Financiación

Nvidia, el mayor inversor de capital riesgo en rondas de más de 100 millones

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Nvidia, el mayor inversor de capital riesgo en rondas de más de 100 millones

La compañía de chips ha pasado de participar en una sola ronda millonaria hace cinco años a estar en al menos 53 en lo que va de 2026, por delante de los grandes fondos de Silicon Valley. El dato refleja un cambio de fondo: el dinero ya no financia solo empresas, financia capacidad de cálculo.

Nvidia ha cambiado de papel en el ecosistema tecnológico. Hace cinco años participó en una única ronda de financiación de 100 millones de dólares o más. En los primeros ocho meses de 2026 ya lleva al menos 53, según recoge PYMNTS, lo que la sitúa por delante de los fondos de capital riesgo más activos del mundo: Andreessen Horowitz (44 rondas), Sequoia Capital (42) y Lightspeed Venture Partners (38). Hay un matiz importante a la hora de leer la clasificación: esas cifras cuentan en cuántas rondas ha entrado cada inversor, no cuánto dinero ha puesto en cada una.

El trasfondo es que la inteligencia artificial ha entrado en una fase mucho más cara. Entrenar modelos, hacerlos funcionar cuando los usan millones de personas y levantar los centros de datos que los sostienen exige cantidades enormes de dinero antes de saber si esas inversiones darán beneficio. Y ahí se están mezclando cosas que antes iban por separado: el capital riesgo financiaba empresas, los fondos de infraestructuras financiaban activos físicos de larga vida y la banca financiaba ingresos predecibles. Una compañía de IA hoy puede necesitar las tres cosas a la vez: capital para desarrollar modelos, deuda contra su infraestructura, contratos de cálculo a varios años, alquiler de procesadores y, además, inversión de la empresa que le vende esos procesadores.

Nvidia está en el centro de ese engranaje. Según sus propios informes, sus inversiones de capital valían unos 99.000 millones de dólares a 26 de julio, cuando un año antes rondaban los 7.000 millones, y todavía tenía comprometidos otros 25.000 millones. Su cartera incluye empresas cotizadas, desarrolladores privados de IA y proveedores de infraestructura. Además, ha tejido alianzas con gestoras como BlackRock, Apollo, Blackstone, Brookfield, Goldman Sachs y KKR para movilizar más de 500.000 millones de dólares de capital de terceros destinado a infraestructura de IA.

El resultado es que Nvidia puede cobrar varias veces por la misma ola: primero entra como inversor en las compañías que generan la demanda, luego les vende los chips que necesitan y, cada vez más, diseña la estructura financiera que les permite pagarlos. Eso no significa que todas sus inversiones sean dinero que da la vuelta en círculo, ni que la empresa cargue sola con financiar la demanda de IA, pero sí explica por qué cada vez se mira con más lupa la relación entre proveedor, inversor y cliente.

El riesgo que se cuela por la puerta de atrás es de calendario. Los procesadores y los centros de datos se quedan viejos rápido, así que el ecosistema depende de capital comprometido a muy largo plazo para financiar activos que pueden quedar obsoletos en pocos años. Si la capacidad instalada crece más rápido que la demanda real, la factura la acaban pagando quienes pusieron el dinero. Como referencia del otro lado de la balanza, un informe de PYMNTS Intelligence de septiembre de 2025 detectó que casi el 7% de los directores financieros de grandes empresas estadounidenses ya habían puesto IA agéntica a trabajar en procesos financieros reales, y otro 5% estaba en fase de pruebas.

Para el inversor particular, la pregunta ha dejado de ser cuánto se está gastando en IA y ha pasado a ser cuánto de ese gasto se sostiene solo. Nvidia es hoy la mejor ventana para verlo, porque ve el negocio antes que el mercado: si empieza a bajar el ritmo de rondas o de compromisos, será la primera señal de que el grifo se está cerrando.

El análisis de Salseo

  • El dato cambia la tesis más de lo que parece: Nvidia ya no es solo la empresa que vende la pala, es también la que financia al minero. Cada ronda en la que entra le asegura un cliente potencial que comprará sus chips, así que su balance se ha convertido en parte del producto. El problema es que, si ese cliente no llega a ser rentable, la misma cuenta que impulsa las ventas se convierte en un agujero.
  • Hay que separar las dos cifras que se mezclan aquí: 99.000 millones en inversiones valoradas más 25.000 millones comprometidos son dinero propio inmovilizado en activos que envejecen rápido (los chips y los centros de datos no duran décadas). A eso se suman los más de 500.000 millones que quiere movilizar con gestoras externas, que es capital de otros. Es decir, el ecosistema se está apalancando sobre una demanda que aún no está demostrada del todo, y eso amplifica cualquier frenazo.
  • Contar rondas no es contar dinero: las 53 operaciones dicen que Nvidia está en todas partes, no cuánto pone en cada una. Puede estar firmando cheques relativamente pequeños para asegurar relaciones comerciales, algo mucho menos arriesgado de lo que sugiere el titular. Para medir la exposición real habría que mirar el importe aportado y cuántas de esas inversiones están en compañías que luego le compran a él.
  • La señal concreta que hay que vigilar es el ritmo, no el titular: si en los próximos trimestres Nvidia reduce el número de rondas o recorta los compromisos anunciados, será el primer aviso de que la demanda de IA se está enfriando, porque esta empresa ve el pipeline de sus clientes antes que el mercado. Un segundo indicador útil es cuántas de esas inversiones acaban siendo lo que se conoce como capital circular (invierto en ti para que me compres), una práctica legal pero que los analistas ya miran con desconfianza.

Empresas mencionadas

Fuente: PYMNTS