contar; cuando una empresa se pone a limpiar su escaparate justo antes de salir a bolsa, el mercado se pregunta qué más hay detrás. El dato que de verdad hay que vigilar no es el de septiembre, sino si mantiene crecimientos del 77% en total y del 107% en negocio empresarial en los próximos trimestres.
- Nvidia no vende a los consumidores finales, vende a quien construye la IA, y esos clientes financian máquinas enormes con dinero que levantan de inversores. Si el crecimiento de OpenAI se ralentiza, su capacidad de seguir comprando chips al ritmo actual queda en entredicho: ahí está el mecanismo real por el que una revisión de ingresos de una startup privada tumba a la empresa más valiosa del sector. La concentración de clientes (OpenAI, otros grandes y varios gigantes tecnológicos) es el punto débil a seguir.
- La salida a bolsa de OpenAI en 2027 (como mínimo) funciona como catalizador doble. Por un lado obliga a la compañía a dar números más limpios y auditables, lo que puede traducirse en más revisiones incómodas como esta. Por otro, si finalmente se valora por encima del billón de dólares, será la prueba pública de que el mercado sigue creyendo en el relato. Habrá que estar pendiente de los documentos de salida y de cualquier nuevo detalle de sus cuentas.
- Lectura contraria: el crecimiento del 107% en el negocio empresarial es brutal y no apunta a un negocio roto, sino a un ajuste de expectativas. Meta y Alphabet tienen caja propia para financiar la IA sin depender de inversores externos, mientras que OpenAI necesita capital ajeno para sostener el ritmo, lo que la hace mucho más sensible a cualquier bache de credibilidad. Ojo también a lo que pase en las próximas cuentas de Nvidia: si sus pedidos siguen firmes, el susto de estos días se habrá quedado en un simple episodio de volatilidad.