OpenAI, Anthropic y DeepMind se alían para poner reglas a la seguridad de la IA

Los tres grandes laboratorios de inteligencia artificial unen fuerzas en seguridad mientras en Washington se acumulan planes de ley que, con casi total probabilidad, no verán la luz este año.
OpenAI ha decidido tender la mano a sus grandes rivales: Anthropic y Google DeepMind, la división de inteligencia artificial de Alphabet (GOOGL). Las tres compañías van a coordinar esfuerzos para responder a la creciente preocupación del público por los riesgos económicos y de seguridad que traen los llamados modelos de IA "frontera", los más potentes y menos controlados. Chris Lehane, responsable global de política de OpenAI, ha explicado que las conversaciones con Anthropic y con Google DeepMind llevan varias semanas en marcha.
Lehane sostiene que las empresas no necesitan ningún permiso especial de comercio para ponerse de acuerdo en reglas básicas de seguridad. Para explicarlo, tira de un símil que se entiende bien: las aerolíneas compiten entre sí, pero colaboran habitualmente en todo lo relacionado con la seguridad de los pasajeros. El temor en el sector se disparó después de que Dario Amodei, máximo responsable de Anthropic, pidiera frenar el desarrollo de modelos avanzados para que los equipos pudieran estudiar los peligros potenciales. Su aviso recibió el respaldo de Sam Altman, jefe de OpenAI, y de Elon Musk, consejero delegado de SpaceX (SPCX).
En paralelo, OpenAI ha aprovechado sus reuniones con legisladores en Washington para mostrar su apoyo a varios planes bipartidistas que buscan atajar los riesgos graves de la IA. La compañía ve con buenos ojos la propuesta nacional impulsada por el representante Jay Obernolte y la representante Lori Trahan, y también está abierta al plan del Senado liderado por John Thune, Ted Cruz y Amy Klobuchar sobre los nuevos riesgos tecnológicos. Además, los senadores Jim Banks y Adam Schiff han propuesto una ley específica para que las empresas de IA puedan intercambiar señales de alarma —por ejemplo, pérdida de control sobre un modelo o ciberataques— sin saltarse las normas de competencia. Ese escudo legal es clave: hoy compartir ese tipo de información entre rivales puede acarrear problemas legales.
El problema es el reloj. A los legisladores se les está agotando el tiempo antes de que la Cámara deje Washington para las elecciones de otoño, y con el presidente Donald Trump criticando abiertamente cualquier límite nuevo a la IA —llegó a calificar de "fraude" los intentos de retrasar su desarrollo—, no se espera que el Congreso apruebe este año ninguna ley de seguridad en inteligencia artificial. El terreno queda así para las normas estatales y para lo que decidan otras regiones, lo que complica la vida a las compañías que operan en muchos mercados a la vez.
En bolsa, el debate no parece haber enfriado el apetito por los grandes valores de IA. Alphabet (GOOGL) cotiza cerca de los 343,54 dólares, con una capitalización de unos 4,12 billones de dólares y una recomendación media de compra fuerte entre los analistas, que sitúan su precio objetivo en 425,88 dólares. Meta (META), otro de los actores relevantes de este pulso por la regulación, ronda los 667,65 dólares, también con compra fuerte y un objetivo de 758,03 dólares, según datos recogidos por TipRanks.
El análisis de Salseo
- Lo primero que hay que leer aquí es una jugada de política, no de tecnología: que tres rivales directos se sienten a pactar reglas de seguridad es la mejor forma de quitar argumentos a quien pide leyes más duras. Al establecer sus propios estándares básicos, los laboratorios intentan que el regulador llegue tarde y con el guion ya escrito por ellos.
- La propuesta de los senadores Banks y Schiff es la pieza más jugosa y la que menos se destaca: permitiría a las empresas avisarse entre sí de catástrofes sin incurrir en prácticas anticompetitivas. Sin ese blindaje legal, compartir que un modelo se te ha ido de las manos puede interpretarse como pacto entre competidores, así que el aviso se queda en el cajón. Es la diferencia entre una promesa bonita y un mecanismo real.
- El calendario legislativo juega a favor de las tecnológicas: con el Congreso de salida por las elecciones de otoño y el presidente Trump calificando de fraude los intentos de frenar la IA, este año no habrá ley federal. El coste oculto es la fragmentación: si cada estado y cada región legislan por su cuenta, cumplir en 20 marcos distintos encarece el desarrollo y favorece a los que ya tienen músculo legal.
- Señal concreta a vigilar: el mercado, de momento, no descuenta golpe regulatorio —Alphabet y Meta mantienen recomendaciones de compra fuerte y objetivos muy por encima de su cotización—. Si tras las elecciones alguno de los planes bipartidistas vuelve a moverse, o si un estado grande aprueba una norma dura, ahí sí habrá que revisar la tesis, porque tocaría márgenes y calendario de lanzamientos.