Tres razones de peso para usar ETFs activos en el núcleo de tu cartera

Los ETFs de gestión activa ganan terreno como alternativa a los fondos pasivos en la parte central de la cartera, con comisiones a la baja y mayor flexibilidad para sortear la concentración en grandes tecnológicas.
Construir una cartera desde cero o renovar una que necesita un lavado de cara implica elegir bien los cimientos. Tradicionalmente, ese papel lo han jugado grandes fondos indexados de gestión pasiva, pero cada vez más inversores están mirando hacia los ETFs de gestión activa para ocupar ese espacio central.
El motivo principal es que las comisiones de estos productos están cayendo en picado. Un buen ejemplo son los nuevos T. Rowe Price Active Core U.S. Equity ETF (TACU) y T. Rowe Price Active Core International Equity ETF (TACN), que actualmente no cobran nada gracias a una exención temporal de comisiones. Incluso cuando esa exención expire en enero de 2027, sus costes serán de apenas 0,14% y 0,20% anual, respectivamente. Esto demuestra que la competencia está obligando a los gestores a apretarse el cinturón.
Otra ventaja clave es la flexibilidad. Los fondos que replican índices ponderados por capitalización pueden dejar a un inversor demasiado expuesto a unas pocas empresas. Piense en nombres como Nvidia (NVDA), Microsoft o Amazon, que han tenido un peso desproporcionado en las carteras durante años. Un ETF activo puede tener esas mismas compañías, pero también puede reducirlas rápidamente si empiezan a flojear o encontrar otras promesas al alza. TACU y TACN combinan análisis fundamental y cuantitativo para guiar sus inversiones, lo que les permite adaptarse más rápido cuando el viento cambia.
Además, los ETFs activos no vienen a sustituir por completo a los pasivos, sino a complementarlos. En un mercado alcista impulsado por la inteligencia artificial, los índices han funcionado bien, pero cuando las rentabilidades se estancan, la selección activa de acciones basada en investigación puede encontrar esas joyas que marcan la diferencia. Y como los ETFs permiten entrar y salir con facilidad, un inversor puede cambiar una pieza del núcleo por otra según lo necesite. Con costes tan bajos, productos como TACU y TACN se convierten en una opción a tener muy en cuenta para el centro de la cartera.
El análisis de Salseo
- La guerra de comisiones en los ETFs activos está eliminando la principal barrera que los separaba de los indexados: si el coste es casi el mismo, la promesa de una gestión más ágil y selectiva gana atractivo para el inversor particular.
- El riesgo de concentración en unas pocas tecnológicas es real. Un ETF activo puede ser un antídoto porque no está obligado a seguirlas si su precio se desboca o si surgen mejores oportunidades en otros sectores o regiones.
- La combinación de estrategias activas y pasivas en el núcleo de la cartera permite tener lo mejor de dos mundos: la inercia barata del índice cuando todo sube y la capacidad de esquivar balas o cazar gangas cuando el mercado se vuelve más selectivo.
- Ojo: que un ETF activo cobre ahora cero comisiones no significa que vaya a batir al índice. El éxito dependerá del acierto del gestor, y en periodos de mercado muy alcista, a veces la simplicidad del índice pasivo puede seguir ganando.