La IA de EE.UU. choca con un enemigo oculto: su dependencia de China en energía

La carrera de EE.UU. por construir centros de datos de IA revela una vulnerabilidad: China domina componentes clave como transformadores, baterías y tecnología óptica. Trump declara una emergencia nacional para frenar esa dependencia.
Estados Unidos está en plena carrera por levantar centros de datos gigantescos para la inteligencia artificial. Pero detrás de ese boom multimillonario hay un problema que empieza a salir a la luz: la dependencia de China en componentes clave para que esos centros funcionen. El presidente Donald Trump firmó la semana pasada una orden ejecutiva declarando una emergencia nacional por la 'amenaza extranjera extraordinaria' que suponen los equipos eléctricos producidos en el extranjero, y autorizó al Departamento de Energía a prohibir o condicionar ciertas transacciones con componentes usados en la red eléctrica y en los centros de datos.
La parte de un centro de datos que lo mantiene vivo es la 'pila de energía' (power stack): transformadores que bajan la alta tensión de la red a niveles que sirven para los servidores, interruptores (switchgear) con fusibles y disyuntores, baterías de respaldo y tecnología óptica para transmitir datos a toda velocidad. De hecho, como señala Laveena Iyer, analista senior de The Economist Group, la atención sobre la presencia china en la pila de energía de los centros de datos estadounidenses ha aumentado en los últimos ocho meses, un cambio respecto al foco anterior, que se centraba solo en la pila de cómputo. En todos estos terrenos, China tiene una presencia destacada. Según el analista Yury Dvorkin, de la Universidad Johns Hopkins, la cuota china en algunas categorías de transformadores e interruptores ronda el 30%, y supera el 40% de las importaciones estadounidenses de baterías. Además, el análisis apunta a una exposición más profunda en materias primas: cobre, acero eléctrico y materiales para cátodos de baterías.
La tecnología óptica es otro punto débil. Empresas chinas como Zhongji Innolight y Eoptolink lideran los ingresos globales en transceptores ópticos para centros de datos, y el conjunto de firmas chinas representa alrededor de dos tercios del suministro mundial de unidades, según la firma de investigación Counterpoint. Esto significa que, aunque EE.UU. domina el diseño de chips y el hardware más avanzado para IA, la infraestructura que les da energía sigue dependiendo de proveedores chinos.
Trump ya había puesto el tema sobre la mesa en abril, cuando emitió una Determinación Presidencial al amparo de la Ley de Producción de Defensa, declarando que transformadores, líneas de transmisión, conductores, subestaciones, interruptores de alta tensión y electrónica de control de potencia son 'esenciales para la defensa nacional'. En su declaración de la semana pasada, Trump justificó la emergencia: 'Desde mi primer mandato, la amenaza para Estados Unidos en cuanto al suministro extranjero de equipos eléctricos para el sistema de energía masiva se ha vuelto aún más aguda. El rápido crecimiento de la fabricación avanzada, los centros de datos, la inteligencia artificial y la producción de defensa ha aumentado la dependencia de la nación de electricidad abundante y fiable, y ha magnificado las consecuencias de un ataque o una interrupción del suministro'.
Mientras Washington se afana en reducir esa dependencia, la demanda sigue creciendo. S&P Global prevé que la capacidad de centros de datos en EE.UU. pase de 62 GW en marzo de 2026 a 152 GW en 2030, impulsada por las cargas de trabajo de IA de alta densidad. La Casa Blanca defiende su estrategia de 'reshoring': según un portavoz, las prioridades del presidente Trump son los recortes de impuestos, los aranceles y la desregulación, y asegura que 'billones de inversiones en sectores clave, desde el acero a los semiconductores y los automóviles, demuestran que la estrategia está dando resultados'. El problema es que, por ahora, la orden ejecutiva solo autoriza condiciones, no prohíbe nada concreto. La pregunta que queda en el aire es si Estados Unidos puede construir a toda velocidad los centros de datos que necesita la IA sin depender de los componentes chinos que los mantienen encendidos.
El análisis de Salseo
- La noticia desplaza el foco de la pila de cómputo (chips) a la pila de energía (transformadores, baterías). Eso significa que la próxima arma en la guerra de la IA puede ser el acceso a estos componentes, no solo los semiconductores.
- El riesgo no es solo el componente final: el análisis de Yury Dvorkin apunta a una exposición aguas arriba en cobre, acero eléctrico y materiales de cátodo. Es decir, incluso si EE.UU. logra producir sus propios transformadores, seguiría dependiendo de materias primas chinas.
- La orden ejecutiva autoriza al Departamento de Energía a prohibir o condicionar transacciones, pero aún no hay una prohibición concreta. El mercado debería vigilar qué condiciones se imponen y si llegan aranceles o licencias específicas para los proveedores.
- Para las 'hyperscalers', el riesgo es de costes y plazos: si se restringe la importación de estos componentes, los proyectos de centros de datos podrían encarecerse y retrasarse, justo en un momento en que la demanda de electricidad crece a toda velocidad.