Morgan Stanley ve a Nvidia en 300 dólares: un 28% más de recorrido

Morgan Stanley sube el tono sobre Nvidia con un precio objetivo de 300 dólares y un argumento que va más allá de vender más chips: energía, financiación y nuevos productos.
Nvidia no ha necesitado un rally explosivo para seguir dando alegrías a sus accionistas en 2026. La cotización ha ido subiendo poco a poco, con una revalorización de alrededor del 25% desde que arrancó el año, y hace poco volvió a moverse en zona de máximos históricos. Por el camino han pasado cosas: la compañía ha ampliado su alianza con Amazon Web Services, con el plan de desplegar otros 2 millones de GPUs de Nvidia sobre la infraestructura de AWS durante 2027 y 2028, un acuerdo que también toca sus CPUs Vera, la tecnología NVLink Fusion y el negocio de redes. Además, Nvidia ha ampliado su autorización de recompra de acciones en 150.000 millones de dólares, lo que deja 235.000 millones de capacidad pendiente para seguir comprando sus propios títulos.
Con ese telón de fondo, Nvidia ha vuelto al primer puesto de la lista de favoritos de Morgan Stanley dentro del sector de semiconductores. El analista Joseph Moore, situado entre el 1% mejor valorado de Wall Street, cree que la acción todavía tiene margen para subir y le pone un precio objetivo de 300 dólares, lo que implicaría un potencial de aproximadamente el 28% desde los niveles actuales. Conviene recordar que un precio objetivo no es una promesa ni una fecha: es la estimación de un analista sobre dónde puede cotizar el valor en los próximos meses. Moore lo justifica así: "creemos que esa superioridad se va a ampliar a medida que los agentes de consumo, como categoría, sumen casos de uso de IA a largo plazo y demanda de tokens".
Su tesis, sin embargo, va bastante más allá de esperar otro aluvión de pedidos de GPUs. Moore sostiene que la economía de la infraestructura de IA está cambiando a favor de Nvidia, porque sus clientes ya no solo necesitan capacidad de cálculo: también tienen que resolver de dónde sacan la electricidad, cómo construyen los centros de datos y cómo financian todo eso. Ahí es donde entra el enorme ejército de socios cloud de la compañía, que le da margen para perseguir capacidad allá donde haya luz suficiente e infraestructura lista. Y su disposición a ayudar a organizar la financiación quitaría otro obstáculo a los clientes que quieren seguir expandiéndose. El analista incluso ve posible que Nvidia se quede corta con sus propias previsiones de ingresos para el ejercicio fiscal 2028, apoyándose en compromisos de grandes clientes como Amazon y SpaceX, y en nuevas fuentes de facturación más allá de sus aceleradores principales, como las CPUs Vera, los productos de redes y los LPUs de Groq.
El otro punto clave son los márgenes, ahora que los inversores miran más lejos. El encarecimiento de la memoria y de otros componentes ha disparado las dudas sobre la rentabilidad, sobre todo según Nvidia amplía su catálogo de productos, que es cada vez más complejo. Aquí, el margen bruto es simplemente el porcentaje que se queda la empresa de cada venta después de restar el coste directo de fabricar lo que vende. Moore cree que Nvidia tiene varias vías para compensar esa presión, como subir precios o ajustar las especificaciones de sus productos, y calcula que un margen bruto en torno al 72%-73% sería un suelo razonable para el ejercicio fiscal 2028. Con todo eso, resume la compañía como "un beneficiario de la IA más resistente que la media dentro de los semis".
Wall Street, por ahora, deja poco espacio a los escépticos: los 31 analistas que siguen a Nvidia recomiendan comprar la acción, lo que supone una recomendación media unánime de compra fuerte, y el precio objetivo promedio se sitúa en 324,32 dólares, un 39% por encima del precio actual. Es un respaldo potente, aunque también conviene leerlo con calma: cuando absolutamente todo el mundo está en el mismo lado, cualquier tropiezo se paga más caro porque nadie está posicionado para la sorpresa negativa.
El análisis de Salseo
- Lo relevante no es el precio objetivo en sí, sino el cambio de argumento: Morgan Stanley ya no vende la tesis como "venderemos más GPUs", sino como "Nvidia gestiona los cuellos de botella de la IA". Si el problema del cliente pasa a ser la luz, el suelo del centro de datos o la financiación, tener a media nube del planeta como socio y ofrecer ayuda financiera convierte a Nvidia en algo más que un proveedor de chips: se vuelve difícil de sustituir aunque aparezcan rivales más baratos.
- La grieta está en los márgenes. El propio analista reconoce el encarecimiento de la memoria y de otros componentes y confía en compensarlo subiendo precios o reajustando especificaciones, con un suelo del 72%-73% de margen bruto para el ejercicio 2028. Ese porcentaje es la señal concreta a vigilar: si en los próximos trimestres el margen bruto real cae por debajo, el relato del "beneficiario resistente" se tambalea más rápido de lo que sugiere el precio objetivo.
- La ampliación de la recompra hasta 235.000 millones de dólares pendientes es una forma de sostener el precio de la acción mientras la caja entra a chorros, pero no cambia el negocio: es maquillaje financiero, no crecimiento. La parte que sí aporta visibilidad es el compromiso de AWS con 2 millones de GPUs para 2027-2028, porque convierte demanda futura en algo casi contratado. El matiz incómodo: si parte de ese crecimiento lo financia la propia Nvidia ayudando a pagar a sus clientes, hay que preguntarse cuánta de esa demanda sería real sin el empujón del vendedor.
- Vera, redes y los LPUs de Groq son la pata que puede cambiar la valoración: si dejan de ser un apéndice y ganan peso real en la facturación, Nvidia deja de cotizar como fabricante de chips cíclico y pasa a cotizar como plataforma. Y el detalle que el titular no cuenta: 31 analistas y los 31 dicen comprar. Ese consenso unánime no es solo señal de confianza, también significa que no queda nadie en la acera contraria dispuesto a comprar en un mal día.