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Restaurantes y pubs del Reino Unido prohíben las gafas 'espía' de Meta por miedo a la privacidad

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Restaurantes y pubs del Reino Unido prohíben las gafas 'espía' de Meta por miedo a la privacidad

Locales icónicos de Londres y cadenas como Wetherspoons vetan las Ray-Ban Meta, que graban con un led apenas visible, mientras la compañía defiende sus medidas de seguridad.

Las modernas gafas inteligentes de Meta, promocionadas por la mismísima Kylie Jenner, han chocado de frente con la realidad de los pubs y restaurantes británicos. Lo que la tecnológica imaginó como el próximo gadget cotidiano —unas gafas de diseño con cámara integrada para no tener que sacar el móvil— se ha topado con un muro de desconfianza. Varios establecimientos emblemáticos del Reino Unido han decidido prohibir su uso para proteger la intimidad de clientes y empleados.

El célebre restaurador Jeremy King, dueño de locales como Simpsons in the Strand o Arlington, ha sido tajante: no quiere a nadie grabando con estos dispositivos en sus mesas. 'Nunca permitiría a sabiendas una invasión de la privacidad de mis invitados, salvo con los ojos con los que nacimos', declaró al diario The Guardian. La cadena de pubs Wetherspoons, conocida por sus precios ajustados, también se ha sumado a la prohibición. Su director ejecutivo, Tim Martin, explicó que el código no escrito de sus bares impide filmar a otros sin permiso y que estas gafas, que permiten una vigilancia encubierta, lo vulneran de lleno.

El veto se extiende incluso a los teatros. La empresa ATG, que gestiona salas como el Bristol Hippodrome o el Edinburgh Playhouse, ha confirmado que pedirá a los espectadores que se quiten las gafas durante las funciones. El temor no es infundado: aunque Meta insiste en que un pequeño led parpadea al grabar, ya se han denunciado varios casos de personas filmadas sin su consentimiento. Una mujer contó a la BBC cómo un hombre la grabó y luego le exigió dinero para borrar los vídeos de las redes sociales. Instagram, propiedad de Meta, ha empezado a retirar contenidos grabados con estas gafas cuando se usan para acosar.

Meta defiende su producto argumentando que la luz de grabación no se puede desactivar y que, si alguien la tapa, la cámara se bloquea. Además, destaca otras funciones útiles como la traducción en tiempo real o las llamadas manos libres. Sin embargo, la polémica ha empañado el éxito comercial: las ventas se han triplicado en el último año, con más de siete millones de unidades vendidas en todo el mundo. No todos los hosteleros las ven con malos ojos: el chef con estrella Michelin Tom Kerridge cree que la grabación ya forma parte de la vida diaria y que las gafas pueden usarse de forma creativa.

El debate está servido. Mientras la tecnología avanza hacia dispositivos cada vez más integrados en nuestro cuerpo, la sociedad empieza a poner límites. La decisión de estos locales británicos podría ser solo el principio de una tendencia más amplia si otros países y sectores siguen su ejemplo. De momento, si planeas cenar en un pub londinense o asistir a un musical en el West End, más te vale dejar las gafas inteligentes en casa.

El análisis de Salseo

  • La prohibición en locales de hostelería y ocio revela un problema de fondo: el diseño de las gafas prioriza la estética sobre la transparencia. El led de grabación es tan discreto que la gente no se siente segura, lo que puede frenar la adopción masiva si Meta no rediseña el aviso visual.
  • Para Meta, el riesgo reputacional es real. Si se asocia el producto con el espionaje o el acoso, las gafas podrían quedar estigmatizadas como las Google Glass, que fracasaron en parte por el rechazo social. La compañía necesita campañas de concienciación y, quizás, funciones de privacidad más visibles.
  • A corto plazo, la polémica no debería afectar significativamente los ingresos de Meta, ya que las gafas representan una fracción mínima de su negocio publicitario. Sin embargo, si la desconfianza se extiende a otros mercados clave, podría lastrar las ambiciones de la empresa en el hardware de consumo y la realidad aumentada.
  • La división de opiniones entre hosteleros (prohibición vs. aceptación) muestra que la batalla cultural está abierta. El inversor debe vigilar si surgen normativas gubernamentales o más vetos corporativos que obliguen a Meta a modificar el producto o su estrategia de marketing.

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Fuente: The Guardian