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El rally se enfría: sube el petróleo y SpaceX negocia comprar chips a Nvidia

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El rally se enfría: sube el petróleo y SpaceX negocia comprar chips a Nvidia

Los futuros de Wall Street bajan tras el récord del S&P 500, con el petróleo al alza por los ataques a buques en el Estrecho de Ormuz y con SpaceX negociando la compra de chips de Nvidia.

Los futuros de las bolsas estadounidenses apuntan a una apertura en ligero descenso, justo después de que el S&P 500 firmara un nuevo máximo histórico. El ambiente, que hace un día era de celebración, se ha girado hacia la prudencia por dos frentes distintos: el petróleo, que sube con fuerza, y una noticia empresarial que mezcla a dos nombres muy seguidos por el mercado, Nvidia y SpaceX.

El detonante del movimiento en el crudo son los informes sobre un aumento de los ataques iraníes contra buques en el Estrecho de Ormuz. Se trata de una de las rutas marítimas más sensibles del planeta, por la que sale buena parte del petróleo de la región del Golfo, así que cualquier tensión ahí se traduce casi de inmediato en subidas del precio del crudo. Para el inversor de a pie, la traducción es sencilla: si la energía se encarece de forma sostenida, se encarece también llenar el depósito, transportar mercancías y producir muchas cosas, lo que presiona la inflación y complica la vida a los bancos centrales a la hora de bajar los tipos de interés.

En paralelo, trasciende que SpaceX, la compañía aeroespacial de Elon Musk que no cotiza en bolsa, está negociando la compra de chips a Nvidia. Nvidia sí cotiza, y la noticia importa porque apunta a un comprador de procesadores de inteligencia artificial distinto de los habituales: hasta ahora el gran motor de su negocio han sido las grandes tecnológicas y los centros de datos, y cualquier cliente nuevo relevante de fuera de ese círculo refuerza la idea de que la demanda de este tipo de chips es más amplia y más duradera de lo que se pensaba. No se conocen detalles del volumen de la operación ni de para qué se usarían exactamente esos chips, así que conviene tratar la información como lo que es: unas conversaciones, no un pedido cerrado.

El contexto de fondo es que el mercado venía de máximos. Cuando las bolsas están tan arriba y todo el mundo da por hecho que las cosas van bien, cualquier susto —y un petróleo disparado por tensiones en Oriente Medio es un susto clásico— se nota más de lo normal. Eso no significa que el rally haya terminado: un día de futuros en rojo después de un récord puede ser simplemente recogida de beneficios, y parte de ese dinero que sale de las tecnológicas puede estar entrando en energéticas, que son las grandes beneficiadas cuando el crudo sube. La clave estará en si el episodio de Ormuz se queda en un sobresalto puntual o se convierte en un problema prolongado de suministro.

El análisis de Salseo

  • El petróleo es el verdadero protagonista: una subida sostenida del crudo actúa como un impuesto silencioso sobre el consumidor y sobre los márgenes de casi todas las empresas, y además enfría las expectativas de bajadas de tipos. La señal concreta a vigilar no es solo el precio del barril, sino si suben las primas de seguro de los buques que cruzan la zona, porque eso indicaría que el mercado espera tensión durante semanas y no un simple susto de un día.
  • El punto de Nvidia y SpaceX hay que leerlo como diversificación de la demanda. La gran duda que sobrevuela a Nvidia es si sus ingresos dependen demasiado de unos pocos clientes gigantes; cada comprador nuevo que llega de un sector distinto reduce ese riesgo. Aun así, son negociaciones y no un contrato, así que el catalizador real sería ver el pedido confirmado o reflejado en las cuentas de Nvidia, no el titular de hoy.
  • Ojo con la lectura contraria: que los futuros caigan tras un máximo histórico del S&P 500 no es una señal de tendencia bajista, es lo más normal del mundo después de una racha tan fuerte. Lo que de verdad se está moviendo es el reparto del dinero dentro del mercado, desde las tecnológicas hacia las energéticas, y eso para el inversor es una rotación, no una huida.
  • El riesgo de fondo es que el mercado cotiza en máximos y, por tanto, está muy poco preparado para malas noticias: con las valoraciones tan exigentes, cualquier choque externo se traduce en movimientos más bruscos de lo habitual. Ahí es donde encaja un foco de tensión geopolítica como Ormuz, capaz de tensar el precio del petróleo y, por arrastre, el ánimo de toda la bolsa.

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