El jefe de Rheinmetall avisa: los misiles escasean y «llegan los robots»

Armin Papperger reconoce que los arsenales de misiles de Alemania siguen «preocupantemente bajos» y desvela los planes de Rheinmetall en misiles de crucero, robots humanoides y tecnología espacial.
El consejero delegado de Rheinmetall, Armin Papperger, ha vuelto a poner el dedo en la llaga del rearme europeo. En una entrevista con Euronews, concedida durante la ceremonia de puesta de quilla del tercer barco de servicio de flota del tipo 424 en Wolgast (junto al ministro de Defensa alemán, Boris Pistorius), el directivo ha asegurado que los arsenales de misiles de Alemania siguen estando «preocupantemente bajos», tal y como ya advirtió en marzo, y que la producción tiene que acelerarse «de forma drástica» para que Alemania, Europa y la OTAN recuperen niveles suficientes ante una amenaza real.
El problema, explica, no es solo de voluntad: «No se pueden fabricar misiles tan rápido». Los cuellos de botella más serios están en los motores de cohete y en las ojivas, eslabones donde la industria no da abasto. Por eso Rheinmetall, y también otros fabricantes, están lanzando programas de inversión masivos. La compañía ya ha demostrado que puede escalar: en calibre medio ha pasado de menos de un millón a cuatro millones de proyectiles; en artillería, de 70.000 a 1,5 millones; y en munición de carro de combate, de entre 40.000 y 60.000 unidades según el año a 240.000. Además, está más que duplicando su producción de camiones y vehículos logísticos y tácticos. Todo ello dentro de un programa de inversión de 30.000 millones de euros a seis años. El propio Papperger admite la paradoja: «El problema ahora mismo es que no tenemos pedidos para hacer todavía más».
Sobre el sistema antiaéreo Skyranger, el ejecutivo quita hierro a los retrasos: el contrato obliga a iniciar las entregas en serie en 2027 y se están produciendo «solo retrasos mínimos», mientras se actualizan el chasis, el radar y los misiles que hay que integrar. La capacidad se está ampliando «de forma masiva» y, desde finales del próximo año, la compañía podrá fabricar hasta 400 unidades al año. Preguntado por si no sería mejor apostar por sistemas más simples y baratos, como sugiere la guerra en Ucrania, Papperger defiende el enfoque contrario: el Skyranger puede derribar un misil que vuela a Mach 3, algo que ni un sistema interceptor ni un dispositivo sencillo logran, y los cañones del calibre .50 se quedan cortos frente a drones propulsados por reacción. «En dos años la amenaza será completamente distinta», resume.
El directivo también ha detallado dos alianzas clave para el llamado «ataque en profundidad»: una con la estadounidense Lockheed Martin para cohetes de artillería y otra con Destinus para misiles de crucero. Ambas están «en la fase absolutamente final antes de la firma» y espera recibir el primer pedido de misiles de crucero a finales de este año o principios del siguiente. A esto se suman las nuevas líneas de negocio que apuntan al futuro: robots humanoides y sistemas basados en el espacio, que dejan claro que Rheinmetall ya no quiere ser solo un fabricante de munición. En el plano laboral, la empresa emplea a unas 34.000 personas sin contar el negocio civil, crece a un ritmo de 10.000 netas al año y aspira a llegar a 70.000 en 2030, con una cadena de suministro de 210.000 personas detrás: cerca de 300.000 empleos vinculados.
«Los robots están llegando», resume el mensaje de Papperger, que dibuja un sector de defensa que se transforma tan rápido como crece. Pero también deja caer una advertencia nada menor: la capacidad industrial no vale de nada si no llegan los contratos que la llenen.
El análisis de Salseo
- El verdadero cuello de botella no está en las cadenas de montaje, sino en los componentes: motores de cohete y ojivas. Eso significa que quien controle esos eslabones tiene poder de negociación y margen, y explica por qué Rheinmetall invierte 30.000 millones en seis años en lugar de limitarse a contratar más turnos. Señal a vigilar: si la empresa compra o integra proveedores de estos componentes para no depender de terceros.
- La frase más reveladora de la entrevista es «no tenemos pedidos para hacer todavía más». Rheinmetall ha construido capacidad antes de tener contratos firmes, así que su tesis depende de que los presupuestos de Alemania y la OTAN se materialicen en pedidos. El catalizador concreto es doble: la firma de las 'joint ventures' con Lockheed Martin y Destinus y el primer pedido de misiles de crucero previsto entre finales de este año y principios del que viene. Si se retrasan, la capacidad instalada se convierte en coste fijo.
- La compañía está dejando de ser un fabricante de munición para convertirse en un integrador de sistemas: antiaéreos Skyranger, misiles de crucero, robots humanoides y tecnología espacial. Eso abre mercados con márgenes potencialmente mejores, pero también la expone a competir con gigantes tecnológicos y a asumir riesgo de ejecución en negocios que aún no facturan. El detalle que lo confirma: quiere pasar de 34.000 a 70.000 empleados en 2030, un crecimiento que solo tiene sentido si esas líneas nuevas arrancan de verdad.
- Ojo con la lectura contraria, que la propia entrevista deja entrever: Ucrania demuestra que los drones baratos y producidos en masa están cambiando la guerra, y ahí el negocio es volumen y precio, no sistemas de altísima gama. Papperger defiende que un misil a Mach 3 no se para con soluciones simples, y probablemente tenga razón en ciertos escenarios, pero si la tendencia se inclina hacia el dron desechable, los sistemas caros podrían ver recortados sus pedidos. Y el riesgo de fondo de todo el sector: una distensión política o un ajuste presupuestario frenaría en seco la demanda que hoy justifica las inversiones.