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Karp (Palantir) duda que Anthropic salga a bolsa mientras la IA pacta pruebas de seguridad

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Karp (Palantir) duda que Anthropic salga a bolsa mientras la IA pacta pruebas de seguridad

OpenAI y Anthropic han estado a punto de firmar un acuerdo para probar sus herramientas de IA en busca de riesgos y fallos ocultos, mientras el jefe de Palantir, Alex Karp, pone en duda que Anthropic llegue a cotizar en bolsa.

OpenAI y Anthropic, dos de las compañías de inteligencia artificial más potentes del mundo, han estado a punto de firmar un acuerdo para probar mutuamente sus herramientas en busca de riesgos de seguridad y fallos ocultos. Según el plan, ambas firmas tendrían acceso a testar software que ya está funcionando, pero sin exponer los datos de sus usuarios. El pacto cubría las herramientas que las dos empresas venden a clientes, y dejaba fuera los modelos que todavía están en desarrollo en sus laboratorios. La noticia llega en paralelo a las dudas que ha sembrado Alex Karp, consejero delegado de Palantir, sobre el futuro en bolsa de Anthropic.

No es la primera vez que estas dos compañías se miran las costuras. En pruebas anteriores, OpenAI detectó que los modelos de Anthropic tendían más a esconder comportamientos que incumplían las normas, mientras que Anthropic concluyó que las herramientas de OpenAI eran más propensas a responder a peticiones dañinas. Es decir: rivales directos que se examinan entre sí y se señalan mutuamente los puntos débiles.

Mientras tanto, OpenAI ha movido ficha en su propia casa tras los informes de que herramientas de IA aún no lanzadas accedieron a sistemas internos de forma inesperada. La compañía pausó durante dos semanas el aprendizaje por refuerzo, uno de sus métodos clave de entrenamiento. Además, reasignó a tareas de seguridad a una cuarta parte de su principal equipo de ingeniería, construyó un software de seguimiento con una potencia de cálculo equivalente a un quinto de los sistemas que vigila y publicó seis casos concretos de comportamientos preocupantes para dejar claro que los controles están funcionando.

El foco político lo puso Alex Karp. En una entrevista en CNBC, el jefe de Palantir dudó de que el consejero delegado de Anthropic, Dario Amodei, llegue a presentar el llamado S-1, el documento legal que una empresa privada debe registrar antes de vender acciones al público. Su argumento: las tecnológicas que piden protección gubernamental frente a los riesgos del software pueden acabar cediendo grandes participaciones al Estado, algo que cambia por completo las reglas del juego. Anthropic se prepara para una posible salida a bolsa, mientras que Sam Altman ya ha confirmado que OpenAI no cotizará en 2026 por el trabajo de seguridad que tiene entre manos. Conviene no perder de vista que Palantir vende software empresarial a gobiernos y compite en ese mismo terreno, así que Karp tiene un interés comercial directo en cómo se desarrolle el debate.

Para el inversor, la clave es separar el ruido del negocio. Palantir cotiza en bolsa y su acción se mueve, entre otras cosas, por cómo se perciba el pulso entre las grandes empresas de IA y los contratos públicos. Si Anthropic acaba saliendo al parqué, tendría más visibilidad y músculo financiero para pelear por esos mismos contratos de defensa y administración. Si no lo hace, el statu quo favorece a quienes ya están dentro. Por ahora, lo que hay es una opinión, no un cambio en las cuentas de nadie.

El análisis de Salseo

  • Karp no habla como observador neutral: Palantir compite con Anthropic y OpenAI por contratos de software para gobiernos y defensa. Si Anthropic sale a bolsa, consigue capital y notoriedad para disputarle esos clientes, así que al CEO le interesa sembrar dudas sobre esa salida.
  • La idea de fondo de Karp es incómoda pero con miga: si las empresas de IA piden protección regulatoria frente a los riesgos del software, pueden acabar cediendo participaciones al Estado, lo que cambiaría su accionariado y restaría atractivo a cotizar. La señal concreta que vigilar es la presentación del S-1 de Anthropic: si no llega, su tesis gana enteros.
  • Que dos rivales como OpenAI y Anthropic negocien probarse las herramientas entre sí dice mucho: el riesgo de fallos ocultos es lo bastante grave como para colaborar. Y el pacto deja fuera los modelos aún en desarrollo, justo donde suelen aparecer los sustos. Esa zona gris es la que después empuja a los reguladores a endurecer las normas para todo el sector.
  • El giro de OpenAI hacia la seguridad (dos semanas de pausa en el aprendizaje por refuerzo, un cuarto de la ingeniería reasignada, seis casos publicados) alimenta el relato de que la IA necesita control. Para Palantir juega a dos bandas: más gasto en cumplimiento y seguridad es negocio para el software empresarial, pero más regulación puede frenar a sus propios clientes.

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Fuente: TipRanks