Qué pasa cuando le dices a Jensen Huang que dejas Nvidia

Dos exempleados de Nvidia cuentan cómo el CEO les dio consejos (y alguna crítica sin filtros) al marcharse para fundar sus propias startups. Una de ellas acabó con inversión de la propia Nvidia.
Dejar Nvidia no es una conversación cualquiera. David Hoeller y Nikita Rudin llevaban años trabajando en robótica en el gigante de los chips, empujando los límites de la simulación y ayudando a montar una demo en la que el consejero delegado, Jensen Huang, subía a un escenario rodeado de humanoides. Los dos querían más libertad para llevar esa tecnología al mundo real y en 2024 se marcharon para fundar Flexion Robotics, una 'startup' centrada en la inteligencia de los robots. Mientras preparaban la salida, se conectaron de madrugada (desde una conferencia en Múnich) a una llamada con su jefe.
Huang no intentó convencerles de que se quedaran, pero sí tenía una objeción: el nombre que habían elegido para la empresa, Checkpoint. «Nos dijo que el nombre era malo y que teníamos que cambiarlo», recuerda Rudin, que añade que otros les habían comentado algo parecido, que sonaba a otro sector. «No quiero darle todo el mérito, pero probablemente lo cambiamos por su comentario». El CEO también les avisó de que el camino sería duro: «Su mensaje era que no nos damos cuenta de lo duro que va a ser el viaje», cuenta Rudin. La relación con Nvidia no terminó ahí: la compañía acabó invirtiendo en Flexion, con sede en Zúrich, que ahora se expande a Estados Unidos, ha abierto recientemente una oficina en San Francisco y ha fichado a investigadores de empresas como Meta. En total ha levantado más de 57 millones de dólares.
El caso de Bing Xu fue distinto, más personal. Xu entró en Nvidia después de que la empresa comprara su primera 'startup' en 2024 y se marchó a comienzos de este año, renunciando según él a una suma de acciones de Nvidia que podría haberle cambiado la vida, para montar INT21, una compañía que usa inteligencia artificial para mejorar el software de los chips. Cuando contó sus planes, Huang pasó dos horas con él y con otros directivos de Nvidia hablando de su proyecto e intentando que se quedara. También le hizo una crítica directa: le dijo que su mayor debilidad era la comunicación y que eso podría limitar lo que llegara a conseguir, porque tendía a dar por hecho que los demás tenían sus mismos conocimientos técnicos y sus explicaciones resultaban difíciles de seguir. Le sugirió que quedarse en Nvidia era mejor camino. «Es el comentario más honesto que he recibido sobre mí mismo en los últimos 10 años», asegura Xu, que ahora trabaja con una agencia de comunicación. La conversación no fue solo exigencia: Huang también le animó a tomarse un tiempo de descanso porque arrastraba problemas de salud, entre ellos tensión alta.
Detrás de estas anécdotas hay una forma de dirigir muy reconocible. Huang es conocido por saltarse capas de gestión y opinar personalmente sobre casi todo, desde el rendimiento de un empleado hasta la queja de un cliente, y ese estilo directo se cuela también en las despedidas. Nvidia no quiso hacer comentarios para este artículo. Lo llamativo es el patrón: la empresa pierde talento formado durante años, pero buena parte de ese talento monta compañías con las que luego mantiene lazos, incluida la vía de la inversión. Para el inversor, la historia no trae cifras de negocio, pero sí una foto útil de cómo funciona por dentro el ecosistema que rodea a Nvidia.
El análisis de Salseo
- Nvidia pierde empleados, pero no influencia: invirtió en Flexion Robotics, la 'startup' de dos ingenieros que se marcharon. Es decir, cuando alguien se va, la compañía puede quedarse como socio de su proyecto en lugar de verlo solo como fuga de talento. La señal a vigilar es si esas nuevas empresas acaban compitiendo en el mismo terreno (silicio o software de chips) en lugar de en campos complementarios como la robótica.
- El detalle más revelador no es el consejo, sino lo que cuesta irse: Bing Xu renunció a una cantidad potencialmente enorme en acciones de Nvidia para fundar su propia empresa. Con la acción donde está, el 'precio' de dejar la compañía es altísimo, lo que refuerza la retención a corto plazo, pero también recuerda que el talento muy bueno se marcha igual si valora más la independencia que el dinero.
- INT21, la empresa de Xu, se dedica a mejorar el software de los chips con IA. Ahí Nvidia tiene su foso más grande: el ecosistema de programación que ata a los desarrolladores a sus procesadores. Si ex-empleados crean herramientas que mejoren ese software, pueden reforzar el ecosistema; si lo hacen agnóstico (que funcione igual de bien con chips de la competencia), estarían erosionando justo la ventaja que sostiene sus márgenes.
- Matiz importante: esto es un perfil de cultura empresarial, no un dato financiero. No cambia previsiones ni resultados y no debería mover la tesis de inversión por sí solo. Su valor está en otra parte: muestra que Nvidia funciona como una plataforma de la que sale y a la que vuelve gente, lo que ayuda a entender por qué su ecosistema es tan difícil de replicar.