Powerus cierra un pedido antidrón de 82 millones de dólares en EE. UU.

Powerus (Nasdaq: PUSA) suma su segundo pedido bajo un contrato marco con el Gobierno de Estados Unidos: 82 millones de dólares en sistemas antidrón que se entregarán a lo largo de los próximos trimestres.
Powerus Corporation (Nasdaq: PUSA), compañía estadounidense de tecnología defensa centrada en sistemas autónomos y no tripulados, ha anunciado la recepción de un pedido de 82 millones de dólares en sistemas antidrón (counter-unmanned aerial systems, es decir, equipos para detectar y neutralizar drones). Se trata del segundo pedido que se coloca bajo un contrato ya existente con el Gobierno de Estados Unidos del tipo IDIQ, un formato que fija un techo de gasto y deja que el cliente vaya encargando entregas concretas según le vayan haciendo falta. Las entregas de este pedido se repartirán a lo largo de los próximos trimestres.
El pedido no incluye solo el hardware: el contrato contempla también equipamiento de apoyo auxiliar, formación para los operadores y personal de servicio técnico desplazado sobre el terreno. Todo el material cubierto por el encargo se fabrica en Estados Unidos con componentes que cumplen la normativa NDAA, la ley estadounidense de autorización de defensa que restringe el uso de tecnología de determinados proveedores, principalmente chinos. "No hay sustituto para la fabricación estadounidense a la hora de defender a los estadounidenses", ha señalado Charlie Keebaugh, vicepresidente ejecutivo de Ventas de Powerus, que añadió: "He servido junto a los hombres y mujeres que usan este equipo. Ahora lo construimos para ellos". En la misma línea, el cofundador y presidente Brett Velicovich ha resumido la estrategia de la empresa: "Este es el trabajo. Construirlo aquí, construirlo bien y entregarlo a tiempo".
La noticia llega en un momento de cambio de piel para la compañía, con sede en Rock Hill (Carolina del Sur). Powerus cotiza en el Nasdaq bajo el ticker PUSA y anteriormente se llamaba Aureus Greenway Holdings. El pasado 1 de octubre de 2026 completó la fusión que ya había anunciado y sus acciones siguen negociándose en el mismo mercado con el mismo símbolo. Su actividad se reparte entre plataformas de gran capacidad de carga, sistemas aéreos y marítimos autónomos, sistemas de misión, formación y apoyo, y fabricación en suelo estadounidense. Además, la empresa mantiene y gestiona dos campos de golf en la zona de Orlando (Florida), un negocio heredado que poco tiene que ver con la defensa.
La clave para entender el alcance real del anuncio está en la naturaleza del contrato IDIQ: no es un cheque en blanco, sino un marco en el que el cliente va decidiendo cuándo y cuánto pide hasta un límite máximo establecido. Que este sea el segundo pedido bajo el mismo paraguas indica que el programa avanza, pero no garantiza que lleguen más. La propia compañía advierte en su nota de riesgos habituales: el Gobierno puede reducir, suspender, modificar o cancelar los encargos, y los presupuestos federales, las prórrogas presupuestarias o incluso un cierre de la Administración pueden retrasar la financiación. A eso se suman los riesgos de producción, los plazos de inspección y aceptación, la disponibilidad de componentes que cumplan la normativa y la competencia en un mercado antidrón cada vez más poblado.
El análisis de Salseo
- Un pedido dentro de un contrato IDIQ no es una garantía de ingresos: el cliente decide cuándo y cuánto pide contra un techo previamente fijado. Lo relevante aquí es que ya van dos encargos bajo el mismo paraguas, señal de que el programa está vivo; la prueba de verdad será ver si llega un tercero y si ese techo se amplía.
- El detalle de que los equipos se fabriquen en EE. UU. con componentes que cumplen la NDAA no es marketing: la normativa estadounidense está empujando a las administraciones a dejar de comprar tecnología de proveedores chinos, como ocurre con los drones DJI. Eso crea un mercado cautivo para fabricantes locales, que compiten menos por precio y más por cumplir la norma.
- La empresa acaba de estrenar identidad tras completar su fusión el 1 de octubre y seguir cotizando como PUSA. Que un pedido de este tamaño llegue apenas unos días después hace que el mercado lo tome como la primera vara de medir del negocio de defensa; conviene vigilar cómo desglosa sus ingresos, porque en el mismo grupo mantiene dos campos de golf en Orlando que nada tienen que ver con los drones.
- Cobrar los 82 millones no es automático: las entregas se reparten durante varios trimestres y dependen de que la cadena de suministro de componentes 'made in USA' aguante y de que no haya retrasos de producción o inspección. Añadamos que el negocio antidrón es cada vez más concurrido, con grandes contratistas y varias startups peleando por el mismo presupuesto.