Nvidia: el reto de Rubin y el escrutinio a la financiación de la IA

Nvidia presenta resultados el miércoles en un momento clave: sus nuevos chips Rubin deben sostener el crecimiento, mientras los inversores cuestionan las millonarias garantías financieras que la compañía está dando a sus clientes de IA.
Nvidia se juega mucho el miércoles. La compañía presenta sus resultados trimestrales y el mercado espera que demuestre que sus nuevos procesadores Rubin pueden mantener el ritmo de crecimiento explosivo que ha tenido hasta ahora. La duda de fondo: ¿es sostenible la burbuja de gasto en inteligencia artificial que ha disparado sus ventas y su valoración?
Los analistas esperan que los ingresos del segundo trimestre casi se dupliquen respecto al año anterior, hasta unos 92.180 millones de dólares, según datos de LSEG. Sería el ritmo de crecimiento más rápido en siete trimestres, impulsado por un aumento de más del doble en las ventas de centros de datos. Pero los inversores ya miran más allá: quieren saber a qué velocidad Nvidia puede pasar a sus clientes de los chips Blackwell a los nuevos Vera Rubin, cuyos envíos empezarán este otoño.
El problema es que Nvidia se ha convertido en algo más que un fabricante de chips. Este mes ayudó a organizar 500.000 millones de dólares en financiación de seis grandes entidades financieras estadounidenses para que sus clientes construyan infraestructura de IA. Y la semana pasada acordó garantizar hasta 105.000 millones de dólares para que OpenAI alquile un enorme centro de datos en Ohio durante 20 años. Son movimientos que algunos ven como 'financiación circular': Nvidia presta dinero a sus propios clientes para que le compren más chips, lo que podría inflar artificialmente la demanda y distorsionar las señales económicas.
El consejero delegado, Jensen Huang, defiende que es lógico usar el balance de la compañía para apoyar el boom: Nvidia tiene mucha liquidez y puede ayudar a clientes que crecen rápido pero aún pierden dinero. Dice que la garantía de Ohio no es financiación circular porque OpenAI pagará el alquiler, y que Nvidia solo está ayudando a asegurar los centros de datos, el suministro eléctrico y las instalaciones que albergarán sus chips durante décadas. Pero los inversores no están tan tranquilos, y algunos señalan que el riesgo es una exposición total a la IA sin diversificación.
Además, la competencia aprieta. Nvidia se enfrenta a los chips personalizados de las grandes tecnológicas y a los procesadores de Intel y AMD en el campo de la inferencia, el proceso por el que la IA automatiza tareas y responde a preguntas. Morgan Stanley estima que los chips Rubin podrían aportar casi 9.000 millones de dólares en ventas en el trimestre que termina en octubre, pero advierte que hará falta tiempo para ver si Nvidia puede ganar cuota de mercado a AMD y a los chips a medida. Los analistas esperan que Nvidia pronostique un aumento del 82,8% en las ventas del tercer trimestre, hasta 104.200 millones de dólares, con un margen bruto ajustado en torno al 75%.
El análisis de Salseo
- El verdadero test no son los resultados del trimestre pasado, sino la guía: si Nvidia no convence con las previsiones de ventas del tercer trimestre (se espera un +82,8%), el mercado puede castigar la acción con dureza, porque el crecimiento ya está descontado.
- La financiación de 500.000 millones y la garantía de 105.000 millones a OpenAI convierten a Nvidia en una especie de 'banco central de la IA'. Eso reduce el riesgo de que los clientes no puedan pagar, pero añade un riesgo de balance: si la adopción de la IA se ralentiza, Nvidia cargaría con pérdidas multimillonarias.
- El ritmo de transición de Blackwell a Rubin es clave. Si los clientes retrasan sus compras esperando a Rubin, Nvidia podría sufrir un 'valle' de ingresos entre generaciones. Hay que vigilar los comentarios de la dirección sobre la demanda de Blackwell y los plazos de Rubin.
- La lectura contraria: el escepticismo sobre la financiación circular puede ser exagerado. Nvidia está usando su poder financiero para acelerar la construcción de infraestructura que, a la larga, aumentará la demanda de sus chips. Pero si los reguladores o los inversores lo ven como una distorsión, podría haber presión sobre la valoración.