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Nvidia "cobra los cheques" de la IA: un inversor ve margen para duplicar

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Nvidia "cobra los cheques" de la IA: un inversor ve margen para duplicar

El gestor Bill Gunderson defiende que Nvidia es el único de los grandes tecnológicos que ingresa el dinero de la fiebre por la IA en lugar de gastarlo, y calcula que la acción podría valer más del doble en cinco años.

En la fiebre por la inteligencia artificial hay muchos invitados a la fiesta, pero según el inversor Bill Gunderson solo uno que no paga la cuenta: la cobra. Su tesis sobre Nvidia se resume con una frase muy gráfica: de los grandes gigantes tecnológicos, seis firman los cheques de la inversión en centros de datos y Nvidia es quien los ingresa. Gunderson, calificado con cinco estrellas en la plataforma TipRanks, sostiene que la compañía es "el único miembro de ese grupo que está en el lado que recibe del despliegue de la IA en lugar de financiarlo".

Los números le dan munición de sobra. Nvidia facturó 96.200 millones de dólares en su último trimestre, un 106% más que un año antes, con unos márgenes del 75%: es decir, de cada 100 dólares que vende, 75 son beneficio bruto, una rentabilidad propia de una empresa con un poder de fijación de precios enorme. El inversor repasa además los últimos tres ejercicios fiscales: las ventas crecieron un 126%, un 114% y un 65%, mientras el beneficio por acción (lo que gana la empresa por cada título en circulación) se disparó un 288%, un 131% y un 60%. Y la propia compañía ha adelantado que espera que sus ingresos crezcan otro 70% en su ejercicio fiscal 2028. Para Gunderson, esto no es marketing: se ve directamente en la cuenta de resultados.

¿De dónde sale todo ese crecimiento? De la cartera de sus clientes. Los hiperescaladores —las grandes tecnológicas que alquilan potencia de computación en la nube, como los gigantes que llenan de servidores sus centros de datos— han anunciado planes de inversión (lo que en la jerga se llama capex) que podrían superar los 800.000 millones de dólares solo este año, y todo apunta a que en 2027 la cifra será aún mayor. Ese dinero acaba, en buena parte, convertido en pedidos de chips a Nvidia. Ahí está el mecanismo de la historia: unos construyen, la otra cobra.

El inversor también valora muy positivamente la reciente compra de Hugging Face, la plataforma de referencia para compartir modelos de inteligencia artificial de código abierto. A su juicio, esa operación "asegura la influencia de Nvidia en el ecosistema de la IA abierta", lo que refuerza su posición más allá del hardware. Con estas piezas, Gunderson calcula un precio objetivo a cinco años de 444,71 dólares, lo que implicaría que la acción podría más que duplicarse en los próximos años. No es una voz aislada: Wall Street está igual de entusiasmado, con 30 recomendaciones de compra y ninguna de mantener o vender, y un precio objetivo medio a 12 meses de 324,30 dólares, más de un 50% por encima del nivel actual. El propio analista deja claro su criterio: no perseguir a los ganadores de ayer, sino a las empresas que "siguen jugando al ataque como Nvidia desde 1993".

Conviene recordar que todo esto son opiniones de un inversor y estimaciones de consenso, no certezas. Los precios objetivo son cálculos que pueden fallar y la historia de Nvidia depende de un factor que no controla: que sus grandes clientes sigan dispuestos a gastar cifras históricas en centros de datos. Mientras eso ocurra, la compañía seguirá ingresando los cheques. El día que alguno de esos gigantes frene, se sabrá muy rápido quién financiaba la fiesta.

El análisis de Salseo

  • Lo importante no es solo cuánto gana Nvidia, sino de quién depende: sus ingresos son el presupuesto de inversión de otros. Mientras los hiperescaladores mantengan sus planes de gasto (más de 800.000 millones de dólares este año según sus propias previsiones), la meta de crecer un 70% tiene respaldo; si esa cifra se recorta, el golpe llega a Nvidia antes que a nadie.
  • El margen del 75% es su gran fortaleza y también el punto por donde le pueden atacar: semejante rentabilidad es una invitación para que sus clientes diseñen sus propios chips y dejen de pagar ese peaje. La señal concreta a vigilar no es un rival externo, sino qué parte de esa inversión gigante acaba en silicio propio de Google, Amazon o Microsoft.
  • Comprar Hugging Face no es comprar ingresos, es comprar influencia: asegura que la próxima generación de modelos abiertos se desarrolle pensando en sus chips. Pero es un movimiento delicado, porque la comunidad de código abierto valora la neutralidad y, si percibe que Nvidia controla el ecosistema, puede buscar alternativas.
  • La unanimidad de Wall Street (30 compras, ni un solo mantener o vender) también es un aviso: cuando nadie discute la historia, el listón está tan alto que cualquier tropiezo se paga caro. Próxima cita para comprobarlo, la temporada de resultados de los hiperescaladores y sus guías de inversión.

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Fuente: TipRanks