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Nvidia vacía Groq: qué queda del rival que quiso plantar cara a sus chips

·NeutralImpacto medio
Nvidia vacía Groq: qué queda del rival que quiso plantar cara a sus chips

Nvidia pagó unos 20.000 millones por licenciar la arquitectura de chips de Groq y fichar a su cúpula, sin comprar la empresa. Lo que sobrevive es una nube de IA de 3.500 millones que ahora funciona, en buena parte, con hardware de Nvidia y con el Departamento de Justicia mirando de reojo.

El movimiento se cerró el pasado diciembre y fue uno de los mayores acuerdos de la historia de Nvidia: alrededor de 20.000 millones de dólares para licenciar la arquitectura de chips de Groq y llevarse a su cúpula directiva. No fue una compra completa, sino una fórmula poco habitual que dejó a la compañía tecnológicamente desmantelada pero viva como negocio independiente. El fundador de Groq, Jonathan Ross, es hoy arquitecto jefe de software de Nvidia, mientras la antigua startup sigue operando su nube de inteligencia artificial por su cuenta.

Lo que queda no es una cáscara vacía, pero se parece bastante menos a lo que era. Groq mantiene 13 centros de datos, planea cuadruplicar su capacidad el año que viene y asegura tener 6 millones de desarrolladores y miles de empresas usando su nube. Acaba de levantar 1.000 millones de dólares de capital fresco y en su última ronda se ha valorado en 3.500 millones, frente a los 6.900 millones que valía antes del acuerdo con Nvidia (aunque por el camino los accionistas recibieron pagos por la operación). La paradoja es que la empresa que se presentaba como alternativa más rápida a los chips de Nvidia ahora depende cada vez más de sistemas de Nvidia para funcionar.

La letra pequeña del traspaso también dejó huella. Según antiguos empleados, la operación se cocinó en solo ocho días y la dirección llevó las conversaciones con mucho hermetismo, lo que provocó una carrera contrarreloj cuando buena parte de la plantilla pasó a ser de Nvidia de la noche a la mañana. Se marcharon casi todos los equipos de ingeniería de hardware y software, incluida la mayoría del equipo que construyó GroqCloud; se quedaron las áreas de operación de centros de datos, legal, recursos humanos y finanzas, suficientes para mantener la estructura en pie. En medio de ese terremoto, la compañía pasó por dos consejeros delegados: Simon Edwards, hasta entonces director financiero, asumió el mando de forma interina, y en marzo llegó Adam Winter, ya con un nuevo plan centrado en la nube.

Los clientes notaron el temblor. Antes del acuerdo, Groq era conocida por un soporte muy pegado al cliente, y tras la operación parte de esa atención se fue con las personas que se marcharon. Paul Richards, cofundador y consejero delegado de la startup de IA Recall, cuenta que la incertidumbre le llevó a depender menos de Groq y a trabajar con otros proveedores, aunque todavía alrededor de una cuarta parte de su trabajo de inferencia sigue corriendo en sus servidores: «Todos con los que hablaba allí se habían ido de la empresa, así que eso era alarmante», resume. También menciona que desaparecieron muchos de los modelos que usaba y que no llegaban los nuevos que pedía. Lawrence Liu, cofundador de Willow, vio cómo se iba personal de soporte clave y tuvo que pasar por un periodo de reajuste con los reemplazos, aunque el servicio siguió siendo fiable. Andre Dean Smith, consejero delegado de ScreenApp, sostiene que Groq se quedó atrás en algunas actualizaciones de modelos y nunca entregó una función prometida, lo que le empujó a mover trabajo a otros sitios, si bien después ha vuelto a ampliar su uso de la plataforma.

Al margen del negocio, el acuerdo ha entrado en el radar de los reguladores. Según publicó The New York Times, el Departamento de Justicia investiga si esta estructura tan atípica se diseñó precisamente para esquivar la revisión antimonopolio. Nvidia ha defendido que fue «el sistema estadounidense funcionando como está pensado» y que Groq «sigue siendo un negocio separado e independiente». La operación reforzó a Nvidia en la llamada inferencia, el mercado de ejecutar modelos de IA una vez entrenados, donde sus rivales han ganado más terreno que en el entrenamiento. En Groq, mientras, se agarran a la demanda bruta de capacidad de cómputo: «Creemos que la necesidad de inferencia es enorme; es como el negocio de la restauración, la gente simplemente necesita comer», resume una fuente cercana a la compañía.

El análisis de Salseo

  • Nvidia no compró Groq, compró su cabeza y la licencia de su tecnología. Esa fórmula le permite quedarse con lo valioso (talento y arquitectura) sin asumir la estructura de una empresa con centros de datos y sin pasar por el trámite formal de una fusión. Por eso el Departamento de Justicia quiere saber si el diseño fue casualidad o estrategia, y por eso este tipo de 'acuerdo híbrido' puede convertirse en el manual que copien otras tecnológicas: si sale gratis, se repetirá.
  • Groq se ha quedado con la parte cara y con la parte menos diferencial. Mantener 13 centros de datos y cuadruplicar capacidad exige muchísimo dinero, pero el motivo por el que un cliente la elegía (sus chips propios) ya no está. Cuando el servicio se convierte en algo intercambiable, lo que decide es el precio y la disponibilidad, no la marca: es la peor posición posible para una empresa pequeña frente a los grandes proveedores de nube.
  • La fuga de clientes es la señal más honesta de lo que ha pasado. Recall, Willow y ScreenApp son empresas pequeñas, pero cuentan lo mismo: se fueron las personas de soporte, desaparecieron modelos y llegaron menos novedades. En un negocio donde cambiar de proveedor es relativamente fácil, cada cliente que diversifica deja de ser recuperable al 100%. Que ScreenApp haya vuelto a ampliar su uso indica que el suelo no se hunde, pero también que Groq ya compite por precio y disponibilidad, no por tecnología.
  • Lo que hay que vigilar es doble. Primero, la resolución de la investigación del Departamento de Justicia y si Nvidia repite esta estructura en próximas operaciones: marcaría hasta dónde puede apretar el sector sin freno regulatorio. Segundo, la ampliación de capacidad de Groq el año que viene: si la hace con sistemas de Nvidia, ese competidor reconvertido se convierte en un cliente más que suma a la demanda del fabricante de chips.

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